0:00
0:00

Con la caída del Imperio Romano se desataron las fuerzas oscuras del caos y la anarquía. La “Pax Romana” se había derrumbado en pedazos y, mientras grandes son más ruido hacen al caer. A la civilización occidental le llegó una larga noche que habría de durar cerca de diez siglos, mil años, pero los peores fueron los primeros cinco que los historiadores identifican como la “Alta Edad Media”. Época de guerras permanentes, castillos defensivos con altas murallas y fosos, la servidumbre de la gleba y el sistema feudal, etc. Pero en el siglo X empezaron a tomar forma las primeras ciudades libres. Se consolidó una organización social al punto que pudieron erigir esas monumentales catedrales góticas que son objeto de admiración e incredulidad hoy en día (Notre Dame, York, Chartres, Toledo, Reims, Colonia, Westminster, Milán, Sevilla, entre muchas). ¿Cómo jocotes construyeron esas catedrales? Era la forma de agradecer a Dios por haber sobrevivido a lo más oscuro de la noche.

En las incipientes ciudades se formaron grupos de trabajo según su especialidad. El fin de esas asociaciones era doble, por un lado eran mutualistas (apoyo mutuo) y por otro eran monopolios en el sentido de asegurar para ese grupo, y sus descendientes, el ejercicio del respectivo oficio. Promovieron las leyes que prohibían que cualquier vecino realizara esas actividades si no estaba incorporado en un gremio. En lo interno los gremios tenían una rigidez jerárquica, desde aprendices, a compañeros, a oficiales y encumbraban como maestros.

Con los conquistadores llegaron los gremios a estas tierras. Los primeros se instalaron en Santiago de Goathemala –y seguidamente en otras ciudades—. Eran una especie de fraternidades y por lo mismo estaban integrados exclusivamente por españoles quienes, además, eran los únicos que dominaban los oficios. Muchas especialidades eran una novedad en la región como los trabajos de hierro, pólvora, vestimenta, cuero, pintura, etc. Sin embargo, se dieron a la tarea de transmitir sus habilidades a los indígenas porque muchas de esas actividades las consideraban de carácter menesteroso y servil. En otras palabras, que fueran otros quienes realicen esas faenas artesanales ya que los españoles habían venido a conquistar y dominar, como buenos caballeros tenían que hacerse con grandes extensiones de tierra –caballerías—y disponer a su servicio de muchos trabajadores semi-esclavizados. Sin embargo, dicho proceso de traslado de conocimientos tomó algunos años por la resistencia del sistema gremial. Cuando en 1549 (8 años después de la inundación del Valle de Almolonga y del traslado a La Antigua) el presidente Cerrato liberó a los aprendices del pago de tributo empezaron a ser aceptados en un taller y aprender de un oficio. Por su parte los frailes dominicos, mercedarios y franciscanos, fueron enseñando los nuevos quehaceres a los nativos, sobre todo en los pueblos.

Los ayudantes indígenas fueron aprendiendo alguno de los muchos oficios. Inicialmente las asociaciones se ocuparon de actividades básicas: tejedores, sastres, carpinteros, talabarteros y curtidores, albañiles, panaderos, molineros, herreros (para fabricación de armas, clavos, espuelas, herraduras); con el transcurso del tiempo fueron desarrollando otros: silleros, cuchilleros, espaderos, cereros, carreteros, polvoristas, y en fecha tan temprana como el año 1600 ya había confiteros, plateros, coheteros, relojeros, charcuteros, matarifes, escultores, pintores, bordadores, sombrereros, entre otros. Frailes dominicos, mercedarios y franciscanos fueron enseñando, igual que siglos antes en Europa, en especial aldeanos de sus conventos.

Se dice que los gremios terminaron con la Revolución Francesa. En un sentido es cierto, pero no en otro ya que, como aquel árbol viejo del que brotan verdes retoños, el espíritu de los gremios ha revivido tomando la forma de “colegios profesionales”. Sus dos principales proclamas, lo mutualista y el monopolio exclusivo del oficio, la despliegan los actuales colegios. Nadie, que no sea médico y cirujano inscrito en su Colegio puede ejercer la medicina (quedan como meros curanderos), y ninguna persona no inscrita en el Colegio de Abogados (CANG) puede ejercer el Derecho (güizaches, absténganse). Mucho es el celo en proteger el empleo. En otro escenario, seguimos usando los términos gremiales, especialmente el de aprendices y de compañeros. De igual forma, si vemos una construcción preguntamos por el maestro de obra.

Los colegios profesionales desempeñan una labor importante en la comunidad. Procuran el proceder ético de sus agremiados y defienden “su oficio”; de igual forma tienen su expresión mutualista, básicamente por medio de jubilaciones, así como seguros de vida y de salud. En el caso del CANG, el sistema le asigna funciones institucionales siendo que el andamiaje jurídico se ha encargado a juristas. Para empezar la elección de la comisión para calificación de candidatos al TSE. Luego la elección de uno de los cinco magistrados de la todopoderosa Corte de Constitucionalidad.

Luis Fernandez Molina

luisfer@ufm.edu

Estudios Arquitectura, Universidad de San Carlos. 1971 a 1973. Egresado Universidad Francisco Marroquín, como Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales (1979). Estudios de Maestría de Derecho Constitucional, Universidad Francisco Marroquín. Bufete Profesional Particular 1980 a la fecha. Magistrado Corte Suprema de Justicia 2004 a 2009, presidente de la Cámara de Amparos. Autor de Manual del Pequeño Contribuyente (1994), y Guía Legal del Empresario (2012) y, entre otros. Columnista del Diario La Hora, de 2001 a la fecha.

post author
Artículo anteriorProyectan crecimiento de la economía de Guatemala pero el reto es incrementar la inversión
Artículo siguientePor qué quiero ser magistrado de la Corte de Constitucionalidad