Para quienes vivimos en este lado del mundo – que Estados Unidos ha dado en llamar el “hemisferio occidental” – y precisamente debido a que las elites oligárquicas de estos países se creyeron el cuento que eran parte de la “civilización occidental” Samuel Huntington les dijo hace algún tiempo que “para nada”, que en todo caso éramos una civilización “desgarrada” entre oriente (los pueblos originarios llegaron del Asia) y occidente (por la invasión europea del siglo XVI). Y justamente debido al mestizaje de nuestros pueblos y culturas es que podemos revindicar ser parte de una civilización distinta, latinoamericana o amerindia, pero ciertamente ( y afortunadamente) no formamos parte de una civilización occidental que, como dice Emmanuel Todd, no solo se encuentra en decadencia, con Estados Unidos a la cabeza, sino que está colocando al mundo al borde de la tercera guerra mundial, precisamente porque sus países y elites políticas se niegan a reacomodarse en un mundo que ya no es el suyo, al que depredaron con su colonialismo y sus guerras durante los últimos dos siglos y aún no se resignan a la pérdida de su poder.
Y la derrota de la OTAN en la guerra contra Rusia usando a Ucrania como pretexto y carne de cañón es probablemente la mejor evidencia de esa amarga realidad que – sobre todo los europeos porque Trump ha estado haciendo denodados esfuerzos por salvar la cara fingiéndose interesado en negociar la paz – los “occidentales” se niegan a aceptar. Otra manifestación del declive de occidente es la desindustrialización o deslocalización de buena parte de sus industrias para aprovechar el menor costo de la mano de obra en los países del sur global y, por supuesto, la disminución demográfica de los “white anglo-saxon and protestant” o WASP en Estados Unidos, que ha traído como consecuencia el incremento de flujos migratorios hacia los países del norte global, necesitados de gente para ocuparse de los trabajos para los que no hay población económicamente activa o aquellos empleos que la población nativa rechaza. El incremento en el uso drogas como el fentanilo y las formas como el crimen organizado se ha articulado con el llamado “deep state” (las oligarquías que gobiernan en las sombras) tanto para el lavado del dinero de lo que es el mayor mercado de consumo de drogas del mundo (el escándalo Epstein es apenas un pequeño “botón de muestra” de lo que sucede tras bambalinas) constituyen también una expresión de la decadencia occidental pero, sin lugar a dudas, el belicismo de sus dirigentes políticos es tal vez la peor de las formas que tanto los antiguos imperios coloniales europeos como el imperio americano han escogido para distraer la atención de sus ciudadanos, al mismo tiempo que sus gobernantes se niegan a aceptar la realidad de un mundo que se reconfigura aceleradamente, avanzando hacia el reordenamiento de los centros de poder mundiales, es decir, hacia la multipolaridad.
Lo antes señalado es parte de los factores que explican la ovación recibida por Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich, esa misma en la cual el año pasado el vicepresidente J.D Vance amonestó a los europeos por no respetar la libertad de expresión de la extrema derecha y no gastar lo suficiente en “defensa” – comprando armamento norteamericano, por supuesto – y en la que Vladimir Putin ya les advirtió en el 2008 que de seguir expandiendo la OTAN hacia el Este estallaría la guerra. Pero veamos qué fue lo que les dijo Rubio para recibir tal aplauso – y esto a pesar de ser el Secretario de Estado de un presidente como Trump a quien esos mismos líderes políticos detestan – “somos parte de la civilización occidental” les dijo, y “..estamos atados entre nosotros por los lazos más profundos que comparten las naciones, forjados por siglos de historia compartida, la fe cristiana, la cultura, herencia, idioma, ancestros y los sacrificios que hicieron nuestros antepasados para la civilización común a la que nos tocó heredar” dando a entender que lo que hizo la colonización fue llevar esa “civilización” a los “salvajes” de las tierras del sur. Los aplausos confirmaron pues lo que Meers, Starmer, Meloni, Macron, Von der Leyen, Kallas et al realmente piensan.
Pero el discurso del jefe de una diplomacia que brilla por su ausencia – el bombardeo de Caracas y el secuestro del presidente Maduro así lo evidencian – tenía también otros propósitos muy en sintonía con los preparativos de un nuevo ataque contra Irán, pues el enorme despliegue de fuerzas aeronavales estadounidenses en la región del Golfo Pérsico solo puede significar que se prepara una nueva agresión contra el país persa. Teherán ha advertido con claridad que cualquier ataque será respondido en forma masiva contra Israel y las bases americanas en la región y que incluso se podría cerrar el estrecho de Ormuz, por donde transita el 25% del petróleo mundial. A lo anterior habría que agregar que siendo Irán un país euroasiático miembro de los BRICS muy probablemente tanto China como Rusia, que ya proporcionan ayuda militar a Irán , se verían obligados a intervenir de una forma u otra. Por consiguiente, habría que constatar que todas las piezas se encuentran ominosamente reunidas en el tablero para el estallido de la tercera guerra mundial.
Es claro que la impresionante movilización naval y aérea esta vez no tendrá el propósito de un cambio de régimen ya varias veces intentado y siempre fracasado. Esta vez se trata de fragmentar intentando destruir a Irán replicando lo que se hizo en Siria, Irak o Libia, por eso para los iraníes se trata cuestión existencial. Sin embargo, una nación con más de 90 millones de habitantes con millón y medio de kilómetros cuadrados de extensión territorial demandaría una invasión como la sufrida por Irak en el 2003, de modo que el Pentágono ya le habría advertido a Trump la guerra desde el aire no permitirá ningún triunfo rápido como el que se necesitaría antes de las elecciones de medio término. Según John Mearsheimer – en una entrevista reciente con Glenn Diesen – Trump, en su discurso sobre el estado de la Unión ante el Congreso, se refirió a Irán heciendo ver que lo que buscaban era el compromiso de sus gobernantes de no fabricar armas nucleares. Según el profesor de la Universidad de Chicago esto podría ser una señal de que se está considerando la posibilidad de suspender el ataque. Por cierto, un respiro así podría abrir una ventana de oportunidad a Teherán para continuar su programa nuclear el cual, paradójicamente – como ya fue señalado por Kenneth Waltz en su célebre artículo de Foreign Affairs de hace algunos años – podría ser el factor disuasivo por excelencia – dotarse de la bomba – para garantizar un equilibrio regional y evitar la guerra, algo en lo que, por cierto, coincidieron tanto Mearsheimer como Diesen.
Por supuesto, lo mejor sería, para todo el mundo – literalmente – darle viabilidad al ya vigente Tratado para la Prohibición de las Armas Nucleares, que fue impulsado por la campaña ICAN en la que participaron países como México y Noruega, promoviendo una negociación en la Conferencia de Desarme de Ginebra para que las 9 potencias poseedoras de armamento nuclear Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido, Francia, Israel, Corea del Norte, Pakistán y la India prescindan de ellas. Pero esto, obviamente, es imposible por ahora. Es un tema para cuando el sistema multipolar se encuentre debidamente consolidado y las grandes potencias hayan aceptado que el derecho internacional – no el equilibrio de poderes – debe ser la base de las relaciones internacionales algo que por cierto, fue explícitamente rechazado por Rubio en su discurso de Múnich mientras que Trump, ya lo sabemos, lo ha violado en reiteradas ocasiones, tanto con sus ejecuciones extrajudiciales en el mar Caribe como con los actos de piratería contra buques petroleros venezolanos o en su complicidad en el genocidio contra palestinos en Gaza.
Sin embargo, aún si tenemos una visión optimista del futuro de la humanidad en el largo plazo y mantenemos la confianza en la posibilidad del desarme nuclear (y con ello en la viabilidad del tratado de prohibición del armamento nuclear) convendría admitir que, si la disuasión nuclear funcionó durante la guerra fría para evitar una guerra “caliente” entre la URSS y EEUU, también ha sido útil para evitar una guerra entre India y Pakistán, al igual que en el caso del Medio Oriente, como dijo Waltz en su momento y ahora sugieren Mearsheimer y Diesen, esto podría ser un factor de estabilidad y equilibrio disminuyendo los riesgos de una tercera guerra mundial. Otra alternativa podría encontrarse en lo propuesto por el presidente colombiano Gustavo Petro, quien retomando propuestas de Irán y de China sobre un diálogo de civilizaciones como contrapartida al “choque de civilizaciones” de Huntington, ha dicho que esta podría ser la salida para superar la pasividad de los actores nacionales y la inacción de Naciones Unidas, paralizada por el derecho de veto de las grandes potencias. Es una magnifica idea pero, como siempre, la dificultad radica en los medios para ponerla en marcha. Esperemos entonces que la situación evolucione en la dirección de la paz y no de la guerra, porque, de lo contrario, podríamos encontrarnos verificando el pronóstico de Einstein cuando dijo de que, si hay una tercera guerra mundial, la cuarta sería peleada con palos y piedras, si es que todavía quedan sobrevivientes de nuestra especie.







