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Los hechos que ocurrieron durante la semana pasada muestran una faceta que los guatemaltecos buscamos terminar desde hace muchos años, pero se nos ha hecho difícil superar esta situación; sin embargo, en este caso la violencia responde a objetivos políticos, por lo que se distancia de la violencia común y criminal.

Aun, así, la violencia política es una expresión del temor de perder espacio político, así como que potencialmente los grupos contrarios a la impunidad y la corrupción van ganando terreno, con respecto a los antiguos grupos que pretenden que el país no cambie absolutamente nada y que se siga con la parranda de la corrupción.

De esta cuenta, un análisis que circuló en las redes firmado por Sergio Vega, era certero en indicar que los motines carcelarios, sumados al asesinato vil y cobarde de policías, se inscribían dentro de una cuestión más amplia que pretendía arrinconar al actual gobierno y con ello recuperar el espacio que el Pacto de Corruptos mira cada día, como pierden terreno.

El uso de la violencia para producir terror y miedo en la ciudadanía es un recurso de grupos que no tienen escrúpulos para hacer uso de la violencia para generar caos, pero que además no titubean en atacar a indefensos policías que únicamente cumplían su trabajo en esos días del fin de semana.

Estas muertes pesan mucho para nuestra sociedad, no son sujetos descartables, al contrario, eran seres humanos como todos nosotros que encontraron la muerte y no tuvieron la oportunidad de defenderse, pues los ataques fueron sorpresivos, con lo cual la capacidad de responder fue absolutamente negativa.

Guatemala es un país que por su historia ha mostrado una tendencia absurda al uso de la violencia indiscriminada. Antes el Estado y sus instituciones representaban la punta de lanza contra toda la oposición política, con lo cual la violencia política llegó a niveles demenciales con una cauda enorme de asesinatos y desaparecidos.

Este movimiento irregular que ocurrió el fin de semana fue al revés. Estos grupos que responden a intereses políticos primero se amotinaron en los centros carcelarios y luego al ver que no les funcionó atacaron con toda la impunidad a policías que se encontraban en sus centros respectivos.

La actitud del Gobierno, a pesar de los grupos de siempre que están prestos a pedir la renuncia del presidente, fue correcta, oportuna y contundente. El Ministro de Gobernación fue muy claro en su discurso, al igual que el Ministro de la Defensa, actitud que fue refrendada por el propio Presidente Bernardo Arévalo en su discurso que llevaba implícitos muchos códigos que al descifrarlos mostraban claramente el origen de estos hechos ilícitos.

La violencia política no nos lleva a nada, al contrario, provoca mayor tensión en la sociedad y no gana nadie, todos somos perdedores, es imprescindible abandonar estas actitudes que únicamente destruyen más nuestro tejido social y dejan a familias desarticuladas y niños en la orfandad como el caso de los policías asesinados. Mi más sentido pésame por estas familias de los miembros de la Policía Nacional Civil.

Juan José Narciso Chúa

juannarciso55@yahoo.com

Guatemalteco. Estudió en el Instituto Nacional Central para Varones, se graduó en la Escuela de Comercio. Obtuvo su licenciatura en la USAC, en la Facultad de Ciencias Económicas, luego obtuvo su Maestría en Administración Pública INAP-USAC y estudió Economía en la University of New Mexico, EEUU. Ha sido consultor para organismos internacionales como el PNUD, BID, Banco Mundial, IICA, The Nature Conservancy. Colaboró en la fundación de FLACSO Guatemala. Ha prestado servicio público como asesor en el Ministerio de Finanzas Públicas, Secretario Ejecutivo de CONAP, Ministro Consejero en la Embajada de Guatemala en México y Viceministro de Energía. Investigador en la DIGI-USAC, la PDH y el IDIES en la URL. Tiene publicaciones para FLACSO, la CIDH, IPNUSAC y CLACSO. Es columnista de opinión y escritor en la sección cultural del Diario La Hora desde 2010

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