Cuántos años han pasado, cuánta vida se nos ha otorgado, tal vez ver la vida a través de los hijos nos marca una perspectiva distinta, nos hace ver los cambios, nos permite observar cómo, poco a poco, los bebés se hacen niños, los niños adolescentes. los adolescentes en jóvenes y estos jóvenes hoy son adultos.
Si recuerdo con extremo realismo cuando Sofía me pedía leche y yo en un gesto haragán mientras veía un partido de básquet, le dije que no había, cuando escucho su vocecita me decía: «sí hay papi», mientras yo veía con terror, que me decía eso cargando un pichel de vidrio lleno de leche.
Recuerdo cuando a través de un espejo, Lucía me sacaba la lengua jugando conmigo, que implicaba una seña de complicidad, pero aún más de amor y yo correspondía igualmente.
No olvido a Juan José moviéndose hábilmente sentado sobre su camión azul, con una velocidad impresionante en curvas o rectas, incluso atropellando pollitos.
Cómo voy a olvidar a Jennifer, cuando sus lágrimas se vertieron al recibir los regalos de toda la familia en aquella Navidad.
Tengo una postal en mis retinas, cuando venían caminando mis cuatro hijos, empapados y llenos de lodo cuando volvíamos de aquél viaje cuando ascendimos el Volcán de Pacaya.
E igualmente puedo sentir la lluvia cuando en medio de una lluvia torrencial corríamos alegremente saliendo de uno de esos parques de Orlando.
Hoy, todavía, veo a Lucía cuando entraba al aeropuerto para su viaje hacia Suiza, su sonrisa era la muestra palpable de su inicio solitario por la vida.
Pero, como si hubiera sido ayer, la veo asustado, cuando se salió de la casa y corría a través de las calles, riéndose mientras yo la corría para alcanzarla.
Tampoco puedo olvidar, cuando desde el techo nos decía con su voz de niña traviesa «aquí estoy», mientras corríamos a bajarla.
Hoy, en tu cumpleaños Lucía Gabriela, te deseo una larga vida, que tú espíritu de lucha no desfallezca y tu actitud alegre, siga siendo luz para todos.