Guatemala es un país con una gran riqueza cultural y natural, rehén eterno de la negligencia de élites depredadoras que han mantenido privilegios históricos a costa de la vida de la ciudadanía, y de funcionarios permisivos que por acomodamiento o prebendas han dejado que lleguemos a extremos de degradación insuperable, mientras la elite política comparsa de las depredadoras ofrecen cambios que se aplican solamente a ellos, cambiando de estatus en cuanto llegan al poder, y se aferran al mismo cual garrapatas que no encuentran del otro lado de la calle opción alguna de hacerse de poder sin trabajar, en el buen sentido de la palabra trabajo.
De acuerdo con información publicada en PL, en publicación del 27 de febrero se contabilizaba un promedio de 7 muertos diarios en accidentes de tránsito, lo que significa que 7 familias sufren diariamente la pérdida de un ser querido sin que nadie haga nada para evitarlo porque los diputados se han acomodado y negociado.
De acuerdo con estudios realizados por CIDH los principales retos para la seguridad vial de la sociedad entre otros en el país, son: Una infraestructura deficiente, la corrupción y el incremento del parque vehicular, retos demasiado antiguos, y que se mantienen debido principalmente al alto grado de corrupción de los principales agentes relacionados al tráfico, de ahí que ningún gobierno, entiéndase este como legislativo y ejecutivo han tenido como objetivo entrar de lleno a llevar a cabo una transformación profunda del sistema de transporte en el país, como población nos encontramos cansados de las famosas “mesas de diálogo” que terminan en protección a los transportistas, mientras el ciudadano común se encuentra en total estado de indefensión, porque los grandes problemas se resuelven bajo la mesa, y así seguimos.
Las autoridades electas para servir a la sociedad se han servido de ella, negociando con representantes de los transportistas la entrada en vigencia del Sistema Limitador de Velocidad, que debió entrar en vigor el 2 de marzo, y previo pacto no lo hizo aun, ¿Resultado? La población pone los muertos, hay que aclarar que ningún seguro compensa la desaparición de un ser querido, menos como producto de la falta de cumplimiento de uno de los deberes del Estado como lo es el tan olvidado, pero bien común, que ha pasado a ser trapo de cocina debido a que con excepción de las normas tributarias, todas las demás se aplican parcialmente, ya que siempre hay quien procura eludir o quebrantar la norma promulgada con la aceptación tácita de quien la creó o la sancionó.
Cada cuatro años tenemos que aguantar a los personajes más variopintos que nos ofrecen el oro y el moro, eso sin debate alguno porque nos consideran menos que seres invisibles que actúan cual manada, prueba de ello es la forma en que el subconsciente traicionó a una candidata a presidente que dijo literalmente «la ignorancia es la riqueza cultural de nuestro pueblo», siendo para la mayor parte de la clase política en el país una verdad, que no se discute porque así se nos ve, como ignorantes que votan también como ignorantes.
Si nos vieran de otra forma, como seres humanos, no como instrumentos de poder, cada gobierno de los últimos treinta años, hubieran dejado alguna mejora, pero baste leer las estadísticas sobre violaciones, desnutrición, desempleo, pobreza extrema para comprender por qué siempre se negocia lo que no debería ser negociable como lo es la vida, la integridad, la libertad, y la dignidad de quienes contribuyen para sacar adelante a este país, entre los que nos encontramos desde la señora que vende tortillas hasta el dueño de una empresa que invierte en el país, todos merecemos se respete nuestra vida, sin embargo no es así, somos monedas de cambio, que podemos morir en cualquier instante por la irresponsabilidad de quienes se han lucrado durante años de muchas formas por medio de servicios ineficientes sin responsabilidad alguna.
Mientras se filtra la información que: “El camión de volteo accidentado en la Autopista Palín – Escuintla circulaba a 125 kilómetros por hora”. ¿Habría sucedido el “accidente” si hubiera estado vigente el Sistema Limitador de Velocidad? Lo más seguro es que no, y tampoco hubieran fallecido Marco Lorenzo Esturban Colindres, Faustino Ochoa Munguía, Rosa Elvira Gómez García, estarían con sus familias, y Henry Williams Dávila Apén se encontraría con sus niñas y su familia, pero no es así.
Y no es así porque un Estado inoperante acostumbrado a crear normas, para negociarlas después con los obligados, nuevamente ha fallado.







