El martes 11 de febrero del presente año, se realizó la entrega del Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025 al reconocido escritor Adolfo Méndez Vides, acto que se llevó a cabo en el Salón de las Banderas del Palacio Nacional de la Cultura. Dicho galardón es otorgado por el Ministerio de Cultura y Deportes en consideración: “A la calidad y aporte al desarrollo de la literatura guatemalteca, sin discriminación del o los géneros literarios en el que se desarrollen.” El premio consiste en: diploma, medalla de oro, reconocimiento económico y la publicación de una de sus obras en la Editorial Cultura.
Al recibir el premio el escritor Méndez Vides, dentro de su discurso expresó: “El momento es propicio para pensar en cómo es el llamado a la Literatura, porque no es una elección sino un camino que se abre solo y nos traga, o un destino hacia donde se nos mueve. Provengo de una familia de lectores, y escribir me llegó a mí por añadidura. O quizá como reivindicación, porque mi abuelo materno empeñó horas en la escritura con pluma fuente y nunca conocieron sus manuscritos el olor ni la letra de imprenta. Siendo niño fui testigo de la incineración de sus obras (por razones sin sustento) y apenas sobrevivió un original que me llegó recientemente, luego de 85 años de haber sido escrito.
Quizá a mí me tocó continuar su carrera, como en justa de relevos, o en realidad es verdad lo que me decían en casa, que soy la reencarnación del primo bohemio, el poeta promesa que sufrió una caída mortal del caballo en los tiempos de Ubico, malogrando su carrera en plena juventud. Pero de una u otra manera, resulté dedicado a escribir, actuando como testigo de mi tiempo, y creando otras dimensiones con palabras, para que los lectores se puedan mover en un más allá de la realidad y crear a su antojo, porque la lectura también implica inventar.
Recuerdo como inmensa la biblioteca de la casa de mi infancia, llena de secretos, de magia. Al oriente estaban los libros de gramática, sintaxis, latín, griego y lenguas modernas; al sur, las enciclopedias, libros de botánica e historia de Centroamérica; y al poniente lo mejor de la literatura mundial y lo que existía de la nacional, en la misma dirección que se oculta el sol. Recuerdo las colecciones completas, con lomos de cuero, las traducciones y los libros en cuatro idiomas, todo un universo por descubrir. Estaba repleto de opciones para suscitar el ‘asombro’. Porque el ‘asombro’ es la clave.
Cuando venimos al mundo, todo nos impresiona: descubrir la luna llena flotando, percibir el movimiento de las cosas, sufrir el miedo al lobo, gozar la sorpresa de la magia y el circo. Pero llega un momento cuando al apoyar el pie por delante, damos con el mismo suelo firme, hasta con los ojos cerrados, porque nos atrapa la rutina, y corremos el riesgo de plantearnos la idea del absurdo. Los libros son clave para mantener viva la llama innata del ‘asombro’, a lo que se añade el gozo del ‘entendimiento’, porque es así como descubrimos lo que estaba enfrente pero antes parecía invisible.
La emoción aumentó con la clase de Historia Sagrada del hermano Fermín, en el colegio La Merced, quien nos reveló el prodigio de las historias de Jonás y la ballena, David contra Goliat, el sacrificio de Isaac, el arca de Noé, Sansón y Dalila, Daniel en el foso de los leones, historias que me cautivaron, provocaron insomnio y despertaron el deseo de querer leer más… El Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias es el reconocimiento de la patria para quienes aceptamos el llamado de la Literatura. Agradezco a las autoridades la distinción, así como a las instituciones y personas que me propusieron para el mismo. Al cariño de mi ciudad natal, le siguió la demostración de la capital, que también es mi ciudad, y ahora es el país, la patria, lo que me conmueve e imagino derivará en nuevas oportunidades.
El desafío al escribir es contar historias para provocar ‘asombro’, suscitar el ‘entendimiento’, abrir otra dimensión en el universo, crear un mundo aparte donde el otro pueda navegar. No pretendo moralizar, sólo cuento historias, para que los lectores descubran nuevos resquicios en el universo y se sientan vivos, como al principio de sus días. Agradezco a mis maestros, a mis guías, a quienes me motivaron, y a mi familia por soportar mis fantasías, enfrascamiento y aislamiento, porque la escritura exige concentración y perderme muchas horas en el espacio. Pero si hoy, por tal esfuerzo extendido, se me concede este reconocimiento nacional, no me queda sino dar gracias y decir que lo que estoy emprendiendo sí vale la pena.”
Adolfo Méndez Vides nació en 1956 en la Ciudad de Antigua Guatemala. Es columnista, escritor, poeta, docente e investigador; ha obtenido entre otros merecidos reconocimientos: el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua y el Premio Mario Monteforte Toledo. Y ahora le ha sido otorgado el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025, un premio más que merecido a su vida dedicada a la literatura, arte que ha compartido junto a su familia, especialmente con su amada y sobresaliente esposa María Elena Schlesinger, quien lo ha comprendido a la perfección, pues también es reconocida escritora premiada, columnista y cronista por excelencia.







