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En Guatemala, la tradición de quemar cohetes y fuegos artificiales durante celebraciones religiosas, navideñas y de fin de año, se ha convertido en una práctica muy arraigada. Sin embargo, detrás de los juegos artificiales, con su luz fugaz, ilusión óptica y el estruendo ensordecedor, se esconde una realidad que afecta gravemente a la salud, la convivencia y el medio ambiente. Es necesario reflexionar sobre el efecto dañino que causan los cohetes y las luces, quemarlos tiene sus consecuencias. Crean contaminación auditiva, visual, causan miedo a personas con diferentes discapacidades y con enfermedades respiratorias. Destruyen la biodiversidad, por lo que la fauna se ve afectada, muriendo miles de aves y asustando a los animales domésticos y silvestres.

Por ejemplo, el ruido generado por los cohetes supera con facilidad los niveles recomendados de exposición sonora; esta contaminación auditiva puede provocar ansiedad, estrés y daños en la audición, el uso indiscriminado de cohetes tiene efectos especialmente dolorosos en personas con discapacidad, el ruido súbito y desorientador puede generar miedo y confusión, dificultando su movilidad segura, de igual manera a personas con síndrome de Down, la sensibilidad sensorial propia de esta condición hace que los estallidos sean percibidos con mayor intensidad, provocando crisis de ansiedad o angustia.

Celebrar no debería significar excluir ni poner en riesgo a quienes más necesitan un entorno seguro y empático; la fauna, tanto doméstica como silvestre merece respeto y protección, y con estas acciones se convierten en víctimas silenciosas; los perros y gatos, expuestos a los estruendos, pueden tener taquicardia, temblores, intentos de fuga y, en casos extremos, accidentes fatales; a las aves el ruido las altera provocando desorientación en su ruta, afectando su supervivencia, equilibrio ecológico y hasta la muerte. El júbilo de las fiestas no debe depender del ruido ni del peligro, celebrar con conciencia es un acto de amor hacia la comunidad y hacia la naturaleza.

No quemar cohetes en Guatemala no significa renunciar a la alegría, sino transformarla en una celebración inclusiva, responsable y respetuosa. Al dejar atrás esta práctica, damos un paso hacia un país más empático, donde cada persona y cada ser vivo pueda disfrutar de las fiestas sin miedo ni daño. La Dirección de Bienestar Animal de la Municipalidad de Guatemala, recomienda evitar el uso de cohetillos y juegos pirotécnicos porque: “Generan estrés en perros, gatos y aves, además de promover la tenencia responsable, la prevención del maltrato y la convivencia respetuosa con todos los seres vivos”, por lo que recomienda: evitar el uso de cohetes, y sustituirlos por formas de celebración más seguras y silenciosas, como luces decorativas o actividades comunitarias.

Guatemala debería tener una ley que regule o anule esta práctica tan peligrosa, en Colombia los senadores: Andrea Padilla Villarraga y Andrés Felipe Guerra Hoyos, propusieron el proyecto, que ya está aprobado, ley “Cielos en Calma”, el cual busca regular el uso de la pólvora y los cohetes para proteger a las personas vulnerables, la fauna y el medio ambiente; dentro de sus objetivos está impulsar tecnologías insonoras y de bajo impacto contaminante, como fuegos artificiales silenciosos y proteger a las personas vulnerables como niños, adultos mayores, personas con discapacidad sensorial o cognitiva, al medio ambiente, a la fauna doméstica y silvestre.

En Guatemala ya es un gran avance las recomendaciones de la Dirección de Bienestar Animal, de la Municipalidad de Guatemala, y de otras entidades que coinciden con la ley colombiana: “Que el regocijo de las fiestas puede expresarse sin estruendo, respetando la vida humana y animal”, pues la contaminación queda expuesta y permanece en la atmósfera, liberando metales pesados como plomo y cobre, además de otros gases tóxicos. Los fuegos artificiales, aunque tradicionales, dejan una huella invisible pero dañina en el aire, el suelo y los seres vivos. Optar por celebraciones sin cohetes, es una forma de proteger a la salud humana y a la biodiversidad.

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