El anhelo más grande del doctor Martin Luther King, siempre fue que todos los pueblos, culturas y nacionalidades convivieran en armonía y fraternidad, su extraordinario discurso “Yo tengo un sueño”, que pronunció el 28 de agosto de 1963 en las escaleras del Monumento a Lincoln, tuvo un fuerte impacto en el mundo, especialmente frente a todas las valientes personas que participaron en la “Marcha en Washington por el trabajo y la libertad”, para promover de manera pacífica los Derechos Civiles en los Estados Unidos, y que tuvo como resultado la aprobación de la “Ley Civil y Laboral histórica, que constituyó una pieza clave para prohibir la discriminación y segregación racial en los Estados Unidos de América.”
Dentro de este superlativo discurso Martin Luther King declaró: “Hoy les digo a ustedes amigos míos que, a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo, afirmamos que estas verdades son evidentes, que todos los hombres son creados iguales. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.”
Luego expresó: “¡Hoy tengo un sueño! Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano. Esta es nuestra esperanza, esta es la fe con la cual regreso al Sur, con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza, con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad, con esta fe podremos trabajar juntos, orar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.”
Y agregó: “Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios Omnipotente, ¡somos libres al fin!”
En este sentido se vienen a mi memoria los siguientes versículos del Libro de Eclesiastés que manifiestan: “Contemplé además las opresiones que se cometen bajo el sol: lloran las víctimas, y no tienen quien las conforte; los verdugos oprimen y las víctimas no hallan consolación.”
Asimismo, del Libro de Isaías: “Haré brotar ríos en los cerros pelados y vertientes en medio de los valles. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra seca en manantiales.” Y también, estos maravillosos versículos del Libro de San Mateo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
De igual manera recuerdo mi poema titulado “Esperanza” dedicado a Martin Luther King, que expresa:
“Donde encuentres una cruz
siembra un haz de rosas
mejor si son blancas como las nubes o bermejas
como la sangre de tus hermanos muertos.
Donde encuentres una cruz
ilumina el porvenir con la luz de los cocuyos
y sumerge en las raíces de los árboles
la soledad acribillada en hondos gemidos.
Donde encuentres una cruz
embalsama la mañana de luz y armonía
glorifica al pájaro silvestre
el sollozo de los ríos
el silencio de los mártires.
Donde encuentres una cruz
invoca la Esperanza
hermana del fulgor y del ensueño
sagrada ilusión del infinito.”
El superlativo reverendo Martin Luther King nació en Atlanta el 15 de enero de 1929, y fue brutalmente asesinado en Memphis, Tennessee el 4 de abril de 1968; trabajó exhaustivamente por los Derechos Civiles. Consagrado está Martin Luther King como un héroe extraordinario.