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De nuevo el planeta está inmerso en una nueva confrontación bélica de alta intensidad esta vez, focalizada en el Oriente Próximo por orden del genocida convicto Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y del supremacista ultra Donald Trump, presidente de los Estados Unidos (EE. UU.) respectivamente, iniciada el pasado 28 de febrero del presente, luego que aviones de las fuerzas aéreas de ambos países atacaron con bombas y misiles la ciudad de Teherán, capital de la República Islámica de Irán y otras importantes ciudades del país persa. 

El saldo de ese primer ataque, fue la eliminación del Ayatola Alí Jameneí, líder supremo de Irán quien murió junto a varios generales y oficiales militares, el ataque ocurrió en la mañana de ese día, cuando se encontraban reunidos en un edificio gubernamental. También se reportó la muerte de cientos de civiles residentes.

Como todas las guerras de este tipo, los costos materiales y económicos son altísimos y los menos deseables por ser absolutamente irreparables, es el costo social, la muerte de personas, pérdida masiva de vidas humanas civiles y militares, de todas las edades, clase social o escolaridad. Todos los habitantes de los territorios envueltos en estas confrontaciones son potencialmente sujetos de alto riesgo, desde luego que, este aumenta cuando se trata de individuos enrolados en las fuerzas armadas de países agresores y del agraviado. Por regla general, la muerte de civiles inocentes y de menores de edad, niñas y niños, es más alta que la de los militares combatientes.

Por ejemplo, respecto a esta guerra que comento, un primer reporte del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés), denuncia que más de 1,100 menores han muerto o están heridos desde que hace exactamente 14 días comenzó la guerra contra Irán que ahora afecta a 13 países donde hay 77 millones de niños que residen en zonas afectadas por esta escalada violenta, de estos, 46 millones necesitan de asistencia humanitaria. Solo en Irán, un misil lanzado por tropas estadounidenses impactó en una escuela de educación primaria de niñas que dejó el saldo de 175 personas fallecidas, la gran mayoría estudiantes.

Ninguna guerra por sí sola acarrea beneficios o victorias a vencedores o vencidos, es de suponer que los ganadores recurran al despojo de territorios, de recursos naturales y de espacios de poder ocupados por los vencidos. Esta guerra ha empezado a mostrar algunos efectos que tienen impacto global, tal el caso del abastecimiento de petróleo que debido al escalamiento del conflicto ha elevado el precio y se teme escasez. 

Además, la guerra contra Irán agrava la fractura evidente en la Unión Europea (UE), porque la apuesta de la presidencia imperial es implantar un nuevo orden mundial y ser el hegemón del mundo. Pero tales condiciones no son fáciles de lograr. La hegemonía de la geopolítica no se consigue con guerras porque debe prevalecer el respeto al derecho internacional, la resolución de controversias por medio del mecanismo del diálogo y el ejercicio del multilateralismo.

Con respecto al caso de Guatemala y las últimas decisiones de su política exterior, cabe destacar la escasa independencia y autodeterminación que denota la sumisión leal a las imposiciones de la presidencia imperial, eso queda demostrado con el alineamiento a la política imperialista respecto al conflicto Rusia-Ucrania, el genocidio de Israel contra la población palestina en Gaza  o la salida de las brigadas de médicos cubanos, que después de 28 años de servicios ininterrumpidos humanitarios y de solidaridad, siguiendo el libreto de la presidencia imperial, tomaron la ingrata decisión de expulsarlos. 

Después de tanta obediencia, los emisarios de la presidencia imperial le asestan una puñalada por la espalda al Gobierno guatemalteco, al intervenir descaradamente en los asuntos internos del país, tal como ocurrió en la reciente sesión del Congreso Nacional, convocada para elegir a dos representantes de ese organismo de Estado para integrar la Corte de Constitucionalidad (CC). El encargado de negocios de la embajada estadounidense, señor Barret, habló con diputados de la oposición para instruirlos a que votaran a favor de reelegir en el cargo al magistrado Molina Barreto, un personaje cuestionado, oscuro, con sanciones internacionales por sus vínculos con redes de corrupción e impunidad y por favorecer mediante fallos controversiales e ilegales, los intereses de grupos corporativos dañinos al interés nacional. Los diputados obedecieron las instrucciones, Molina Barreto fue reelegido. Esa actuación abusiva del funcionario estadounidense es no grata, motivo suficiente para su expulsión. El Gobierno debiera actuar en consecuencia. 

Factor Méndez

fmendez21@gmail.com

Defensor Derechos Humanos. Catedrático. Periodista/Escritor. Estudió Derecho, Derechos Humanos y Trabajo Social en Guatemala, Honduras y Costa Rica. Catedrático San Carlos y Rafael Landívar. Fundador Centro de Investigación, Estudios y Promoción de Derechos Humanos CIEPRODH. Autor de ensayos y artículos sobre temas sociales, políticos, memoria histórica y Derechos Humanos.

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