El 2025 fue un mal año para la humanidad, un pronóstico negativo para los derechos humanos y retroceso en materia de paz, desarrollo humano y fraternidad entre naciones. Se elevaron las guerras y conflictos armados en varias partes del mundo. Se exacerbó el genocidio, especialmente del gobierno de Israel contra palestinos y gazatìes. En América, el Gobierno imperialista del Norte incrementó su política xenófoba contra personas migrantes, inició ejecuciones extrajudiciales contra tripulaciones de lanchas civiles y restauró la piratería en el Mar Caribe para asaltar barcos cargueros y robar petróleo venezolano.
En Guatemala su población experimentó resultados negativos, la clase trabajadora continúa con bajos salarios que no se corresponden con el alto costo de vida, el salario mínimo autorizado sigue por debajo del valor de las canastas básica de alimentos y la ampliada, la mayoría de trabajadores permanece sin cobertura de seguridad social. Con personas de tercera edad sin ninguna protección social. Concentración de riqueza en pocas manos. Desigualdad, pobreza y desempleo en aumento, igual que la desnutrición crónica infantil que antes era un fenómeno del área rural sobre todo focalizado en el corredor seco, que ahora se agravó y extendió a áreas urbanas. Con un sistema de justicia y otros Poderes públicos cooptados por redes de corrupción e impunidad, que impiden que haya justicia pronta, cumplida y apegada a derecho, frenan el desarrollo humano con equidad, paralizan programas y proyectos sociales que beneficien a mayorías desprotegidas, rezagadas, discriminadas e históricamente olvidadas.
También en Guatemala, el nuevo año que ahora iniciamos trae consigo nuevas ventanas de oportunidad que elevan el optimismo y estimulan los anhelos de cambio, me refiero a las elecciones de segundo grado que se desarrollarán durante todo el primer semestre del 2026 y que son propicias para rescatar el sistema de justicia y desalojar del poder público a esas redes de corrupción e impunidad que tanto daño causan al país y la población. Es momento histórico para renovar altas autoridades del Tribunal Supremo Electoral TSE, Corte de Constitucionalidad CC, Ministerio Público MP, Contraloría General de Cuentas CGC y Rectoría de la Universidad de San Carlos de Guatemala USAC, la única Universidad pública del país; llegó el tiempo oportuno para expulsar a los corruptos, terminar de sanear las instituciones públicas, limpiar la casa y, sobre todo, la que corresponde al sistema de justicia.
Por eso, de Norte a Sur y de Oriente a Occidente de Guatemala, es importante que se oigan las voces de los pueblos, que hagan sentir su presencia para exigir que los comisionados de las Comisiones de Postulación se integren con profesionales honestos, éticos, íntegros, trasparentes, sin tacha, sin vínculos con poderes fácticos o encubiertos. Para ejercer auditoría social, observación constante y evaluación ciudadana sobre sus actuaciones. Para vigilar de cerca la conducta de los diputados que, en el caso del TSE, CC y CGC tienen que seleccionar a los mejores candidatos, a profesionales honestos que ocuparán esos altos cargos, que sirvan a intereses del país y no a los de grupos corporativos o privados.
Para este propósito, es pertinente llamar a ese tipo de profesionales íntegros para que presenten su postulación a dichos cargos, impulsar a mujeres y hombres de los cuatro pueblos, animarlos a cumplir con la Patria para que el país y la población recobren confianza en el sistema de justicia y sus instituciones. Es el tiempo de desalojar a los corruptos e impunes.
En suma, dejamos atrás el año viejo y sus resultados negativos para dar la bienvenida al nuevo año 2026, con la expectativa de un futuro mejor, pletórico de avances, respeto a derechos humanos, igualdad, prosperidad social, desarrollo, progreso, fraternidad, solidaridad, paz y bienestar para los seres humanos de buena voluntad.







