¿Por qué escribí mis columnas? Yo acostumbro escribir versos e hilvanar algunas prosas, con frecuencia pienso en vida y con frecuencia pienso en la parca y en mi existencia. Mi corazón y mi mente trasladan con utopía, con inventiva mundana de la cúspide del juicio, a veces con frustración frases que salen del pecho de ese fondo espiritual de la inmanencia del alma. Escribo, pienso y escribo con entusiasmo letanías de recuerdos que llevo muy vehementes punzando en el corazón y mi libertad.
Escribo mis narrativas, mi lenguaje y mis expresiones en el periodismo, y sobre mí la flor y jamás sobre un fusil, porque me gustan claveles y lirios de aquella rosa embriagante de anhelos tan placenteros y dulzuras terrenales, nunca permito a mi pluma aunque la invada la rabia impregnar en el papel más barbarie y más crueldad, sadismo y brutalidad, porque riego mi sosiego, con muy crecida esperanza tutelo y cuido a morir mi libertad de escribiente, que con bravura y coraje algún episodio esplendente con mucho esfuerzo y peleo con mi columna “sin esconder la mano”.
Escribo a ese niño pobre, a la miseria del indio, al vientre abultado hinchado indigente y vergonzante de una madre desnutrida despreciada por la gente.
Dibujo lo desgraciado de este pedazo de patria, esta Guatemala mía …esta Guatemala nuestra… esta tierra agonizante donde campea la muerte. Escribo de mis incendios, mis osadías, mis ímpetus, mis errores, mis defectos, pero escribo sobre mi vida. Los periodistas somos rebeldes o concisos o cargados altaneros y obstinados cuando la mente nos manda expulsar de muy adentro nuestras prosas, que salen simples de un núcleo de un alma con sentimientos nos remueven la conciencia, denotan gran impaciencia, arrebatan la cordura por cosas ciertas lejanas historias de antaño de aquellos tiempos pasados que lógica y ciertamente algún día fueron presente, más pronto nos transportaron a este hoy ingrato otoño. Porque a veces invade todo mi cuerpo ordenándose que escriba que le cante yo a la vida con el brío de un juglar y la audacia de un juncal.
Empecé mi primera columna en la prensa nacional el jueves 31 de enero de 1991 en Siglo XXI, y en ese mismo día Óscar Clemente Marroquín en La Hora, dijo en el editorial: “Empiezan a asomarse voces…”, estos fragmentos: “...el licenciado Flaminio Bonilla Valdizón también hace un valioso aporte a la lucha para lograr que se apliquen sanciones a los que se han enriquecido en el gobierno. Señala casos muy concretos, entre ellos lo relacionado con “diputados indignos que sacaron a licitación y venta la nacionalidad guatemalteca; que durante ese régimen se legisló casuísticamente en favor de intereses extranjeros que quieren apropiarse de la casi totalidad de medios de comunicación social de Guatemala”. Señala, además, cosas como la de la sustracción de cocaína del Organismo Judicial, de la pseudo privatización de Aviateca que lo entregó “a otro grupo de extranjeros, que abofetearon de nuevo soberanía”. Yo estuve primero en “Siglo XXI” hasta el 17 de septiembre de 1991 donde estuve solo un año. Desde ese día fui invitado y alojado en “La Hora”, con mis publicaciones, ensayos y relatos “sin esconder la mano”. En ese vespertino estuve algún tiempo sin tener comentarios y hube de dejar de publicar por amenazas serias a mi familia, tuve seis años sin diarios, sin crónicas, ni política, ni estudios, tratados ni ensayos.
Soy columnista, escritor y hombre de ley, como comentarista soy apasionado, vehemente e impetuoso; como profesión abogado y ya retirado, aunque siempre seré jurista y con mis 51 años, existiré como picapleitos; como trovador tengo inspiración con prosas y poemas vivientes, pasados, presentes y futuros. Pero la génesis es la familia, son importantes o insignificantes algunas pequeñas, otras influyentes y valiosas. Por ello les comparto con el esclarecimiento de mi existencia, de mi casta, mi clan, porque ellos y yo son vida, estamos aquí: Diana mi esposa, cuatro hijos: Andrés, Pablo, Javier y Cristina la mayor, mi nieta Marcela y una bisnieta Emilia, dos nietos Tadeo y Lucca y la pequeña Jessi, esa es mi familia, está mi hermano Sergio, mi cuñada Malú y mis sobrinos Diego y Ana Lucía, esta es mi estirpe, a quienes les doy amor, cariño y mi felicidad.
De niño estuve en párvulos en Casa Central con las Hermanas de la Caridad, entre otras cosas, quienes me enseñaron ortografía, gramática e idioma español; luego fui al Liceo Guatemala con los Hermanos Maristas. Todos, las Hermanas y los Maristas, todos una gran comunidad educativa de los dos colegios, que nos formó con sapiencia, rigurosidad académica, dignidad, calidad y excelencia, pero sobre todo con un profundo humanismo y una auténtica conciencia de clase y vocación de servicio.
Inicié en la Universidad de San Carlos de Guatemala, primero entré a Básicos en 1968; luego en la Escuela de Derecho cuando yo tenía 18 años y desde entonces me cautivó ser jurista, político y escritor. Ahora que tengo 75 años, soy abogado, político y escritor. He hecho varios Ensayos de política, sociología y literatura; tengo 4 libros ya terminados y publicados, uno de poesía y prosa, otro de filosofía; y otra obra del tema financista del tema de la usura que vulnera a los usuarios del sistema financiero guatemalteco y quiero empezar otro libro con la temática de la Guerra de los 36 años en Guatemala y de este solo tengo el prólogo. En esos libros creo que terminaré en uno o 2 años y que serán después, si nuestro Dios me tiene en vida. Era un patojo cabrón, con mi juventud existencialista, mi afinidad socialista democrática, con vivencia de injusticia y con vocación humanista, por ello estuve con la política, empecé con el “Frente Estudiantil Social Cristiano” (FESC) en la política universitaria con mi amigo, “mi pana” Jesús “Chus” Marroquín Castañeda, quien fue asesinado el 17 de julio de 1980. Luego en “Acción Popular Universitaria” (APU) donde fui Secretario General.
Mi poesía y mis prosas las tengo desde joven y sentía la compulsión de tomar papel y lápiz y entonces estuve con muchos poetas con sus trovas, porque tuvimos la cofradía de muchachos y con una gran hermandad. En la Escuela de Derecho, empezamos con la prensa universitaria como medio de divulgación con principios de intelectualidad de jóvenes, primero “El Derecho” periódico Órgano de Divulgación de “Asociación de Estudiantes de Derecho” de la Usac, y luego “El Universitario”. Mi poesía y mis prosas son libres, espontáneas y sin ambages; sin estereotipos, sin rebuscamientos. ¡La literatura está llena de aromas! como decía Walt Whitman. Después con la prensa nacional empecé, con “El Imparcial”, “Nuevas voces líricas” el 28 de mayo de 1970; “La Nación” el 23 de mayo de 1970; “La Hora”, el 2 de mayo de 1970; “Impacto” el 21 de abril de 1970 y después muchas más.
Gracias al diario “La Hora” hemos podido escribir esta columna prácticamente, salvo como dije ante forzosas ausencias y como decía un viejo columnista en este vespertino, el amigo Paco Cáceres Barrios: “…así hemos afilar el machete, sacarle la punta al lápiz y afinar nuestra puntería para señalar, comentar, criticar y argumentar en favor de lo bueno y también en contra de todo lo malo que ocurre en nuestro país…”. En mi caso mis columnas “sin esconder la mano” yo nunca he tenido vergüenza, nunca cínico ni hipócrita, mis columnas son redactadas con realidades, porque yo soy franco, claro y directo, soy parte de mis propósitos y poniendo en cada uno de ellos lo que nuestro intelecto ha podido concebir y exteriorizar sin dobleces y de frente. Por esto somos honestos, pero radicales con la corrupción y hay que retratar y examinar cualquier gran diario de la actualidad, se comprobará que es “la sombra alargada de un hombre”, un hombre de ideales, integridad, honestidad y coraje como los Marroquínes.
Se me fue quedando el tintero de esos años del colegio y la universidad, con mi juventud turbulencia y la vorágine, bullanguera y jodona; luego la prudencia, cordura y reflexión, con quienes mis amigos, los camaradas, la congregación de “mis panitas” y estos “compinches”, que he madurado espiritual y emocionalmente, de quienes he aprendido y recibido consejo, orientación y sabiduría en mi vida y en la profesión.
Así inicié mis columnas hace 35 años y sigo haciéndolo casi todos los días, porque es mi recreación de vida con mis 75 años, porque “la naturaleza es un artista original”. Y termino mi artículo, muy breve, afable, con espíritu, energía y fortaleza, porque soy un trovador y vean este fragmento de Desiderata:
“…Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad sobre una sana disciplina, sé benigno contigo mismo, tú eres una criatura del universo no menos que las plantas y las estrellas tienes derecho a existir, ya sea que te resulte claro o no indudablemente el universo marcha como debiera…”.
“Aún con toda su farsa, penalidad y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso; sé cauto, esfuérzate por ser feliz”. (Ehrmann Werner)







