(A la salida de Consuelo Porras, un adiós para no volver).
Consuelo Porras no entiende de leyes. Nunca entendió, ni cuando sacaba de forma fraudulenta a niños guatemaltecos para darlos en adopción ilegal en otros países. Porras en todas las acciones de su vida ha sido miembro permanente de los grupos del mal. Cuando Morales la colocó como fiscal general no fue para que dirigiera el ente de investigación del sistema de justicia. Era para que se vengara de la CICIG y destruyera los casos que ya tenía la CICIG contra los corruptos guatemaltecos. La señora fue escogida para conformar a la Alianza Criminal que hoy domina al país, la hija putativa de Pacto de Corruptos.
Consuelo Porras no tienen ningún doctorado. Nunca hizo tesis de doctorado alguna. Se lo dieron en la falsa universidad Mariano Galvez, otra universidad corrupta que la sostuvo en el cargo por ocho largos años. Lo del doctorado ya fue documentado amplia y profundamente. No lo escribió ella, lo plagió. Los puntos que le pusieron las dos veces que fue «electa» fueron puntos falsos como ella, toda falsa.
Consuelo Porras fue contratada por Alejandro Giammattei para que lo defendiera a él y a su amante trisexual Miguel Martínez, alma del diablo, un ser sin escrúpulo alguno, un tipejo que también fue graduado con todas las falsedades que inventó Murphy Paiz, el entonces decano de la Facultad de Ingeniería de la USAC, otro homosexual escondido, cuya tacha no es ser homosexual, es ser corrupto.
Consuelo Porras no es una jurista. Nunca lo fue, nunca se formó como tal y nunca entendió nada de justicia. Pasó por esas decadentes facultades de Derecho que infestan Guatemala, todas controladas por decanos aliados al Pacto de Corruptos. Henry Arreaga, decano de Derecho de la USAC, sabía perfectamente para qué servía esta señora: para sostener el fraude electoral del 2022 de su jefecito, el rectorcito Mazariegos. El Ministerio Público, bajo su mando, se convirtió en el escudo protector de los corruptos en lugar de investigar lo que la ley le ordena.
Consuelo Porras fue la elegida para consolidar la Alianza Criminal que hoy domina Guatemala, la hija putativa del Pacto de Corruptos. Para entender esto, el lector interesado debe leer las columnas de José Alfredo Calderón.
El narco poder, algunos aliados rancios del CACIF, la derecha extrema, Joviel Acevedo y su sindicato de maestros del mal, Walter Mazariegos y su séquito de seguidores miembros del Consejo Superior Universitario, entre otros criminales, están profundamente agradecidos del trabajo de protección oficioso que Consuelo Porras hizo por ocho largos años de oscurantismo judicial en Guatemala. Todo esto fue liderado por una Corte de Constitucionalidad, a la barret, hecha a la medida de la corrupción de la USAC y de Porras, los elementos clave para entender nuestra decadencia judicial.
Consuelo Porras protegió a Giammattei y a Miguel Martínez pese a denuncias por contratos irregulares en vacunas, Aspetro, la Botica y propiedades en extinción de dominio, no digamos el mayor caso de corrupción en evasión de impuestos: B-410 o la extracción de recursos en el Instituto Nacional de Electrificación, INDE, donde participaba el del trío sexual Melvin Quijivix, ante lo que el MP de Porras nunca dijo ni pío. Estos rateros fueron sancionados por EE.UU. y otros países, pero aquí ni investigados fueron. No hubo nada de justicia para los guatemaltecos por ocho obscuros años.
Consuelo Porras persiguió con saña a jueces honestos, fiscales valientes como Virginia Laparra o Juan Francisco Sandoval, periodistas como José Rubén Zamora y líderes indígenas. Porras y sus fiscales fabricaban casos contra gente honesta mientras archivaba denuncias contra la élite. Porras fue la piedra angular de la mayor red de corrupción y descaro en la Universidad de San Carlos de Guatemala a la cual entregó a otro ser despreciable: El destazador Walter Mazariegos, cuyo nombre requiere de una planta entera de tratamiento de heces.
En su artículo titulado Verdad y Mentira en el derecho, Juan Ramón Rodríguez lo explica con claridad: la verdad es el fin último del proceso judicial. Sin ella, no hay justicia posible. El Derecho no busca solo certeza formal, sino justicia y, en el fondo, verdad. Pero la mentira lo corrompe todo. Los argumentos falaces, la violación del deber de veracidad, la negación del derecho ciudadano a conocer la verdad, todo eso caracterizó al Ministerio Público de Consuelo Porras que deja una institución cooptada hasta los dientes que al nuevo fiscal le costará restaurar. Claro, claro que hay gente honesta dentro del actual MP y de ella depende el futuro de la justicia de Guatemala.
Es hora de decir «Adiós Consuelo, que te vaya mal», porque este rastrojo de mujer convirtió al Ministerio Público y al sistema de justicia en una cueva de ladrones a su servicio. Consuelo Porras prometió justicia mientras entregaba el país a los corruptos. Esa falsedad ontológica socavó la seguridad jurídica y transformó el Estado en una farsa. Claro que era posible sacarla aquel triste 14 de enero del 2023 cuando un gobierno timorato lleno de inútiles tomaba el poder. Pero Bernardo Arévalo nunca quiso ejercer el poder, navegó las aguas de la mediocridad, del miedo y de la cobardía y nos dejó a merced de una vieja loca, psicótica que se robó lo más importante de un país: La justicia.
Eso nos dejó Consuelo Porras, un sistema de justicia descompuesto hasta las entrañas. Ahora viene la reconstrucción. El nuevo Fiscal tiene la tarea de reconstruir al ente investigador de Guatemala, el Ministerio Público y con ello darle un poco de justicia a este lastimado pueblo de Guatemala. No lo podrá hacer con un gobierno de miedosos e inútiles, pero sí con un Pueblo valiente que se quite las cadenas y la mala costumbre de estar eligiendo ladrones, corruptos o cobardes e incapaces como los del gobierno actual, bola de inútiles.
Ahora comienza la etapa más difícil: construir algo distinto y mejor. Eso no va a ser posible sin un gobierno activo, pertinente, valiente que ejerza el poder y sin la participación de los y las guatemaltecas. Así que la tarea de recuperar la justicia es parte de la enorme tarea de reconstruir nuestra lastimada democracia. Hagámoslo ahora guatemaltecos porque si no es ahora, no será nunca.







