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Walter Mazariegos, ese arrogante y prepotente usurpador de la rectoría de la Universidad de San Carlos de Guatemala, sigue vendiéndoles agua azucarada a los estudiantes y a toda la comunidad universitaria. Ha cerrado el campus central bajo el pretexto ridículo de “excavaciones arqueológicas” que no ocupan ni el 1% del enorme terreno de más de 180 manzanas. ¡Ni dos manzanas! Cualquiera con dos dedos de frente entiende que esa no es la verdadera razón. El miedo real de este destazador de rastro sucio es enfrentarse a estudiantes honestos, en resistencia, que no se doblegan ante su clica de lamebotas.

La valiente ministra Patricia Orantes ya se lo dijo en su momento: no tiene permiso del Ministerio de Ambiente para esas supuestas excavaciones, dice que, para hacer un viaducto, un túnel al estilo del Chapo. Pero la necedad y el autoritarismo de Mazariegos lo mantienen todo cerrado. ¿Por qué? Porque teme la presencia real, la protesta organizada, la voz de quienes denunciamos el fraude electoral de 2022 y el que se repitió en 2026. Los estudiantes no se han dado por vencidos. Se siente en el ambiente: la luz al final del túnel se acerca. Mazariegos va a caer. Va a caer.

Este autoproclamado “rey” de la Usac no cumple ni los requisitos más básicos que exige la ley universitaria para ser rector. No tiene los años suficientes de docencia, carece de finiquito de la Contraloría General de Cuentas (que ya presentó denuncias ante el Ministerio Público) junto a la Procuraduría General de la Nación. Pero Mazariegos está respaldado: Una pandilla de fieles que lo sostienen en el poder, los que se robaron descaradamente todos los votos que dizque lo hicieron rectorcito. Destruyó primero la Facultad de Humanidades como decano y ahora está destazando toda la universidad. No es administrador de educación superior: es un destazador de lo público, formado en el rastro de un pueblo usurpado, donde aprendió a quedarse con lo ajeno.

Mazariegos nos empuja a lo virtual como única opción. Obliga a más de 120 mil estudiantes a recibir clases desde casa, desperdiciando miles de millones de quetzales del pueblo guatemalteco. Los docentes, lejos de las aulas y sus laboratorios de investigación, ven limitadas sus labores de investigación, extensión y vinculación real con la sociedad. Los formatos virtuales “a la tortrix” medio funcionan para algunas cosas, pero nunca reemplazarán la presencialidad, el debate cara a cara, el laboratorio vivo, la universidad como espacio de encuentro y resistencia.

Esto no es casualidad, es estrategia. Para el rectorcito hay que vaciar el campus para evitar protestas, para consolidar el fraude y seguir capturando la autonomía universitaria. Comparado con Roberto Molina Barreto –defensor de genocidas y figura de la regresión– Mazariegos representa lo mismo: la captura del poder para beneficio propio y de sus aliados, mientras la Usac se hunde en la mediocridad virtual. Ahora Barreto también se quiere llevar a la Corte de Constitucionalidad a la virtualidad. ¡Vaya vago de la defensa genocida!

Es el momento de ir más allá de la denuncia. Es urgente estudiar profundamente los problemas de nuestra universidad y colocarlos en el contexto latinoamericano. Utilizar teoría y evidencia para reconstruir un sistema nacional de educación pública superior. 

La educación superior en América Latina enfrenta desafíos estructurales que no podemos ignorar: baja cobertura con alta inequidad, débil investigación conectada a la realidad social, docencia muchas veces desconectada de la innovación, y una internacionalización tímida que nos deja atrás en el mundo globalizado.

En países como Chile, Brasil, Colombia y México hay experiencias valiosas: mayor inversión en investigación aplicada, aquí el Consejo de Ciencia y Tecnología apenas invierte el 0.03% del PIB en investigación científica y la Usac no llega ni al 4% de su presupuesto en investigación, mucho de lo cual se gasta en burocracia de contratos de los amiguitos de la clica Mazariegos-Cordón-Arreaga. 

Urge mejorar la vinculación universidad-municipalidades y universidad-empresa-sociedad, y reformas que fortalecen la autonomía sin permitir su captura por clicas corruptas. Nosotros, en la Usac, debemos recuperar la presencialidad plena como base de una educación de calidad. Debemos exigir que la investigación no sea un adorno virtual, sino motor de desarrollo nacional: desde la ingeniería hasta las humanidades, pasando por la salud, la nutrición y el agro.

Ese es el camino de la recuperación de la Usac, pero primero el nuevo Ministerio Público debe hacer su trabajo de investigar al usurpador. Es el momento de que se fortalezca la resistencia universitaria de estudiantes y docentes, el momento de que los colegios profesionales le den seguimiento a sus denuncias judiciales en contra del fraude a la rectoría, principalmente las denuncias de la Asamblea de Presidentes de los Colegios Profesionales de Guatemala, porque Mazariegos va a caer, va a caer. 

Hagámoslo ahora, porque si no es ahora no será nunca. 

 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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