(No solo con los basureros si no con la basura política que nos heredó el gobierno anterior y el anterior…)
Aproveché los días de Semana Santa para viajar a Panamá, un país que conozco de primera mano. Estudié en Panamá de 1990 a 1994, conocí ese hermoso país, tengo amigos, hermanos, hermosa gente panameña que ha hecho de mi vida algo más significativo. Viajo frecuentemente a Panamá. El país ha cambiado intensamente por la recuperación del Canal. Sus ríos, sus cuencas, sus comités de cuenca funcionan porque se observan ríos limpios, no ríos-basureros que sirven para transportar todos nuestros desechos. En el periódico de mayor circulación en Panamá: La Prensa, donde también escribo, se leen columnas que piden más limpieza en sus ríos, en sus calles, una mejor gestión de desechos y de agua, pero comparado con lo que tenemos, lo tienen todo.
Por eso decidí escribirle ministra Patricia Orantes, sabiendo que usted ha puesto el corazón y el esfuerzo en mejorar la gestión de los desechos durante su tiempo al frente del Ministerio de Ambiente. Lo reconozco y lo valoro. Pero también sé, como lo saben miles de guatemaltecos que vivimos entre montones de basura en las calles, carreteras, ríos y vertederos a cielo abierto, que el verdadero problema está en otra parte: en los alcaldes que integran esa clica llamada ANAM. No han querido impulsar ni un solo proyecto serio de manejo de desechos. Eso lo entiendo, porque yo mismo lo he vivido de primera mano en mi trabajo universitario.
En la universidad hemos tenido la suerte de recibir a académicos de talla mundial que han creado sistemas de gestión de residuos en Costa Rica, África, Holanda y muchos lugares más. Entre ellos destaca siempre la doctora Ileana Abarca, del Tecnológico de Costa Rica, quien nos ha apoyado con generosidad y conocimiento. Gracias a ella sabemos que el manejo de residuos sólidos no es solo un problema de “recoger la basura y tirarla lejos”. Es un desafío enorme para las ciudades de países como el nuestro.
Según la doctora Abarca, el problema principal es que la basura aumenta cada año, cuesta una fortuna a los municipios (que muchas veces no tienen ni para pagar la gasolina de los camiones), y las autoridades no entienden bien los factores que afectan cada etapa: desde que se genera en la casa hasta que se entierra o se quema. Falta ver el sistema completo, como un rompecabezas donde todas las piezas deben encajar.
Ella y su equipo estudiaron más de 30 ciudades en 22 países pobres de tres continentes. La conclusión es clara y esperanzadora: el dinero y la tecnología no son lo más importante. Lo que falla es la falta de una visión integrada. Usando el modelo holandés de Gestión Integrada de Residuos Sólidos, demuestran que hay que trabajar en tres cosas al mismo tiempo: las personas involucradas (alcaldes, recicladores, vecinos, empresas), las etapas del proceso (separar, recoger, reciclar, compostar y disponer) y los aspectos técnicos, económicos, culturales e institucionales que unen todo.
En Guatemala, donde la mayoría de las municipalidades apenas recoge la mitad de la basura y los vertederos son un desastre ambiental y de salud, esto no es teoría. Es la receta práctica que podemos aplicar ya.
Primero, cada municipio debe hacer un diagnóstico honesto y participativo: ¿cuánta basura se genera?, ¿de qué está hecha?, ¿por qué no se recoge? Eso lo recomienda la doctora Abarca y evita que se sigan gastando millones en soluciones que no sirven.
Segundo, involucrar a todos desde el primer día: No solo a los alcaldes y al ministerio, sino a los recicladores informales que ya salvan toneladas de materiales, a las comunidades, a las universidades y al sector privado. Cuando se reconoce el rol real de cada quien, y se crean vínculos formales, el sistema empieza a funcionar.
Tercero, priorizar la separación en la fuente y la valorización: En vez de llevar todo al vertedero, hay que convertir la basura en recurso: compost para las milpas, materiales reciclados para la industria y empleo para miles de guatemaltecos. Costa Rica ha avanzado en esto y Guatemala puede hacerlo igual.
Cuarto, financiar de manera sostenible y transparente: Hoy los presupuestos municipales se ahogan porque la gente no paga una tarifa real por el servicio y los alcaldes no cobran o cobran muy poco o se gastan el dinero en otras cosas, como el de Quetzaltenango que ha hecho carrera en mal invertir nuestros recursos. Se necesitan tarifas justas por volumen, subsidios focalizados del gobierno central y alianzas con empresas privadas. Usted, ministra, puede liderar un fondo nacional que premie a los municipios que sí cumplan.
Quinto, fortalecer la gobernanza: La ANAM no puede seguir siendo un obstáculo. Su ministerio debe exigir planes municipales claros, con plazos, indicadores y consecuencias. Capacitación continua. En eso las verdaderas universidades no cooptadas pueden ayudar. Para eso son las universidades y tenemos personas con capacidades técnicas que han hecho estudios del manejo de desechos.
Ministra Orantes usted sabe que la basura no es solo un tema técnico. Es un problema de voluntad política, de gobernanza, de educación y de visión de país. Pero también es una oportunidad enorme. Guatemala ya tiene el conocimiento gracias a académicos como la doctora Abarca, que han probado en decenas de ciudades del Sur Global que sí se puede pasar de la crisis al sistema que funciona.
Pero hay otra basura ministra: La basura política de manipuladores, gente enferma, ladrones, usurpadores que se han apoderado de nuestra tierra y de nuestros recursos, de nuestra vida. Desde Giammattei, de todos aquellos que sacaron a la CICIG por miedo a que los atraparan a ellos también, basura como el usurpador a la rectoría que nuevamente intenta seguir usurpando la rectoría de nuestra Alma Mater, si, la universidad suya y mía, la Universidad del Pueblo.
Yo la he escuchado a Usted con voz fuerte y clara defender a la Universidad de San Carlos, defender valientemente a la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia, defender. No se ha quedado callada ni ha dejado sus comentarios en el anonimato como tantos. Como usted tiene un expertaje en tratamiento de basura yo me tomo la libertad de preguntarle qué sugiere, qué podemos hacer con la basura política que ya no nos deja desarrollarnos.
Yo como Usted lloré de la cólera de la forma en que el usurpador a la rectoría se ha burlado de todo y de todos. Da cólera ver cómo estos delincuentes no tienen ley. Da cólera vivir en un país donde no hay justicia ministra. Da cólera cómo nuestros valientes estudiantes, que exigen libertad y defienden la autonomía, son tratados como delincuentes cuando los verdaderos delincuentes se transportan en helicóptero de la clica de rectores donada por el mismísimo Pacto de Corruptos contra el que Usted, los sancarlistas y yo luchamos.
He escuchado sus videos ministra sobre su posición respecto al fraude electoral en la Usac y dije: ¿Será que la ministra no nos podrá ayudar a entender cómo tratar a la basura política de Mazariegos y su clica que se apoderaron de la Universidad de San Carlos?
Yo sé que es mucho pedirle, pero ante el silencio que lastima del presidente Bernardo Arévalo, yo ya no sabía a quién acudir y decidí pedirle consejo a Usted para ver cómo se trata esta basura llamada Walter Mazariegos.







