0:00
0:00

Cada vez que me siento triste, tomo camino a mi librería favorita y veo títulos de libros. Ahora ya puedo ver un título de mi libro, pero ni eso me alegra. Camino, casi como sonámbulo entre los bellos pasillos de este monumento que me recuerda aquella librería en el puerto de Baltimore, Maryland, Estados Unidos, donde una librería se erige en un viejo faro. De a poco esas hermosas librerías se quedan como espacios vacíos porque ya no leemos. Así me quedo a veces, cuando no encuentro el rumbo, cuando desde el faro de Baltimore no se ve el horizonte.

Estamos en manos de manipuladores. Psicópatas que buscan el poder por el poder, para sí mismos. Aquí, a la par de El Salvador que se siente salvado con su dictador, nosotros nos sentimos traicionados por un demócrata inútil. Pero en el corazón de las sociedades modernas emerge el autoritarismo con una fuerza sin igual. De alguna forma se asocian gente como Trump y sus psicópatas que le dicen que sí a todas las estupideces que dice Trump. Igual aquí, en un país que no tiene historia democrática, emerge un presidente que se autodenominó democrático simplemente para no hacer nada.

Estos manipuladores han existido siempre, pero ahora que toman el control de países enteros, de instituciones enteras, muestran su perversidad. De alguna forma se las arreglan para tener seguidores. Le pregunto a un amigo qué es lo que hace que un grupo de decanos, de gente con estudios, con capacidades aparentemente académicas, sean vulnerables a la manipulación de un ser sin mayor formación académica, lleno de complejos, obsesionado por el poder como el usurpador a la rectoría de la San Carlos, otrora universidad, otrora nacional, otrora autónoma. ¿Por qué todo un grupo de consejeros universitarios cae en las garras de la manipulación de Mazariegos?

Estos manipuladores —Trump, Bukele, el mismo Mazariegos— son autoritarios y dominan a seres humanos que tienen una mentalidad autoritaria. Son seguidores de lo seguro y es posible que los consejeros, además de recibir prebendas (estímulos económicos y de poder), también sientan esa seducción profunda que Anne Applebaum describe tan bien en El ocaso de la democracia: no es solo el líder psicópata quien destruye; son las élites educadas las que, por ambición, miedo o simple conveniencia, entregan las instituciones desde dentro. Racionalizan el fraude como “estabilidad”, la exclusión de votantes como “necesidad de orden”, la captura como “realismo político”. Usan la empatía cognitiva para detectar vulnerabilidades ajenas, pero carecen de empatía afectiva. No sienten culpa. Solo ven el beneficio propio. Y eso justamente es lo que sucedió este triste miércoles 8 de abril de 2026 en Antigua Guatemala.

Pero hay una tristeza más profunda, quetzalteca y guatemalteca a la vez, que duele aún más porque no es solo política: es la pérdida del futuro mismo.

Hace apenas cuatro días, el 4 de abril, escribí sobre De la cooptación de la Usac a su liberación y luego a su pertinencia. Allí advertí que la cooptación de la universidad no era un hecho aislado ni reciente: era el resultado de un proceso largo de captura interna que había convertido a la Usac en un botín político. Planteé que la verdadera liberación no podía limitarse a cambiar nombres en la rectoría; debía ser un paso intermedio hacia algo más profundo y urgente: la pertinencia. Una universidad pertinente, decía, no es solo autónoma; es aquella que responde a los desafíos reales del país y del siglo XXI. Debe producir conocimiento útil, formar profesionales capaces de enfrentar la irrupción tecnológica, y contribuir al desarrollo nacional sin perder su esencia crítica. La pertinencia, insistía, es el horizonte final: después de la liberación viene la transformación, o de lo contrario la autonomía solo será un título vacío.

Apenas dos días después, el 6 de abril, en El futuro de las universidades: Parte 1, la irrupción tecnológica, profundicé esa idea. Recordaba que las universidades no son entes inmutables; son creaciones humanas que podemos —y debemos— rediseñar. 

Hoy, después del fraude del 8 de abril —con sus exclusiones, bloqueos y repetición exacta del patrón de 2022—, ese horizonte se diluye. La Usac, capturada desde dentro, no solo pierde su autonomía democrática; pierde la posibilidad misma de su liberación y, sobre todo, de su pertinencia.

Esta no es la primera vez que Guatemala ahoga su propia autonomía universitaria. En 1876, durante la Revolución Liberal de Justo Rufino Barrios, se fundó por Decreto 167 la Universidad de Occidente en Quezaltenango. Era el sueño descentralizador: facultades de Derecho, Medicina, Farmacia, con rector propio. Tres años después, el Decreto 253 del 13 de diciembre de 1879 la extinguió junto con las demás universidades del país y las convirtió en simples “Escuelas Facultativas” bajo control directo del Ministerio. Esa pérdida tuvo un enorme costo al desarrollo del Occidente de Guatemala.

Sin embargo, la historia de Guatemala —y especialmente la quetzalteca— también nos enseña que de las tristezas más profundas pueden nacer las resistencias más firmes.

Es hora de levantarnos del golpe de hoy, así como el espíritu quetzalteco sobrevivió al cierre de la Universidad de Occidente en 1879. Es hora de limpiarnos las heridas, de entender que estamos ante la captura de seres enfermos mental y socialmente. Es hora de fortalecer la organización estudiantil, de motivar el movimiento docente y de exigir —junto a la sociedad civil— la recuperación real de la Usac. Solo así podremos construir, por fin, un sistema público de educación superior pertinente: uno que abrace la irrupción tecnológica, forme profesionales del siglo XXI y contribuya a mejorar la vida de todos los guatemaltecos, y no sea botín de un grupito de politiqueros.

Como dice la canción Padre de Joan Manuel Serrat: “Padre, dejad de llorar que nos han declarado la guerra”. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

post author
Artículo anteriorMP documenta daños en la Usac mientras se investigan cierres y protestas en torno a la elección de rector
Artículo siguienteLey para dignificación de exmilitares entra en vigencia y comenzarán a recibir aumento en aportes económicos