La Usac no le pertenece a ningún grupo de corruptos
La elección de rector en la Universidad de San Carlos de Guatemala del 2026 no es una contienda democrática. Es, una vez más, la consumación de un fraude burdo y sistemático que repite —y empeora— el atraco de 2022. Como he documentado en mis columnas de La Hora durante marzo y abril de 2026 (“La estrategia de la captura de la Usac y la lucha por recuperarla” y “De la cooptación de la Usac a su liberación y luego a su pertinencia”), el grupo que mantiene a Walter Mazariegos en la rectoría no ganó en la mayoría de los cuerpos electorales, no ganó. Ganó DIRE. Ganó la resistencia universitaria.
En donde dicen que ganó el usurpador, tampoco ganó. En facultades clave —Odontología, Medicina, Ingeniería y, sobre todo, Arquitectura— se violaron reglas, se ignoraron órdenes judiciales y se incluyeron ilegalmente electores afines al usurpador. El resultado: una manipulación sistemática y descarada de la elección para beneficio del usurpador: Una burla total a todos los que participaron en los procesos de elección a rector 2026.
Esta no es una disputa interna. Es un ataque a la Constitución. La autonomía universitaria no es un escudo para la impunidad. El artículo 134 de la Carta Magna es claro: Las entidades autónomas actúan por delegación del Estado. Es decir, su poder proviene del Estado mismo. Tienen obligaciones con el Estado. Así que su intervención no es para destruir su autonomía, sino para restituirla cuando sus órganos han sido capturados y ya no cumplen sus funciones académicas.
Por eso celebro y respaldo con convicción la iniciativa presentada el 7 de abril de 2026, en el Congreso por el diputado Román Castellanos, de Raíces. Esta propuesta de ley busca crear un proceso de intervención temporal con tres ejes claros: la restauración democrática dentro de la universidad, la gobernanza institucional y la regularización del proceso educativo, gravemente afectado en los últimos cuatro años. Los diputados de Raíces ponen como ejemplo exitoso la intervención del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) en 2003 ante altos casos de corrupción, experiencia que estudiaron para adaptar al caso de la Usac. Como señaló Castellanos, las autoridades de la universidad se han escudado en la autonomía para no rendir cuentas, mientras Mazariegos anula, a su sabor y antojo, elecciones ganadas por la oposición y avanza en un segundo fraude.
Esta iniciativa complementa y fortalece otras voces dentro del oficialismo, como las del Movimiento Semilla, que también han exigido mecanismos para garantizar elecciones legítimas y transparentes en la Usac. También está en línea con el excelente trabajo del diputado José Chic. No es una ocurrencia autoritaria. Es el mecanismo constitucional que el Estado debe activar cuando una institución Estatal autónoma deja de rendir cuentas, cambia reglamentos a su antojo para perpetuarse en el poder y convierte los campus en fortalezas cerradas al escrutinio público. Como señalé el 2 de abril en La Hora, es papel del presidente de la República y del Congreso iniciar este proceso para reencauzar a la Universidad Nacional.
¿Por qué la intervención es necesaria y legítima?
Primero, los hechos académicos son irrefutables. Una institución que no promueve el acceso a la educación superior rechazando al 85% de aspirantes. Una institución con programas de licenciaturas que no se han modernizado.
La Usac, que históricamente fue faro de pensamiento crítico y desarrollo nacional, ha caído en un aislamiento alarmante. Según el QS World University Rankings la Usac ha caído durante los últimos diez años muy por debajo de pares regionales como la Universidad de Costa Rica o la UNAM de México. Su producción científica, citas por artículo y redes internacionales de investigación se han estancado. Mientras universidades públicas de la región invierten en investigación aplicada que resuelve problemas nacionales —salud, medio ambiente, agricultura, agua, vivienda, transporte—, la Usac actual se ha reducido a una entidad administrativa que prioriza la supervivencia política sobre la generación de conocimiento. Eso no es autonomía; es decadencia.
Segundo, la intervención no es novedad ni amenaza. En América Latina hay ejemplos exitosos de intervenciones temporales que restauraron la democracia universitaria: la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) en los años 90 o procesos de saneamiento en universidades públicas de Colombia y Perú, donde comisiones mixtas restituyeron elecciones limpias en plazos cortos. Siempre con un principio clave: temporalidad estricta y mecanismos de control para evitar politización.
La propuesta de Raíces incorpora precisamente esos elementos al enmarcarse como un proceso temporal enfocado en restaurar la democracia y la gobernanza. Se trata de un “estado de excepción administrativa” limitado en el tiempo (idealmente 6 a 12 meses), dirigido por una comisión mixta integrada por representantes del Congreso, el Ejecutivo, la comunidad universitaria (estudiantes, docentes y egresados independientes) y observadores internacionales (OEA o académicos de universidades hermanas). Su mandato único: organizar nuevas elecciones bajo reglas claras, transparentes y fiscalizadas, respetando la Ley Orgánica de la Usac y los reglamentos vigentes. Una vez electas las nuevas autoridades, la intervención concluye automáticamente y la autonomía plena regresa, ahora sí saneada.
Entiendo el temor que tenemos a la intervención luego de una guerra civil donde la Usac fue objeto de múltiples intervenciones militares. Pero la propuesta actual de intervención responde a las objeciones comunes: no es “toma del Estado”, sino su obligación constitucional. No destruye la autonomía; la protege del secuestro. Y no ignora la resistencia interna: al contrario, fortalece a DIRE y a todos los sectores que lucharon en las urnas y en los tribunales, respondiendo directamente a las anulaciones de cuerpos electorales opositores denunciadas en estos días.
Desafortunadamente el Congreso de la República, fiel en su tarea de defender corruptos no aceptó siquiera discutir la propuesta de solución de Raíces para recuperar a la Usac. Sin embargo, la esperanza no está en la resignación.
Como he escrito antes, la resistencia universitaria ya demostró su fuerza: DIRE ganó en la gran mayoría de los cuerpos electorales pese a las trampas. Esa energía no debe perderse. La intervención propuesta por Raíces —y respaldada por otras voces progresistas— no sustituye la lucha interna; la complementa y la hace viable. Ya vivimos un ambiente en que la comunidad sancarlista —estudiantes, docentes, administrativos y egresados— actúa de forma organizada, desde Antigua hasta el Campus Central, pasando por el CUM, por el CUNOC en Quetzaltenango y otros centros para respaldar el rescate de la Usac de estos rateros, mafiosos e ignorantes.
La Usac no le pertenece a ningún grupo de corruptos. Le pertenece al pueblo de Guatemala. Recuperarla no es solo un acto de justicia; es recuperar la capacidad de pensar el país, investigar sus problemas y formar profesionales con libertad de cátedra. Este ya es un problema nacional y el rechazo a este raterito que se cree rector es generalizado.
Ya no hay marcha atrás. Recuperar a la Usac es recuperar al país. No hay más tiempo para tibiezas presidente Arévalo. El fraude de 2026 es la prueba definitiva de que la cooptación llegó al fondo. La recuperación de la Usac es hoy. Apoyémosla. Exijámosla. Hagámoslo ahora porque si no es ahora no será nunca.







