El 8 de abril de 2026 no será una elección ordinaria en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Será el intento final de consolidar el atraco más descarado que ha sufrido nuestra Alma Mater en su historia reciente: la reelección fraudulenta de Walter Mazariegos y su grupo de consejeros del Consejo Superior Universitario (CSU), muchos de cuyos miembros ya tienen vencido su mandato y actúan sin legitimidad alguna.
La actual usurpación de la San Carlos solamente es comparable con la ocupación militar más recordada del campus central de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), que incluyó soldados ametrallando a diestra y siniestra a estudiantes, tanques blindados y violencia.
Aún recuerdo aquel 14 de julio de 1980 cuando el ejército irrumpió nuestra universidad, una de las tantas veces. Entonces, destruyó la entrada y ocupó las instalaciones, resultando en la detención y asesinato de estudiantes. A mi amigo, Osvaldo Hernández, le penetraron dos balas en el pecho y fue cargado por mi profesor de física cuántica Cesar Castillo desde la rectoría hasta Farmacia. Además de decenas de detenidos, luego desaparecidos, asesinaron a 8 estudiantes de ingeniería, ocho ingenieros que no pudieron desarrollar sus vidas. Este fue uno de los múltiples ataques, ataques de donde aprendimos a defender a nuestra universidad y su autonomía.
La autonomía universitaria no es ningún obsequio, no es ninguna prebenda, es el resultado del sacrificio de centenares de universitarios por lo que no puede venir un usurpador a querer degradarla. La autonomía universitaria es nuestra lucha, nuestra herencia y nuestro futuro.
La usurpación actual viene de los mismos grupos de asesinos de entonces que por fin lograron penetrar a la USAC a través de viles lamebotas que juegan a rector y decanos o representantes falsos. A estos no les interesa nada de la vida académica universitaria, les interesa el poder, el dinero y el derecho de su nariz.
La estrategia del fraude que se prepara para el 8 de abril ya está en marcha y es previsible. Se basa en la alianza político criminal que el Consejo Superior Universitario (CSU) ha establecido con el Ministerio Público, el que a su vez tiene capturado todo el sistema de justicia, Es una estrategia simplista porque está hecha por cerebros atrofiados que simplemente quieren repetir el burdo fraude electoral que ya hicieron en el 2022. Es lo mismo e incluye los siguientes pasos:
- Exclusión ilegal e inmoral de cuerpos electorales opositores
El CSU, controlado por Mazariegos, ha retrasado y obstaculizado la acreditación de los cuerpos electorales estudiantiles, docentes y profesionales que no le son afines, o sea casi todos. De decenas de cuerpos electorales electos recientemente, solo pretenden acreditar una minoría conveniente, donde seis de cada nueve serían leales al actual usurpador.
- Uso clientelar de recursos y prebendas
Mazariegos ya demostró su manual: condonación masiva de matrículas sin estudio socioeconómicos (25 millones de quetzales regalados), ascensos express de miles de profesores interinos sin concursos de oposición, y el mantenimiento de una estructura administrativa leal que vive del presupuesto universitario.
- Dilación judicial y amparos estratégicos
Se han presentado decenas de amparos contra el proceso viciado. Algunos han sido denegados, otros admitidos. La estrategia del grupo en el poder es clara: dilatar, apelar, esconderse detrás de resoluciones parciales de la Corte de Constitucionalidad y llegar al 8 de abril con un proceso tan contaminado que cualquier resultado pueda ser impugnado o simplemente impuesto por la fuerza de los hechos consumados.
- Violencia simbólica y amenaza de disrupción
Si la oposición logra avanzar, no descartemos la intimidación, el bloqueo de instalaciones o el uso de grupos afines para generar caos y justificar una suspensión o una “elección” bajo condiciones controladas.
¿Qué estrategia concreta podemos implementar para salvar la USAC el 8 de abril?
No basta con denunciar. Es hora de una acción coordinada, pacífica, legal y masiva de la comunidad universitaria y la sociedad guatemalteca, dirigida por el mismísimo Ejecutivo, por el presidente de la República. La Universidad de San Carlos es una institución del Estado, que, aunque goza de autonomía, no significa que sea cooptada y que no cumpla sus funciones. Es papel del presidente de la República iniciar un proceso de intervención que reencause a la Universidad Nacional. La USAC es una institución Estatal y como tal debe entregar cuentas no solamente de su presupuesto sino de sus funciones y logros.
No va existir recuperación de la Universidad Nacional si el Ejecutivo no toma cartas en este delicado asunto y lo debe hacer a corto plazo para recuperar a la Universidad de San Carlos para que cumpla las funciones que le da la Constitución de la República y a largo plazo debe crear ya el Sistema de Educación Pública Superior, que en el futuro debe integrar nuevas universidades estatales y un sistema de tecnológicos superiores para mejorar a todo el sistema de educación superior guatemalteco.
El camino de la recuperación de la USAC pasa por la toma de conciencia del mismo presidente de la República. Presidente Bernardo Arévalo: Usted no puede y no debe ser un espectador más de la destrucción de la Universidad de San Carlos, Nacional y Autónoma, debe actuar. Debe actuar ahora, porque si no es ahora, no será nunca.







