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Esta semana recorrí nuevamente la cuenca del canal de Panamá, desde Miraflores, en el Pacifico hasta el Atlántico. Caminé por la represa de Chilibre para luego viajar a las esclusas del Atlántico, donde se erige el bello puente atirantado en Colón que conecta la costa abajo con la costa arriba. Hoy analizaré las que pueden ser las lecciones para Centroamérica que nacen del manejo del agua en Panamá. 

Primera lección: las cuencas son el activo estratégico, no un accesorio.

Panamá lo entendió hace décadas. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) no solo opera esclusas; administra 51 de las 52 cuencas del país con un enfoque integrado. La reforestación liderada por organizaciones como Natura ha logrado, en los últimos diez años, recuperar más bosque del que se pierde. Imagínese el lector guatemalteco si eso fuera posible acá donde perdemos 132,000 hectáreas por año. Aunque el INAB reporta que recuperan 47,000 hectáreas en términos reales perdemos casi 100,000 hectáreas al año. En Panamá no. 

Si Panamá prioriza sus cuencas porque de ellas depende el 6 % del comercio mundial, ¿por qué nosotros no priorizamos las nuestras, de las que depende nuestra propia soberanía alimentaria, energética y urbana?

Segunda lección: la gobernanza debe ser operativa, no solo legal.

Como recordó Luis Credidio en La Prensa, Panamá tiene marco legal y planes nacionales. Lo que falta es coordinación real entre instituciones. La ACP, el Ministerio de Ambiente y las comunidades locales han avanzado en comités de cuenca que funcionan porque el agua no entiende de siglas. En Guatemala seguimos discutiendo la Ley de Aguas mientras las contradicciones institucionales y la contaminación avanzan. La lección panameña es clara: una ley es necesaria, pero inútil si no crea un ente autónomo, con presupuesto y con poder real de coordinación cuenca por cuenca.

Tercera lección: tecnología con naturaleza, nunca tecnología contra naturaleza.

Panamá no solo construyó nuevas esclusas; invirtió en tinas de ahorro de agua, esclusajes cruzados y control de fugas. Pero nunca olvidó que la verdadera reserva está en los bosques de las cuencas altas. Propone nuevos reservorios y extracción controlada de aguas subterráneas, pero siempre con valoración económica que reconozca que el agua para consumo humano y ecosistemas no es menos valiosa que la que mueve barcos. Aquí en Guatemala seguimos pensando en grandes represas sin cuidar primero la recarga. Panamá nos enseña que la ingeniería debe ser social: eficiente y humilde ante el ciclo que ella misma modificó.

Cuarta lección: el cambio climático exige conciencia colectiva, no solo planes.

La distorsión de creer que el agua “siempre llueve” o “siempre hay” ya les costó caro a los hermanos panameños en 2023. Panamá respondió con restricciones dolorosas pero necesarias y con un Plan Nacional contra la Sequía. Guatemala y Centroamérica necesitamos pasar de la reacción a la anticipación: educación desde la escuela (el agua en la escuela y el agua en la vida, como vengo insistiendo), tarifas que reflejen el verdadero valor del recurso y una cultura ciudadana que entienda que cada gota que se pierde en el Canal o en nuestras tuberías es una gota que no regresa al ciclo social. 

El problema de la gestión del agua no es solamente un problema de tener o no una ley. Es un profundo problema social, educativo. Debemos tener la intención de cuidar el agua y luego debemos tener la capacidad de entender el ciclo social del agua en nuestros países, lo que significa entender la hidrogeología, la hidrología y la forma en que hemos abusado del agua. Es el momento de detenernos y replantear nuestra relación con el ciclo social del agua si queremos agua para el futuro. 

En el caso de Guatemala el problema fundamental es la contaminación. Hemos convertido nuestros ríos, lagos, fuentes, mares y acuíferos en basureros, receptores de contaminantes de todo tipo, desde heces hasta medicamentos. Esto debe detenerse inmediatamente a través de un plan de tratamiento y reúso integral del agua. Si seguimos ensuciando el agua, no habrá ciclo del agua que cuidar ni nuestros hijos y menos nuestros nietos tendrán agua. Por eso tratar y reusar el agua es la prioridad. Háganoslo ahora, porque si no lo hacemos ahora, no será nunca.

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