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Cualquiera dirá que no hay democracia que salvar en Guatemala por la decepción transgeneracional de gobierno en gobierno, de corruptos en corruptos. Pero no. Si bien el gobierno de Bernardo Arévalo llego al poder con muchas expectativas nuestras y no las ha cumplido, no se puede comparar con el gobierno del manipulador compulsivo, psicópata, chenco moral, homosexual escondido y defendido por los fariseos líderes de la iglesia evangélica rancia, no toda. No hay comparación entre Giammattei y Arévalo, ni con el payaso anterior, ni con el chafarote anterior y su ladrona vicepresidenta, ni hay comparación entre Arévalo y la eterna candidata de la corrupción y sus ministros con Colon, Sandra Torres. A Todos estos, menos a Arévalo, los UNE la corrupción.

Cuando uno escucha que el Ministerio de Educación logró un incremento de 150,000 alumnos a la educación primaria en un año, debe aplaudir y más si estos niños son del área rural. Cuando uno ve que se ha afrontado al capo de la educación Joviel Acevedo, quitándole la rectoría de la educación que le entregó Sandra Torres a través de su peón el Ministro de Educación de entonces y de su hermano, abogado del sindicato, quienes repartieron ganancias millonarias a cambio del control de las escuelas públicas guatemaltecas a través de un pseudo sindicato. El actual gobierno sí que afronta Acevedo y su clica y ojalá se investigue el origen transpresidencial de fondos, desde Sanra Torres y sus programas de Mi Familia Progresa hasta el enriquecimiento ilícito de ministros de educación y Joviel Acevedo, brazo de la corrupción de Portillo y Morataya, Colom-Torres, Berger, Pérez-Baldetti, Morales y el ratero de Giammattei, el peor. 

Lo peor de Giammattei no fue el multimillonario robo con las vacunas COVID, nunca investigado, ni la alfombra roja que sirvió para que volara la vieja corrupta del MP, no, lo peor es que nos dejó un rector de facto en la Universidad de San Carlos, antes autónoma, hoy cooptada. 

Si observamos desde Bernardo Arévalo, Karin Heerrera hasta sus ministros, usted no va a encontrar corrupción. Lo que se hereda es una corrupción estructural creada a la medida de los eternos dueños de la finca llamada Guatemala quienes en 1954 dieron golpe de Estado y crearon sus cámaras empresariales, que a la fecha siguen gobernando, usurpando fondos del Estado, como la parte rancia del CACIF. Estos se atrevieron a condecorar a Consuelo Porras. Con eso todo ya esta dicho. 

Guatemala vive un momento de crisis política, policrisis: captura institucional, impunidad enquistada y erosión democrática. En 2026, las elecciones de segundo grado definieron la Corte de Constitucionalidad y el TSE. Si el Pacto de Corruptos las controla, la democracia quedará reducida a una fachada hasta 2027 y más allá. Esta es la democracia que debemos salvar, la poca democracia que emerge en el 2023 con la llegada a la presidencia de un presidente democrático no corrupto. 

La USAC es el epicentro de esta captura: rector ilegítimo desde el fraude de 2022, más de 27 consejeros del CSU con plazos vencidos, criminalización de la resistencia y conversión de la universidad en herramienta para colocar magistrados afines al viejo sistema. No es una crisis universitaria aislada; es la vía sistemática para perpetuar el control del Estado.

Como señala Joan Subirats en su hermoso libro La Brecha entre Saber y Hacer (2026), vivimos en tiempos donde acumulamos más conocimiento científico y analítico que nunca, pero enfrentamos una impotencia política creciente. Sabemos mucho sobre corrupción, desigualdad y cambio climático, pero no logramos traducir ese saber en acción efectiva. Esta brecha entre saber (evidencias, investigación) y hacer (decisiones políticas, transformación real) amenaza las democracias. En Guatemala, la brecha se agranda: la USAC acumula saber académico, pero está desconectada del hacer democrático.

La resistencia universitaria —con el movimiento Dignidad y Rescate (DIRE) ya con mayoría con más de 100 electores del Cuerpo Electoral Universitario— ofrece la oportunidad de cerrar esa brecha desde la academia. Para eso, esta es una posible ruta: 

  1. Recuperar la USAC: del saber capturado al hacer democrático

El 8 de abril se elige rector: con 86 votos se gana, y ya se tienen.

Acciones inmediatas:

  • Elegir rector democrático, académico capaz y renovar el CSU conforme a la Ley Orgánica (reemplazar consejeros vencidos).
  • Sesiones públicas, sin pactos ocultos ni favores a Porras o el Pacto.
  • Transformar la USAC en espacio donde el saber científico se convierta en acción: investigación aplicada a problemas nacionales, no solo supervivencia política. Ya existen casos ejemplares en programas de investigación en la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia con el desarrollo de fármacos naturales, evaluación de calidad de medicamentos, gestión de residuos, gestión ambiental y otros o los del Centro Universitario de Occidente, en Quetzaltenango, con sus estudios del agua, laboratorio de agua, maestría en ciencia y tecnología del recurso hídrico. Hay ejemplos y se sabe hacer si hubiese una rectoría capaz y honesta. 

Esto rompe la pseudodemocracia universitaria y cierra la brecha: el saber deja de ser neutralizado y pasa a impulsar el hacer colectivo.

  1. Aprendizaje social: saber que se traduce en hacer democrático

La democracia no se hereda; se aprende. Subirats insiste en que, ante la policrisis, los científicos y las instituciones educativas deben participar activamente: no solo proveer evidencias, sino participar en debates y decisiones.

En la USAC esto significa:

  • Investigación en didáctica de ciencias, matemáticas y lectoescritura crítica para formar maestros que enseñen a vivir en democracia.
  • Programas técnicos pertinentes (agroindustria, energías renovables, salud comunitaria) que eleven la producción y participación de sectores marginados.
  • Educación cívica deliberativa: debates reales, análisis de información y prácticas democráticas que conviertan el saber en capacidad de acción colectiva.

Sin este puente entre saber y hacer, Guatemala no avanza hacia la Industria 2.0 y menos a la Industria 3.0, ni se libera de la cleptocracia y menos de la Autocracia que describe la autora Anne Appleabaum, que he analizado en entregas anteriores. 

  1. Despolitizar instituciones y diversificar la educación superior

Claramente las comisiones de postulación y la USAC no garantizan meritocracia. Subirats advierte que la democracia necesita voluntad y recursos para que el conocimiento sea relevante en lo político.

Propuestas:

  • Excluir universidades de comisiones de postulación (modelo UNAM).
  • Crear institutos tecnológicos y universidades regionales públicas (modelo ITUGS, ahora cooptado).
  • Meritocracia real: transparencia, evaluación pública y acceso equitativo sin elitismo, racismo ni clasismo.

Así se rompe la cadena de captura y se fortalece la democracia con saber que genera hacer efectivo. Este es el camino que debemos recorrer. Pero para caminarlo hay que dar el primer paso: Lograr que el Consejo Superior Universitario acredite a los cuerpos de electores que ya ganaron en las elecciones tanto con estudiantes, docentes y egresados y que realmente se dé la elección el 8 de abril y no se posponga. La lucha ahora mismo es que se acrediten ya los cuerpos electorales, sin esa acreditación que debe ser inmediata, no iniciaremos este fascinante viaje. Esta es tarea de todos los guatemaltecos, no solo de los universitarios. Hagámosla ahora, porque si no es ahora, no será nunca. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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