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En las últimas semanas, la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) ha sido testigo de un vigoroso despertar estudiantil y docente, especialmente en el Campus Central de Ciudad Universitaria y el Centro Universitario Metropolitano (CUM). Estudiantes y profesores han participado activamente en la Resistencia Universitaria, oponiéndose a la continuidad de Mazariegos como rector usurpador. Esta movilización no solo busca corregir irregularidades inmediatas, sino que representa un llamado profundo a transformar la educación pública superior en Guatemala.

Para entender el panorama actual, es esencial recordar los eventos del año 2022. En aquel entonces, el proceso electoral para rector se vio empañado por acusaciones de manipulación, donde se excluyeron cuerpos electorales opositores y se permitió votar solo a electores afines a Mazariegos. Investigaciones periodísticas documentaron cómo se eliminaron rivales y se reprimió a manifestantes para allanar su camino al rectorado. 

Mazariegos, por su parte, ha negado repetidamente cualquier fraude, argumentando que su elección fue validada por la Corte de Constitucionalidad (CC) y que no enfrenta investigaciones actuales. De hecho, esta semana juntó a los trabajadores administrativos y afines en el Estadio Revolución, para contarles esta patética historia de victimización. Sin embargo, esta defensa ignora evidencias de un «mecanismo político» que incluyó alianzas con el expresidente Alejandro Giammattei, quien necesitaba magistrados complacientes en la CC. Como resultado, el Ministerio Público (MP) armó casos falsos, como «USAC: Botín Político», para intimidar a la oposición, dejando procesos abiertos contra muchos participantes de la resistencia.

Esta persecución generó un clima de miedo, pero no extinguió el espíritu universitario. Al contrario, fortaleció la determinación de estudiantes, docentes y egresados por recuperar la autonomía de la USAC.

Hoy, a medida que se acercan las elecciones para rector el 8 de abril de 2026, la Resistencia Universitaria ha logrado avances significativos. En facultades como Medicina, Farmacia, Veterinaria y Arquitectura, las planillas opositoras han ganado la mayoría de los cuerpos electorales, tanto estudiantiles como docentes. Matemáticamente, esto complica la reelección de Mazariegos, ya que reduce su base de apoyo en el proceso electoral.

No obstante, persisten maniobras para sabotear el proceso. En Odontología, las elecciones fueron anuladas sin justificación clara. En Ingeniería, la segunda vuelta de docentes se vio interrumpida por la ausencia intencional de miembros de la Junta Directiva. Estos incidentes reviven los temores de fraude, similares a los de 2022, donde se utilizaron fuerzas armadas para bloquear electores opositores.

En los colegios profesionales, la situación es mixta. Algunos tribunales electorales han rechazado inscripciones de planillas opositoras con argumentos realmente ridículos, como en el Colegio de Ingenieros Agrónomos. En ese adujeron que los miembros de la planilla de la resistencia no documentaron que eran egresados de la USAC a pesar de haber incluido copia certificada de sus títulos profesionales de la USAC. ¡Como si no se conocieran después de décadas de trabajo conjunto! A la ingeniera agrónoma miembro de la planilla le adujeron que no utilizó su apellido de casada. ¡Qué barbaridad! En el Colegio de Arquitectos dijeron que no podían aceptar constancias de colegiados activos que tenían fecha anterior a la fecha de la convocatoria y dieron un procedimiento oscuro para subir dicha constancia a la plataforma del colegio. ¡Qué ridículo! Como si no tuvieran información en el mismo colegio de quienes están activos y quienes no. 

Todos estos procedimientos medievales muestran que estos colegios profesionales están cooptados por la corrupción. Sin embargo, amparos judiciales han revertido algunas decisiones irracionales e ilegales de estos colegios, permitiendo la participación de grupos como Dignidad y Rescate USAC (DIRE). Esto marca un leve cambio en el sistema de justicia, que en el 2022 ignoró todos los amparos. ¡De hecho, se ignoraron más de 20 amparos de entonces! Sin embargo, colegios como el Colegio de Ingenieros de Guatemala y el Colegio de Ingenieros Químicos siguen cooptados, negando inscripciones ilegalmente.

Al atardecer de ayer viernes 27 de febrero, un miembro de la planilla que apoya al usurpador a la rectoría de la USAC en el Colegio de Arquitectos renunció y con ello se les viene la noche encima a quienes han mantenido cooptada a la Universidad Nacional. Otro hecho inspirador que muestra el amanecer en la San Carlos es la actitud de lucha de los estudiantes de la Facultad de Odontología, quienes en Ciudad Universitaria caminaron en señal de protesta durante horas, una facultad que usualmente no realiza estas actividades pero que como respuesta a la violación a su derecho de votación han decidido protestar. La protesta y la propuesta son señales del amanecer en la San Carlos.  

Aunque la Resistencia ha ganado terreno, no hay que subestimar las tácticas del actual rectorado. En el año 2022, a pesar de que el candidato opositor Jordán Rodas tenía mayoría, se impidió el ingreso de electores y se eliminaron cuerpos ganados legalmente mediante acuerdos espurios en el Consejo Superior Universitario (CSU). Hoy, con muchos de los mismos miembros en el CSU y con una mayoría de miembros con puestos vencidos, podría repetirse el patrón: anular quórums o invalidar resultados para reducir el número de electores necesarios para una reelección.

La comunidad universitaria debe permanecer vigilante. Ganar la rectoría es solo el primer paso; recuperar el CSU a corto plazo es crucial para desmantelar la corrupción estructural.

Más allá de la elección inmediata, debemos replantear el rol de la USAC en la sociedad guatemalteca. Las universidades públicas no deben servir a intereses políticos, sino al pueblo. En ese sentido hay que despolitizar a las universidades, excluyéndolas de las comisiones de postulación para evitar alianzas corruptas. Hay que revisar ejemplos de cambios universitarios en algunas reformas en universidades latinoamericanas como la realizada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se prioriza la autonomía académica.

Hay que mejorar la vida académica por medio de actualizar programas para aumentar el acceso, permanencia y graduación. Actualmente, la tasa de graduación en la USAC es baja (alrededor del 10% en algunas facultades, según datos históricos), por lo que hay que implementar programas cortos, técnicos y tecnológicos, inspirados en modelos como los institutos tecnológicos de Costa Rica, que han elevado la empleabilidad.

Urge mejorar la cobertura por medio de crear institutos de educación superior pública y universidades públicas regionales en todo el país, enfocadas en investigación científica, tecnológica y humanista. Esto combatiría el elitismo, racismo y clasismo actual, donde la USAC extrae recursos públicos sin retribuir equitativa ni eficientemente, ni pertinentemente.

Hay que fomentar un sistema meritocrático, con evaluaciones transparentes y participación democrática, para que la universidad sirva al desarrollo nacional y no a élites. Las evaluaciones no deben delegarse en acreditadoras que reciben dinero para hablar bien de la institución. 

La lucha por la USAC es por un sistema de educación público superior pertinente, eficiente y accesible. Estudiantes, docentes y egresados: permanezcan alerta para recuperar nuestra universidad nacional. Esta semana es el turno de los egresados desde sus colegios profesionales. Recuperemos a la Universidad de San Carlos de Guatemala, Nacional y Autónoma. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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