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Nuestras vidas pueden resumirse también como las oportunidades perdidas que, sin notarlo, hemos dejado escapar, para luego arrepentirnos de aquello que se fue y no volverá jamás. Hemos perdido tiempo, dinero, personas, pero lo que más duele es cuando comprendemos las oportunidades perdidas como personas, como pueblo y como país.

Voy a presentar un listado reflexivo de algunas oportunidades perdidas, no exhaustivo, sino más bien oportunidades estratégicas que pudieron cambiar el rumbo de nuestros pueblos. Empezaré con el puerto de Champerico.

El puerto de Champerico, ubicado al sur de la cabecera departamental de Retalhuleu y originalmente llamado Ixtlán, fue habilitado para el comercio de importación y exportación en 1871 por el presidente Miguel García Granados, quien firmó el decreto en la ciudad de Quetzaltenango. Según registros históricos del Archivo General de Centro América y fuentes como el blog de la Comisión Portuaria Nacional (CPN), el gobierno entregó inicialmente la administración del puerto a finqueros occidentales y particulares de Quetzaltenango. Los principales productos de exportación eran el café, la madera, el cacao y el banano, formando parte de una visión estratégica para el desarrollo de Los Altos, una región que se había expandido de manera pujante a inicios del siglo XIX, pero que fue bloqueada por el poder central chapín.

El puerto, como todos los puertos, ofrecía oportunidades de desarrollo sin igual, y por eso García Granados lo impulsó. Aún recuerdo el viejo muelle con pilotes de hierro que penetraban unos 200 metros en el mar. Hace apenas 50 años, funcionaba con dos atracaderos para lanchas, lanchones y barcos pequeños de no más de 50 toneladas. La carga se movía por remolcadores, pero el puerto fue abandonado gradualmente desde hace décadas, según informes de la CPN.

Este puerto debió conectarse al truncado proyecto del Ferrocarril de los Altos, 1930, un ferrocarril eléctrico que salía de Quetzaltenango hacia la Costa Sur y apenas llegó a San Felipe Retalhuleu. La oportunidad perdida fue no extender ese ferrocarril para conectar Champerico de sur a norte y de este a oeste, posicionándolo como un punto estratégico de desarrollo.

Datos del Banco de Guatemala indican que, en su apogeo a fines del siglo XIX, puertos como Champerico facilitaban hasta el 20% de las exportaciones cafeteras del occidente, pero hoy su contribución es marginal, sino nulo.

La falta de atención al puerto de Champerico lo llevó a un colapso y olvido total, arrastrando consigo al pueblo mismo. Urge insertar a Champerico en un plan integral de mejora de puertos e infraestructura, incluyendo dragado y mantenimiento. Para ello, se podrían buscar alianzas con países interesados en depositar mercancías aquí para distribuirlas al suroccidente de Guatemala, recordando aquellos gobiernos visionarios que, en 1886, firmaron convenios con empresas navieras y turísticas para conectar el puerto con el Canal de Panamá y el puerto de San Francisco, California.

La reconstrucción del puerto de Champerico debe ir asociada a la reconstrucción de las carreteras del suroccidente, así como a un ferrocarril moderno. Por ejemplo, un estudio de viabilidad podría estimar un costo inicial de Q500 millones para extender el ferrocarril desde San Felipe hasta Champerico, financiado mediante alianzas público-privadas con inversionistas mexicanos, similar al proyecto de zona franca anunciado en 2020 que abarca 96 manzanas de terreno. Pero se requiere que se recuperen las líneas férreas de todo el país. Esto agilizaría el transporte de mercaderías y bienes, potenciando nuestra relación con el sur de México. Datos del Banco de Guatemala para 2023 muestran que las exportaciones guatemaltecas al sur de México crecieron un 15%, pero sin infraestructura adecuada, perdemos competitividad frente a puertos como Veracruz no digamos el puerto Chiapas, también conocido como puerto Madero.

El puerto no solo generaría actividad comercial, sino también actividad cultural fundamental. Estos proyectos no pueden separarse de la educación técnica requerida: formación en navegación naval, mantenimiento mecánico de naves, ingeniería ferroviaria, ingenierías mecánicas e industriales. Se podría colaborar con instituciones como el CUNOC, esto es el campus de la Universidad de San Carlos en Quetzaltenango para ofrecer programas certificados, generando empleos en la región. Esto sacaría del subdesarrollo no solo al abandonado pueblo de Champerico, sino al suroccidente guatemalteco entero.

No podemos seguir desperdiciando oportunidades. Recuperemos el puerto de Champerico. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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