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El mundo actual es el producto de todas las ingenierías. Desde las ingenierías antiguas que también construyeron puentes, pirámides, acueductos, sistemas de transporte que cambiaron al mundo y con ello cambiaron nuestra vida. Ciertamente, desde que uno se levanta hasta que se acuesta, tiene contacto con los productos de la ingeniería: La cafetera, la cama, etcétera. Desde que uno nace hasta que muere uno tiene contacto con productos de la ingeniería, el carruaje del bebé, las construcciones del cementerio. Desde las pequeñas obras de ingeniería, el celular, hasta las grandes obras, la nave espacial o el Canal de Panamá, todas transforman profundamente nuestra vida.

A pesar de que la ingeniería es fundamental para la sociedad, hay muchísimos más abogados que ingenieros, no porque los abogados no sean importantes para la sociedad, lo son. México tiene casi 350 abogados por cada cien mil habitantes y 16 ingenieros por cada cien mil habitantes. Esta historia se repite en toda América Latina. Realmente se requieren muchos más ingenieros, pero dicho crecimiento está afectado por al menos tres factores: 1) una concepción de la ingeniería como que requiere mucha matemática, 2) una visión de que los ingenieros solamente trabajan con máquinas y 3) falta de desarrollo tecnológico y de empresas que diseñen en América Latina.

La mayoría de las facultades de ingeniería de América Latina ven a la ingeniería como matemática aplicada y eso es un terrible error. Esta concepción tiene un efecto negativo desde los exámenes de admisión que sobre enfatizan la matemática, aunque importante no es lo esencial. Lo esencial son las actividades de la ingeniería, curiosidad tecnológica, diseño, administración, construcción. De los pocos alumnos que logran superar los exámenes de admisión de ingeniería, luego tienen dos años de filtros de matemática que no solamente no dejan crecer las carreras de ingeniería, sino que no construyen ingenierías que puedan apoyar el desarrollo tecnológico y social de los países de América Latina.

La otra visión de que los ingenieros son «fríos» y que solamente trabajan con máquinas es equivocada. Según estudios, como los realizados por S. Sheppard en la Universidad de Stanford o los documentados en el libro de L. Buciarelli Ingenieros Diseñando, indican la naturaleza social de la ingeniería. De tal forma que la nueva formación de ingeniería debe desarrollar capacidades de trabajo en equipo, diseño conjunto, solución de problemas sociales a partir de entender a las comunidades donde sus artefactos deberán funcionar. Nuestros colegas en el Instituto CINARA, un instituto de agua y saneamiento de la Universidad del Valle de Cali Colombia, diseñan soluciones a los problemas del agua incluyendo las concepciones y soluciones de los mismos habitantes de las comunidades. Esto refleja la naturaleza social de la ingeniería.

El tercer problema es que América Latina realmente no desarrolla tecnología propia o desarrolla poca ingeniería porque realmente somos codependientes tecnológicamente hablando. Si necesitamos una máquina para hacer salchichas, chorizos o longanizas la traemos de Alemania. ¡Vaya barbaridad! Y eso se repite en casi todos los procesos industriales, mecánicos y hasta en infraestructura. Agregado a eso los Colegios Profesionales, tal como el Colegio de Ingenieros y el Colegio de Ingenieros Químicos, poco hacen por mejorar la motivación a estudiar ingeniería y poco por mejorar realmente la capacidad profesional de sus agremiados, así como de fortalecer la función social de la ingeniería.

Aunque existen excelentes ingenieros e ingenieras en Guatemala, pero hay firmas importantes de ingeniería, el entendimiento público de la ingeniería es casi nulo mientras sigamos viviendo en un país que no quiera desarrollar su propia tecnología. Junto a eso, mientras los Colegios Profesionales sean espacios para hacer fiestas o politiquería, el entendimiento público de la ingeniería no mejorará. Todas esas son tareas pendientes de los y las ingenieras guatemaltecas que hoy celebran su día.

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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