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La crisis de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Usac, no es un problema aislado de esa institución. Es el síntoma de un sistema de educación superior que, aunque no se nombra como tal, ha sido armado a capricho de intereses oscuros, ignorando las verdaderas misiones de la universidad en Guatemala. Ahora, en enero de 2026, con el plazo para elegir un nuevo rector agotándose y el Consejo Superior Universitario (CSU) en pleno desacato a la Corte de Constitucionalidad (CC), la Usac se hunde en un abismo que amenaza no solo su autonomía, sino la democracia misma del país.

La Constitución de la República asigna a las universidades el desarrollo de la educación superior para formar profesionales, impulsar la investigación científica, difundir la cultura y resolver problemas nacionales (artículos 82 al 90). Distingue entre públicas y privadas, pero esta división es un chiste en nuestro pseudosistema, donde el Estado financia a ambas, priorizando a la única universidad nacional: la Usac. Este «sistema» ha creado un monopolio de la educación pública superior, lo que ha convertido a la Usac en un botín político, expuesta a manipulaciones que ninguna institución académica debería sufrir.

Desde su fundación en 1944 —no en 1676, como algunos insisten en romantizar—, la Usac surgió como un bastión autónomo, parte de un movimiento latinoamericano contra el intervencionismo de dictadores. Nació de una revolución popular, convirtiéndose en una entidad revolucionaria en crisis perpetua. Primero, su rol en la contrarrevolución le costó más de 30 años de persecución. Según informes internos de la Usac y datos de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), la guerra civil dejó cientos de profesores y estudiantes asesinados, desaparecidos o exiliados por la represión de la derecha extrema entre 1960 y 1990. En esos tiempos, la Usac era vista como un faro de izquierda, aliada de las causas populares.

Pero toda esa historia de lucha, esa garra indomable de la Universidad Nacional, ha sido mancillada, escupida y pisoteada por lo que ocurre desde la usurpación de la rectoría en 2022. Sí, ya sé que algunos dirán que la crisis arrancó con la inclusión de la Usac en las Comisiones de Postulación desde 1990, y la sucesión de rectores más metidos en politiquería que en academia. Pero nunca habíamos visto una elección tan fraudulenta y un rector tan descarado como Walter Mazariegos, sin un ápice de mérito académico, científico o tecnológico.

La inclusión de las universidades en esas comisiones, con la ilusión ingenua de que aportarían equilibrio académico a un proceso político, fue un error fatal. Todas perdieron, pero la Usac fue la más golpeada, cargando con el peso de elegir magistrados de la Corte de Constitucionalidad, fiscal general, TSE, contralor y más. Estos puestos son pilares de la democracia guatemalteca, pero en manos universitarias se volvieron mercancía barata: favores políticos y transacciones sucias en un sistema de elecciones de segundo grado que colapsó hace rato.

En noviembre de 2025, la Misión Especial de la OEA exigió a la Usac regularizar el CSU de inmediato, clave para elecciones transparentes en 2026. Pero nada. El CSU, dominado por representantes caducos que respaldan a Mazariegos, ignora órdenes judiciales. La CC ya ordenó realizar elecciones internas, pero el CSU actúa como si estuviera por encima de la ley. Esto empezó con la fuerza bruta que impidió el voto a simpatizantes de SOS, que proponían a Jordán Rodas como rector.

Desde que Mazariegos tomó el control, han cambiado reglamentos a su antojo, persiguiendo a profesores disidentes y extinguiendo el pensamiento crítico en la universidad pública. Llegaron al colmo de reglamentar, en el Punto Séptimo del Acta 7.2 No. 05-2025 del CSU (12 de marzo de 2025), que no contratarán a profesores con casos judiciales contra la Usac. Y peor: si un abogado defiende a un trabajador en tales casos, tampoco lo contratan. ¡Vaya dictadura disfrazada de autonomía!

El fondo del problema es el diseño constitucional defectuoso: asignar roles políticos a entidades académicas. Y el otro: el monopolio de la educación superior pública, con una sola universidad estatal. Esto fue común en Latinoamérica, pero países vecinos lo superaron creando instituciones especializadas.

Para ilustrar, veamos una comparación sencilla:

País Universidades Públicas (2026) Modelo de Gobernanza Resultados Clave
Guatemala 1 (USAC) Monopolio con rol político constitucional Crisis perpetua, cooptación y desacato judicial
Panamá 5 (UP, UTP, UNACHI, UDELAS, UMIP) Especializadas por región y tema (tecnológica, marítima) Mayor cobertura, innovación y descentralización
Costa Rica 5 (UCR, UNA, UNED, TEC, UTN) CONARE para coordinación y distribución equitativa del FEES Gobernanza excelente, equidad y alto impacto académico

 

En Panamá, partieron de una sola en 1981 y ahora tienen cinco focalizadas. Costa Rica, con su Conare (Consejo Nacional de Rectores), asegura rendición de cuentas y presupuestos transparentes —un modelo que Guatemala debería copiar ya.

La crisis de la Usac es de diseño puro. Se resuelve rediseñando un sistema nacional de educación superior: crear nuevas universidades públicas diferenciadas (tecnológicas, regionales, de ciencias sociales) que rindan cuentas del presupuesto estatal. Sacar a las universidades de las comisiones de postulación, inspirándonos en México, donde reformas recientes priorizan meritocracia ciudadana sobre instituciones cooptadas. Detallemos: una ley específica para elecciones de segundo grado con supervisión social independiente, paneles mixtos (academia limitada, sociedad civil ampliada) y plazos estrictos para evitar manipulaciones.

Presidente, vicepresidenta, ministra de Educación: ¿Seguirán sordos ante este desastre de gobernanza? Diputados: ¿Seguirán indiferentes a la corrupción en las comisiones que usan universidades como marionetas? Colegios profesionales: ¿Seguirán ciegos ante el uso ilegal de instituciones para elecciones de segundo grado? Profesores universitarios: ¿Seguirán en silencio? Propongamos alternativas ya, como México nos mostró.

Es hora de cambiar cómo hacemos elecciones de segundo grado en Guatemala y liberar a las universidades de este lodazal politiquero. Zapatero a tus zapatos: que las universidades vuelvan a la academia, la investigación y la solución de problemas nacionales. Busquemos formas que no beneficien solo a corruptos. Cambiemos esto ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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