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La guerra civil realmente afectó negativamente a la Universidad de San Carlos, USAC, tanto muerto, tanto desaparecido, tanta tortura de los grupos militares y paramilitares como la G2, temible policía judicial caracterizada por su saña y furia, solamente comparada por sus compañeros los kaibiles asesinos guatemaltecos que dejaron llena de sangre la historia de Guatemala entre 1960 y 1990 con 200,000 muertos y desaparecidos, si, doscientos mil muertos sin razón y sin sentido. Todavía en 1989 arremetieron contra decenas de estudiantes universitarios, principalmente de ciencia política y de psicología, jovencitos de apenas 18 a 22 años, que su único pecado era querer un país más justo, más humano. Esta historia no la conoce el actual usurpador de la rectoría, un narcisista compulsivo, ente ahistórico, que de destazador de rastro pobrepasó a decano de una Facultad que dejó sin Facultades, esto es, destazador universitario.

La guerra civil terminó con los Acuerdos de Paz, 1996, una pantomima internacional que no resolvió los problemas estructurales del país, que vio cómo la pobreza aumentaba y con ello la desnutrición y el abandono del Estado. La presidencia quedó en manos de Álvaro Arzú, el vivo reflejo del neoliberalismo que privatizó todo cuanto pudo. Con esta visión neoliberal la educación se transformó en una mercancía, esto es, de ser un bien público se convirtió en ser un bien privado. Eso se refleja en el desapego de la Universidad de San Carlos, su indiferencia a los problemas sociales a partir de inicios del presente siglo, pero también se refleja en las mismas dinámicas estudiantiles y docentes.

El Siglo XXI ha sido testigo de un nuevo egoísmo, esto es, una tendencia de las sociedades humanas, de sus actores a ser individualistas, exacerbado por redes sociales que lucran con el individualismo y narcicismo. Desde las actividades educativas dentro de las aulas universitarias, antes repletas de actividades sociales con significados concretos a espacios para el individualismo donde el lema es de «sálvese quien pueda», esto de parte de docentes y estudiantes. A nivel macro eso se refleja en una institución universitaria desconectada de problemas sociales.

Ciertamente aún tenemos buenos investigadores, pero sus actitudes reflejan una desconexión con lo social, con las problemáticas reales del país. Se hace poca investigación científica y quienes la hacen, en su mayoría, son tecnócratas, insensibilizados de la problemática social porque viven en un país con el 60% de pobreza, 50% de desnutrición infantil, 90% de sus fuentes de aguas contaminadas y atestado de corrupción por todos lados, 90% de graduandos de secundaria que no saben matemática, incluyendo la estructural ausencia de aprendizaje significativo dentro de las repetitivas aulas de la mayoría de las universidades.

Así nos encontramos en un momento crítico para la única universidad pública de Guatemala. Creo que ya es el momento que este país de 20 millones de habitantes tenga otras universidades públicas porque la USAC no va a salir de su propia crisis. No porque no existan personas que no tengan claridad sobre cómo sacarla de la crisis sino porque los intereses politiqueros están tan enraizados en la USAC, intereses de quienes requieren una institución cooptada, que no la podremos sacar adelante. No es posible seguir teniendo un país sin un sistema de educación superior, sin un Ministerio de Educación superior que organice a las 15 universidades existentes y a la Universidad Juan José Arévalo, la nueva universidad de Walter Mazariegos, diseñada por su lacayo académico que tiene en secreto.

El control, esto es, la aprobación de nuevas universidades privadas por ley le corresponde al Consejo de la Enseñanza Privada Superior, el cual se integra con dos delegados de la Universidad de San Carlos de Guatemala, dos delegados de las universidades privadas y un delegado electo por los presidentes de los colegios profesionales que no ejerza cargo alguno en ninguna universidad. A juzgar por la forma discrecional en la que ha actuado, este concejo es solamente un requisito que se dedica a autorizar universidades a compadre hablado. No hay ningún sistema de control de la calidad y menos de la ética universitaria.

Tome el caso de la universidad Regional, la universidad del exrector, encarcelado, Estuardo Gálvez, que tanto daño le hizo a la USAC y sin embargo le dio tiempo para tener sicarios intelectuales que hacen los pseudo estudios para aprobar universidades nuevas, diagnósticos de mentiras, ofertas impertinentes de la carrera estrella de todas las nuevas universidades: Derecho. ¿Por qué? Porque eso les permite participar del cooptado y corrupto sistema de justicia en la elección de altas cortes. No son universidades para educar, son para robar

Por eso es importante crear estrategias no para salvar a la USAC, no, sino más bien para crear condiciones de emergencia de otras universidades públicas pertinentes y despolitizadas de politiqueros, así como de programas de educación superior que sirvan para mejorar las capacidades de los y las guatemaltecas y de paso mejorar ostensiblemente a la Universidad de San Carlos. Tenemos un país de 20 millones de habitantes donde apenas el 4% de la población en edad universitaria está en alguna universidad, eso es un pecado o como quiera llamarle a esa falta de oportunidades de formación en educación superior pertinente.

La creación de un nuevo sistema de educación superior no se hace sola y no saldrá de quienes tienen cooptada a las universidades guatemaltecas con fines politiqueros. Para hacer este diseño se requiere de los mejores académicos que tiene el país, Ojalá el Concejo Nacional de Ciencia y Tecnología, CONCYT, quiera tomarse esta tarea con el liderazgo del presidente y vicepresidente, así como con diputados que quieran animare a cambiar el futuro universitario de este lastimado país nuestro hasta en asuntos educativos y de investigación científica. Hay mucho por hacer, pero alguien debe tomar la batuta de la transformación o acaso que Semilla ganó para pasar el agua. No. Hay que mejorar la educación superior guatemalteca para que deje de ser un espacio de universidades corruptas, ineficientes y de dudosa capacidad académica para convertirse en algo pertinente y decente. Hagámoslo presidente, vicepresidente, diputados, ministras y ministros, académicos honestos guatemaltecos. Hagámoslo ahora porque si no es ahora, mañana será muy tarde.

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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