Esta semana el gobierno del presidente Bernardo Arévalo anunció un nuevo programa de becas para educación superior. Esta iniciativa de 250 millones de quetzales, que se irá incrementando año con año, es fundamental para el desarrollo de la juventud guatemalteca y a la vez plantea la urgencia de revisar a la misma educación superior.
Sin becas, sin ese importante apoyo, mi vida hubiese sido diferente. Ciertamente, un primer paso fue el apoyo a mi llegada a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos y mi despertar académico. Era una universidad comprometida con la sociedad y teníamos, entonces, profesores que reflejaban los modelos de personas honestas y preparadas para una ingeniería pertinente, 1980. Pasar del bachillerato a la universidad fue un despertar total. Entonces como producto de políticas retrógradas de centralización de la educación superior en Quetzaltenango solamente había un año de ingeniería. Ya incorporado en Ciudad de Guatemala, con la dinámica de vivir en pensionado, la Facultad me permitió incorporarme como ayudante de cátedra, una especie de beca que apoyaba mis estudios y me permitió compartir con físicos, matemáticos e ingenieros guatemaltecos y de varios países del mundo.
Un segundo paso fue el apoyo del Servicio Alemán de Intercambio Académico, DAAD y luego el apoyo del pueblo de los Estados Unidos a través de la beca Fulbright, esto me permitió dedicarme a tiempo completo al trabajo académico para realizar mi maestría y mi doctorado. Yo soy el producto de la educación pública, siempre, toda, desde la primaria, la secundaria y las universidades en las que he estado estudiando y trabajando, todas han sido universidades públicas. Yo proveniente de una familia de clase media con una mamá maestra de educación primaria que siempre tuvo expectativas altas para con nosotros y siempre nos apoyaba en las tareas escolares, haciéndonos críticos. Mi papá por el otro lado era una persona práctica, mecánico de autos y de la vida, también inculcaba un pensamiento crítico permanentemente. Pero los estudios de posgrado eran realmente inaccesibles económica y socialmente, por eso celebro la creación del programa nacional de becas.
El plan Becas por Nuestro Futuro es un fondo nacional para completar estudios universitarios o de especialización, no es como dicen los golpistas el ofrecimiento de becas que ya existían en la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (SEGEPLAN). Este llamado Fondo Nacional de Becas (FONABE) es fundamental porque se han ubicado 250 millones de quetzales. Esto es trascendental. En un país donde existen enormes desigualdades, con casi un 60% de pobreza, con un 50% de desnutrición infantil, la educación superior resulta inalcanzable a la gran mayoría de personas. La misma forma en que se ha estructurado la educación superior en Guatemala al ser identificada con educación universitaria ha hecho que sean las universidades las que se dediquen a la educación superior. En otros países hay un sector de la educación terciaria que no necesariamente está siendo brindada por las universidades.
El fondo de becas es importantísimo y programas similares llevan decenas de años en otros países de América Latina. México creó hace 25 años el Programa Nacional de Becas para la Educación Superior en el gobierno del presidente Fox, un programa que ha apoyado a millones de mexicanos. Panamá fundó el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU), fundado hace 60 años, 1965, por el presidente Arosemena. ¡Válgame Dios! Así que realmente estamos atrasados, pero como dice el refrán, más vale tarde que nunca. El apoyo para que las personas accedan a estudios de educación superior se refleja en los índices de participación en dichos países.
Para medir el acceso a la educación superior se utiliza el indicador de «cobertura bruta», esto es el número de personas que se encuentran matriculadas en algún programa de educación superior dividido dentro del número de individuos entre 18 a 22 años. En México el 2023 fue del 42%, en Costa Rica el 52% Panamá alcanzó el 50% y Colombia el 54% como informa el Banco Interamericano de Desarrollo BID. En Guatemala informan que en el 2010 ese índice era el 10.1%1. En Guatemala se reporta apenas el 12% para el 2023, una de las más bajas de América Latina y como no si este indicador en Japón es del 82%. Pero el otro problema no es solamente el dato de este índice, cobertura bruta de acceso a la educación superior, sino que en Guatemala crece muy despacio en relación al resto de países en América Latina. Se informa que en América Latina está creciendo a un promedio de 1.5 puntos por año, o sea del 2010 al 2020 debió crecer del 10% al 25% en Guatemala, pero solamente creció 2 puntos, del 10% al 12%.
No hay que confundir este indicador «cobertura bruta» con el porcentaje neto de personas que han tenido educación superior. Para Guatemala al 2023 el 12% es «cobertura bruta» en relación a la población de 18 a 24 años (para Guatemala el indicador fue calculado para este rango de edades). Si se considera a toda la población, entonces el porcentaje es apenas del 2.5% en relación a los matriculados en el 2023 según los datos del INE, Instituto Nacional de Estadística. Esto refleja un enorme problema en el acceso a la educación superior de universidades elitistas que se han construido no con fines sociales, como el grupito de universidades que hacen facultades de derecho para elegir cortes y tener poder político, que distorsión. Este 2.5% también refleja el desinterés de todas las universidades por atender grupos vulnerables que claramente han sido identificados en esta lastimada Guatemala. Pero este triste 2.5% refleja también el desinterés del gobierno, del Ejecutivo y del Legislativo en afrontar el problema estructural de la educación pública superior.
Seguramente que el programa de becas va a ayudar y muchísimo porque los pocos estudios que tenemos sobre acceso, permanencia, deserción y graduación en las universidades guatemaltecas han identificado el factor económico como uno de los principales problemas. Pero no solamente es un problema financiero de tener dinero para acceder, es de que existan universidades pertinentes, sensibles, enfocadas al desarrollo humano y eso la mayoría de las universidades no lo tienen porque se han convertido en un negocio incontrolable, ya que no hay nada que las gobierne. Por eso es que el problema del acceso a la educación superior también requiere un replanteamiento de todas las universidades guatemaltecas que son, repito, elitistas, racistas, clasistas y aunque algunas tengan programas ejemplares, la estructura del pseudo sistema de educación superior no les permite ser pertinentes ni eficientes. Por eso, debe arreglarse urgentemente la educación superior en Guatemala, en especial la de la Universidad de San Carlos, una institución cooptada hasta los dientes.
Presidente, usted ya se reunió en la Universidad del Valle en octubre pasado con jóvenes universitarios y les anunciaba este importante fondo de becas. Este es un excelente paso. Pero hay que atender otros problemas de la educación superior, especialmente de la educación pública. Que no sea la autonomía universitaria excusa para no replantear un nuevo sistema de educación público superior para que realmente los y las jóvenes tengan oportunidades verdaderas. La vicepresidente Herrera tiene conocimiento de primera mano de la universidad estatal cooptada por la corrupción, así como algunos diputados que podrían apoyar en esta importantísima tarea porque si no el fondo de becas será como sembrar en el mar. No se puede, no se debe, no se vale que la nueva democracia no le ponga una especial atención a la recuperación de la educación pública superior. Hay que hacerlo ahora presidente y vicepresidente, diputados, después será demasiado tarde. Hagámoslo porque si no es ahora, no será nunca.
1Véase el excelente artículo de Alfredo Tobar: La educación superior en Guatemala en la primera década del siglo XXI. Revista Innovación Educativa, vol. 11, núm. 57, octubre-diciembre, 2011, pp. 69-80 Instituto Politécnico Nacional Distrito Federal, México.