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Las noticias corrieron velozmente por todos los medios de comunicación, las radioemisoras, televisoras y los noticieros independientes, así como las redes sociales informaron a la población sobre los últimos acontecimientos, dichas noticias se tomaron sin darles mayor relevancia a los sucesos que se desarrollaban en los centros penitenciarios, pues como ha sido la costumbre, todo pasa y nada pasa en esas dimensiones.

Lamentablemente debemos reconocer que las autoridades penitenciarias y de la Policía Nacional han fallado en la misión que por ley se les asignó desde su creación; los motivos han sido varios desde el principio de sus actividades; lo anterior no es que yo lo diga de mala fe, es la Historia de Guatemala la que nos muestra el desarrollo de dichas instituciones a lo largo de su servicio a la población.

Desde que tengo uso de razón, siempre se han evadido los reclusos de los centros de detención, es decir que no es algo nuevo que recién el año pasado más de veinte se hayan fugado, porque no hubo fuga, todos salieron por la puerta principal; es decir, que los dejaron salir.

La problemática penitenciaria presenta muchos ángulos: desde la impericia de los guardias, falta de educación de los mismos, desconocimiento de procedimientos, inconsistente formación técnica y sobre todo la falta de conceptualización de valores, más la pobreza económica de su origen social, hacen posible que piensen en la forma fácil de obtener dinero a cambio de favores a los privados de libertad.

La oleada de ataques mortales a los agentes de la Policía Nacional Civil en la ciudad capital y municipios aledaños por parte de los pandilleros motivó a los cuerpos de seguridad y bomberos a prestar el auxilio inmediato a las víctimas, en algunos casos llegó demasiado tarde su presencia y no se les pudo salvar la vida.

La ciudad entró en pánico y casi por arte de magia las calles y avenidas se tornaron solitarias recordando la época de la pandemia; principió a imperar el terror; es decir, el miedo intenso a ser alcanzado por algún ataque a la población civil. En pocas palabras: el domingo llegó el terror a la ciudad y por ende también a los departamentos y municipios donde hay presencia policial.

Ayer fue el día en que el ulular de las sirenas se escuchó casi todo el día en las distintas zonas de la ciudad, las ambulancias iban y venían con su cargamento humano buscando los hospitales más cercanos tratando de llevar a las víctimas hacia un lugar donde pudieran recibir atención médica y salvarles la vida.

La herencia de anteriores gobiernos en materia de seguridad es nefasta al día de hoy, pues la realidad en que vivimos nos hace padecer de angustia, terror y miedo, circunstancias que limitan el accionar económico de la población en sus actividades diarias, incluyendo sábados y domingos, por lo que el comercio se retrae considerablemente.

En el imaginario popular actual, estos motines y asesinatos son obra preconcebida de políticos que perdieron gran parte del poder gubernamental y que manipulan a diferentes sectores como mercados, transporte público, maras, sicarios, incluso a pseudo sindicalistas con el fin de hacer ver a la población que el actual gobierno no tiene personal capacitado para dirigir las instituciones encargadas de la seguridad del país en lo que es una clara acción de pretender desestabilizar al gobierno actual.

Fernando Mollinedo

mocajofer@gmail.com

Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

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