Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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Emilio Matta Saravia
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Antes de iniciar, deseo expresar mis más sentidas condolencias a las familias de los migrantes que perdieron la vida la semana pasada en Chiapas y mi solidaridad con los sobrevivientes del fatal accidente.

En mi entrega de la semana pasada, hacía alusión a la muy lamentable participación del mandatario Alejandro Giammattei en la 51ª Conferencia Anual de Washington sobre las Américas, producto de su berrinche por no ser invitado a la Cumbre por la Democracia organizada por el presidente Biden en la misma ciudad.  Igual de penoso ha sido el concurso de los adláteres del mandatario en distintos medios de comunicación.  Por mucho que alguien simpatice con el presidente, se tiene que ser demasiado ignorante en economía para no darse cuenta de la deficiente gestión que ha realizado este gobierno en dicha área y que han sido factores exógenos, es decir externos, los que han propiciado este crecimiento “sin precedentes” de la economía guatemalteca.  Es deleznable ver cómo el ególatra presidente se atribuye a sí mismo el “logro” de mantener estabilidad macroeconómica.  Y un adláter, más ignorante aún, indicaba que la deuda pública del gobierno es de tan sólo 13.3% del PIB y que las reservas monetarias internacionales cubren más de 10 meses de importaciones.  En realidad, la deuda pública del gobierno (sin contar la deuda a proveedores o deuda flotante) es del 36.3% del PIB, la deuda externa es el 13.3%, evidenciando su desconocimiento del tema.  O quizás su servilismo.

Las remesas, no me canso de decirlo, son el factor que más ha contribuido al crecimiento económico nacional.  Al 30 de noviembre de 2021 han ingresado al país más de 13,783 millones de dólares producto de las remesas, un 35.4% más que en el mismo período del año 2020.  En un escenario de 7% de crecimiento del PIB para el 2021, la participación de las remesas podría llegar a impactar hasta en un 65% del mismo.  Adicional, en Guatemala las importaciones superan a las exportaciones por un amplio margen.  A octubre de 2021, las importaciones (demanda de dólares) sumaban 21,398 millones de dólares, mientras que las exportaciones (oferta de dólares) suman tan solo 11,181 millones de dólares.  Esa demanda adicional de 10,217 millones de dólares fue compensada (y superada en 2,209 millones de dólares) por los 12,426 millones de dólares que ingresaron en concepto de remesas familiares durante el mismo período.  Es decir, las remesas han evitado una importante devaluación del quetzal frente al dólar al equilibrar la oferta de dólares con la demanda.  El equilibrio ha sido tal, que el Banco de Guatemala se ha visto “presionado” para salir a comprar 1,443 millones de dólares adicionales a lo que le permite la regla de participación, en lo que elegantemente denominan “acumulación de reservas monetarias”.  Como expliqué en mi columna anterior, esta participación en el mercado cambiario es una intervención estatal en la economía que mantiene artificialmente devaluado el quetzal, hecho reñido con los principios de libre mercado que tanto fue a presumir y pregonar la semana pasada el gobernante.  Hasta la señora que lo presentó mencionó el aporte de las remesas.  De los 18,610 millones de reservas monetarias internacionales, más del 14% se deben a la intervención estatal en la economía.

En conclusión, la data dura evidencia la relevancia de las remesas, no sólo en el crecimiento económico, sino que también en la estabilidad macroeconómica del país, a tal grado, que el mismo Banco de Guatemala ha intervenido sin necesidad de hacerlo, beneficiando a un pequeño grupo en detrimento de la mayoría de la población.

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