Napoleón Barrientos

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Guatemalteco, originario de Alta Verapaz, forjado bajo los principios de disciplina, objetividad y amor a la patria; defensor del estado de derecho, de los principios de la democracia, con experiencia en administración pública, seguridad y liderazgo de unidades interinstitucionales.

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David Barrientos

El liderazgo en pleno siglo XXI sigue siendo la capacidad de ejercer influencia sobre otros, nada más y nada menos. Cabe acá diferenciar y/o distinguir entre dirigentes: como aquellos individuos que adquieren una autoridad por el lugar que ocupan dentro de una organización y los líderes: como aquellos individuos que son capaces de guiar, dirigir o influir en un grupo a través del entusiasmo y motivación que transmiten.

Lo complicado de esto es que para persuadir necesitamos comunicarnos y ese es el problema más serio en el liderazgo actual. Resulta que hay dos elementos fundamentales en esta dificultad: la primera es que los jóvenes no se comunican igual que los adultos, sobre todo por el uso de la tecnología; y la segunda y no menos importante y es no tan nueva: la comunicación en idioma diferente; dos elementos clave que no se han tomado en cuenta o al menos no parece. La primera es que los jóvenes no atienden un tema incluso aunque se expresen en el contexto de las plataformas electrónicas, pues resulta que si un mensaje dura más de 18 segundos (más o menos) no es atractivo para la juventud, por lo que esta columna seguramente no es atractiva para ellos, y la segunda barrera, el idioma diferente se convierte en una barrera inquebrantable, claro está.

Si visualizamos esas dos incompatibilidades o barreras podemos trasladarnos al campo del liderazgo con pocas esperanzas de generar tal influencia, tanto de manera positiva como negativa; pues, si no se rompen esas barreras solo estamos en un escenario que hace evidente que la generación a la que pertenecemos estamos en un mundo diferente, estamos desconectados de la masa de la población joven, con las consecuencias a la vuelta de la esquina; donde quienes rompan esas barreras y guíen a las multitudes, puedan dejar de dirigir y empezar a manipular. Si nos trasladamos al territorio nacional esto es más que una realidad, el problema de la comunicación, se hace cada vez más agudo, los liderazgos deben tomar en cuenta las innegables barreras que existen, sin tomar en cuenta que también el desconocimiento de estas dos barreras o la ignorancia a las mismas se convierte en una barrera aún más terrible.

Quien entonces quiera, crea o pretenda ejercer un verdadero liderazgo debe acercarse a los jóvenes y a quienes no hablan su idioma, sin duda una tarea que requiere de enormes esfuerzos y contribuciones, dentro de las que deben estar los expertos comunicadores, no debemos olvidar que la comunicación es el oxígeno de la sociedad, un elemento indispensable para ejercer el liderazgo, tan necesario en tiempos de incertidumbre y desesperanza generalizada. Los liderazgos en tiempos de crisis son indispensables para recuperar la capacidad social de enfrentar las vicisitudes en tiempos de pestes y desastres, que al parecer serán cada vez más frecuentes, los jóvenes y maya parlantes están urgidos de confiar en alguien, a corto plazo debe surgir esa capacidad de persuadir con expectativas reales y alcanzables, ¿seremos capaces de identificar tal capacidad?

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