Danilo Santos

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Politólogo a contrapelo, aprendiz de las letras, la ternura y lo imposible. Barrioporteño dedicado desde hace 31 años a las causas indígenas, campesinas, populares y de defensa de los derechos humanos. Decidido constructor de otra Guatemala posible.

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Danilo Santos

Cuando el 44% de la ciudadanía considera que su situación económica ha empeorado respecto al 2021 y el 35% cree que el próximo año será peor y, el 78% de la población a nivel nacional desaprueba al presidente Giammattei, nos podemos dar cuenta fácilmente del descontento con el gobierno y el partido oficial. Las guatemaltecas y los guatemaltecos se han dado cuenta de que lo que guía la gestión de este gobierno, no tiene nada que ver con luchar contra la corrupción y así evitar que se pierdan miles de millones de quetzales, combatir la violencia para proteger las vidas de los guatemaltecos, trabajar claramente para mejorar la economía familiar, tener una estrategia para reducir al mínimo el desempleo, mejorar la salud y la educación, y en definitiva, establecer con fortaleza la presencia del Estado a nivel nacional para atender las necesidades de la sociedad. Se nota a leguas, que a la clase política en el poder le faltan ideas y le sobran intereses, prejuicios y patrones.

Existe un sentimiento generalizado de rechazo y desconfianza a los partidos políticos, a los políticos, la población no les cree, desconfía y rehúye a todo lo que tenga que ver con la política partidista.  Esto sucede porque en realidad no han existido políticos con ideas ni partidos vivos, que permanecen activos y creciendo después del momento electoral, no han existido partidos que formen y organicen, que devuelvan a sus bases respuestas, lo que ha existido son vehículos electorales que prácticamente desaparecen el 14 de enero y, políticos que una vez electos también desaparecen de la realidad comunitaria, social, departamental y nacional.

Durante los cuatro años de gobierno, quienes resultan electos se entregan al ostracismo en el Legislativo, el Ejecutivo y las municipalidades, transmutan de seres sociales, políticos, a semidioses inalcanzables e irrefutables, a quienes no se les puede reclamar su desapego con la población o la falta de ideas que les hace ver y ser, verdaderos chambones con poder.

Los problemas nacionales, departamentales y comunitarios, al no tener los políticos ideas para resolverlos, se vuelven cíclicos, eternos.  Todos los años hay crisis relacionadas con lluvias, con alza de precios, con falta de servicios de salud, con mal estado de carreteras, con funcionarios relacionados con corrupción, y un larguísimo etc.

Parar todo esto, ahora que todavía tenemos una democracia electoral lastimada, es decisión de la población.  Estamos a tiempo de rescatar al país de las manos de una dictadura forjada a través de la toma de los poderes del Estado por políticos que no tienen ideas ni principios, solo intereses económicos.

Guatemala necesita que todos los días propongamos nuevas rutas para llegar al futuro, ideas para mejorar nuestra convivencia en la sociedad, valentía para enfrentar a la clase política chambona y corrupta, constancia para no abandonar la lucha contra la corrupción y la impunidad. Si no asumimos todo esto, cada vez más estaremos viviendo en una dictadura disfrazada de democracia e institucionalidad.

Otra Guatemala es posible, hay que luchar por ella.

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