El gobierno de Guatemala emitió el lunes pasado un comunicado titulado “Apoyo firme a la comunidad sancarlista en su lucha por elecciones universitarias legales y legítimas”. Afirma que la proyección de la Usac rebasa el ámbito académico y científico, “para proyectarse en la vida política y social de nuestra nación”.
Al mismo tiempo que reconoce la autonomía de la Usac, afirma, con relación a las elecciones de Rector, que el respeto a dicha autonomía “… no implica que tales procesos puedan llevarse a cabo burlando los principios democráticos que sustentan el gobierno de la Universidad estatal”.
El gobierno de Bernardo Arévalo respalda a la comunidad sancarlista en los “…esfuerzos de lucha por la legalidad y la legitimidad de los procesos electorales universitarios…” y hace un llamado a las autoridades de esa casa de estudios “…para que obedezcan la voluntad expresada por esta comunidad en los procesos de elección de sus representantes”.
Anunció el gobierno que tomarán “…las medidas necesarias para garantizar la seguridad y el orden durante estos procesos”, lo cual es muy acertado, recordando las agresiones delictivas que se utilizaron hace cuatro años contra los universitarios que entonces se oponían a la fraudulenta elección de Walter Mazariegos.
Por otra parte, el día de hoy se pretendió que el legislativo aprobara una ley que permitiera intervenir temporalmente la Usac. Esta iniciativa fue vista con mucha simpatía e, incluso, con entusiasmo, por quienes desde diferentes ámbitos de la sociedad guatemalteca están indignados ante las intenciones de las redes político criminales de continuar cooptando la institucionalidad de esa casa de estudios, lo cual ha sucedido durante la presente administración. Esta reacción es comprensible.
Los argumentos con los cuales se arremete contra la intención del Rector y sus secuaces son, no solo comprensibles, sino que consecuentes con la necesidad y urgencia de rescatar a la Usac. Y es que las redes político criminales no han cooptado la Carolina únicamente por motivos corruptos, sino que también por algo más profundo, destruir el “sancarlismo”, ese imaginario que ha inspirado históricamente a estudiantes y docentes de esa casa de estudios para luchar, desde la academia, por los intereses del pueblo guatemalteco, lo cual se ha pagado con la sangre de nuestros mártires.
En ese contexto de indignación ciudadana, el comunicado del gobierno, citado al principio de esta columna, parece débil e, inclusive, superfluo ante la urgencia y contundencia que se demanda.
Esta situación fue aprovechada por algunos actores políticos, cuya adscripción a las izquierdas no dudo y valoro, para posicionarse públicamente como los verdaderos adalides de la lucha por la defensa de la Usac, sin importar la viabilidad de sus propuestas ni su trascendencia a mediano y largo plazo, lo cual raya en el oportunismo. Estas posiciones podrían responder fundamentalmente a la preponderancia de un horizonte electoral próximo.
Pero, habiendo dicho lo anterior, y continuando con la confusión que genera priorizar lo coyuntural ante lo estratégico, es fundamental que las dramáticas condiciones que puedan darse en una coyuntura, no lleven a los liderazgos sociales y políticos a limitar su horizonte estratégico. Es pertinente recordar como una parte de la izquierda progre se alió hace pocos años con la embajada gringa para presionar al Congreso para que legislara en favor de blindar a la Fiscal General que luchaba contra la corrupción y, finalmente, no solo blindó a Thelma Aldana, sino que también a Consuelo Porras. Y otro ejemplo, muy reciente, es cuando de un día para otro el gobierno de los Estados Unidos dejó “colgado de la brocha” al presidente Arévalo y apoyó a las redes político criminales. Probablemente el gobierno y los progres pro gringos ahora estarán anhelando a Marco Rubio.
En síntesis, termino reafirmando el título de esta columna. Para la Usac, ¡ni cooptación, ni intervención, ni oportunismo!







