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El presidente colombiano, Gustavo Petro, fue sabiamente ingenioso el día de ayer en su entrevista con su homólogo estadounidense Donald Trump.

En política todo tiene un significado. El regalo que entregó Trump a Petro fue una gorra, insignia en su última campaña electoral, donde al frente decía “Make America Great Again”. Con suma claridad le indicaba que debía tener claro, en su cabeza, que Estados Unidos estaba dispuesto a recuperarse del declive que ahora sufre como potencia mundial y que, para eso como ya lo ha mostrado, está dispuesto a recurrir a cualquier medio, sea económico, político o militar, particularmente en su “patio trasero”, América Latina.

Las relaciones entre ambos gobernantes han estado cargadas de hostilidad mutua durante toda la gestión de Trump. Petro ha actuado con dignidad ante el imperio, con una beligerancia cuya pertinencia puede ser cuestionada por algunos, partiendo de la asimetría de poderes que existe entre Estados Unidos y Colombia. Trump, por su parte, ha sido insolente en su trato público hacia Petro.

El presidente colombiano cuenta con un significativo respaldo popular en su país. Las concentraciones y marchas en su apoyo lo han evidenciado. Trump, en cambio, tiende a perder mucha de la simpatía que lo llevó a triunfar en las elecciones. Las últimas movilizaciones en contra de su gestión han sido masivas y se incrementan.

Sin embargo, en este contexto, el resultado de la reunión fue satisfactorio para ambos. Petro logró un reconocimiento del presidente Trump que contradijo las anteriores descalificaciones y ataques de los cuales ha sido objeto. También proyectó, hacia su pueblo, una imagen de estadista, madurez y dignidad. Las descalificaciones de las derechas por su supuesta conducta extremista y polarizante sufren una gran deslegitimación ante la opinión pública.

Pero Trump también ganó, y significativamente. Colombia se alinea con aspectos muy importantes de la estrategia estadounidense. En el tema del narcotráfico, el gobierno colombiano ha sido sustancialmente exitoso. Los decomisos de drogas y las extradiciones de narcos son mayores que las ocurridas durante los gobiernos que le antecedieron. En el tema de las migraciones, Colombia no es el caso de Guatemala, El Salvador o Venezuela, por lo tanto, las posibilidades de colaboración son mayores. También es satisfactorio para los intereses de Trump el rol de Colombia en la “recuperación” económica de Venezuela, particularmente en lo referente al petróleo. Esta situación favorece los intereses norteamericanos relacionados con el suministro de dicho combustible para Estados Unidos.

Pero en esta columna lo que quiero enfatizar es el éxito simbólico que tuvo Petro respecto a la gorra que le dio Trump y con la cual pretendió alinearlo desde el principio del encuentro. Petro inmediatamente, de manera manuscrita, le agregó una letra S, grande, visible y significativa, a la palabra América. Los Estados Unidos no son América, son parte de ella nada más. Somos distintas Américas las que constituimos el continente americano. Somos una confluencia de civilizaciones, pueblos, culturas, realidades diversas. No somos la “América para los americanos”. Este acto político del Presidente colombiano es un reto a la naturaleza imperialista que expresa la administración Trump e, históricamente, a la política norteamericana hacia la región.

Pero, seamos optimistas, este encuentro Petro/Trump puede ser un germen de lo que podría iniciarse en la relación entre Estados Unidos y América Latina. México en esta y la anterior administración gubernamental ha actuado con sabiduría. López Obrador, el anterior Presidente mexicano, lo dijo a la mitad de su mandato: no nos vamos a dar con Goliat a las patadas; pero, al mismo tiempo, planteaba una relación de respeto, de socios, no de súbditos.

A riesgo de ser ingenuos, Colombia, México y Brasil pueden ser inspiración para construir relaciones de distinta naturaleza entre América Latina y los Estados Unidos. Pero esta posibilidad pasa por superar los entreguismos, los oportunismos y los avasallamientos de la mayoría de los actuales gobiernos latinoamericanos.

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

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