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Los guatemaltecos aún no terminamos de entender que la institucionalidad –autónoma o no– se ha erosionado en nuestro medio. Lo que ocurre hoy en la Usac es solo un ejemplo de ello. En igual situación podemos ver instituciones como el IGSS, la CDAG y muchos ministerios del Ejecutivo y municipalidades.

Impresiona cómo se entrelazan los hechos de la historia de una institución y sin comprender la subida de su grandeza y de igual forma la subida de su caída, no se puede entender su situación actual. En el caso de la Usac, aunque su caída es dramática, no resta gloria a su grandeza del pasado. Su subida fue un extraordinario proceso que duró más de 300 años, pero el tiempo que tardó en caer fue de décadas y aunque sus augurios futuros son desalentadores, pues su corazón –el Consejo Superior Universitario– funciona dentro de intereses mezquinos (26 de 40 miembros con periodos vencidos), cabe preguntarse: ¿qué lecciones puede ofrecer su agonía? ¿Qué venía sucediendo hasta antes del colapso en la Usac? 

Hasta pasada la mitad del siglo XX, en sus campus y aulas, se reunió una multitud de jóvenes de orígenes, hogares, cultura privilegios y bienes diversos a quienes, ricos o pobres, los unía un mismo ideal; les unía la búsqueda de la verdad y la ambición de construir una Nación grande y moderna. Hoy, cuando las nuevas generaciones de sancarlistas se reúnen, ya no encuentran ese sentido de construcción nacional, ni les mueve esa búsqueda de verdad; tampoco saludarse como compañeros, pues el clima de hostilidad no solo cruza generaciones, sino también se manifiesta dentro de una misma. Se perdió el deseo de forjar una comunidad unida en la igualdad, justicia equidad y de verdad.

No es este el lugar para detallar los hechos que terminaron con ese ideal universitario, pero hay un factor que empujó a la Usac al precipicio: su politización. Eso la hundió y la volvió incapaz de buscar y fortalecer una cultura de verdad y justicia, tal como lo venía haciendo a lo largo de su historia y que está atestiguado en las hemerotecas nacionales e internacionales, en donde se guardan los recuerdos de esas gestas basadas en una ética y una verdad independiente de estrato social o económico. Se truncó así la posibilidad de comprender al Otro, viviendo y luchando a su lado por un ideal.

Sin embargo, no podemos dejar de responder a dos preguntas ¿Por qué y por quién fue sometida al borde de su aplastamiento y destrucción? A lo largo de su historia, la Usac supo defenderse cuando atentaron contra su libertad, como actualmente sucede. Una institución solo muere, cuando su gente pierde la fe en ella; así ha comenzado la caída actual de la Usac. En mi vida he conocido a varios de sus rectores y decanos. Algunos grandes, otros mediocres o malos, pero siempre, gracias al esfuerzo de sus profesores y alumnos, dentro de ella prevaleció cumplir con su labor antes que desviarlo. Esa fuerza hoy se encuentra silenciada por los intereses mezquinos y políticos de unos pocos y la indiferencia de muchos.

También se hace necesario responder a otra pregunta. ¿Por qué es importante para la nación la Usac? Lo es porque a lo largo de su historia ha sido la voz del pueblo, porque la sociedad consideraba a sus miembros los buscadores de verdades, acuerdos y certezas en beneficio de la colectividad. Hoy se ha transformado en altavoz de políticos, botín de corruptos y rehén de usurpadores; lo que antes fue un bastión de la ciencia y la verdad, es ahora apenas un murmullo en sus aulas. Tanto el pueblo como la comunidad universitaria son conscientes de que ese murmullo debe convertirse en un alarido. Y ese alarido, insisto, debe salir de sus aulas y laboratorios, no de las entidades políticas del Estado. Estoy seguro que, si así ocurre, el pueblo apoyará a los universitarios. La fortaleza del ser humano puede inclinarse tanto hacia el bien como hacia el mal; corresponde a la universidad decidir su rumbo. 

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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