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En el Diario de Centroamérica se publicó la noticia de que en el 2025 se capturaron 1,839 personas por extorsión, de estas 1,078 fueron mujeres y 761 hombres. Independientes de las cifras, es un dato impactante que refleja una tendencia que las autoridades guatemaltecas han observado en los últimos años: el aumento de la participación femenina en redes de extorsión. La Organización de Estados Americanos (OEA) señala que en Centroamérica la extorsión es el principal delito por el cual las mujeres son encarceladas. Pero las cifras son inusuales históricamente, ya que tradicionalmente la extorsión en Guatemala y Centroamérica ha sido un delito predominantemente masculino. Estudios recientes de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime documentan que, aunque históricamente las mujeres tenían un rol periférico en esquemas de extorsión (como parejas sentimentales o recolectoras de pagos), actualmente están asumiendo roles más activos y centrales en estas actividades criminales en Centroamérica. 

En cuanto al papel que una predisposición biológica y su mutación por sexo pueda estar teniendo en eso, se conoce que la predisposición biológica a la delincuencia, es un tema complejo que la criminología y la neurobiología han debatido por décadas. 

Los estudios actuales sugieren que la testosterona y sus niveles están relacionada con una mayor búsqueda de dominancia, toma de riesgos y respuestas agresivas ante amenazas. Eso ya predispone al hombre a ser más proclive. Las mujeres biológicamente manejan menos testosterona y tienden a puntuar más alto en empatía cognitiva y aversión al riesgo físico, lo que estadísticamente les aleja de crímenes de violencia directa o sangre.

Existen igualmente investigaciones sobre el funcionamiento de la amígdala (procesamiento de emociones) y la corteza prefrontal (control de impulsos). Se ha observado que, en promedio, las mujeres procesan el miedo de manera que favorece la preservación propia y de su entorno cercano.

Sin embargo, en las conclusiones debemos cuidarnos de entender que estas diferencias son «tendencias» y no determinismos. La verdadera interpretación es que la biología no dicta que una persona será criminal, sino cómo podría reaccionar ante estímulos del entorno.

Entonces, es posible que debamos entender las estadísticas de la Extorsión no como Biología sino dentro de un Contexto Socio-Económico poniendo de relieve tres cosas: 1º Las estructuras criminales (pandillas) utilizan a mujeres porque suelen levantar menos sospechas y son más efectivas para cobrar la extorsión sin generar el enfrentamiento violento inmediato que provocaría un hombre armado. 2º Muchas mujeres entran en estas redes por amenazas contra sus hijos o por relaciones sentimentales con líderes que operan desde las cárceles. 3º Hay que considerar que la brecha económica empuja a sectores vulnerables hacia el dinero fácil de la extorsión como método de supervivencia. Aunque existan diferencias biológicas por sexo en la respuesta al estrés o la agresividad, la criminología moderna coincide en que el entorno social y la necesidad económica pesan mucho más al momento de explicar por qué alguien decide delinquir.

Existen estudios que muestren un aumento de testosterona en generaciones de mujeres actuales contra anteriores, pero no existe evidencia científica que demuestre un aumento generacional de los niveles de testosterona en mujeres contemporáneas comparadas con generaciones anteriores. De hecho, la investigación actual muestra tendencias opuestas: Tendencia secular a la baja. Estudios norteamericanos y europeos han documentado una disminución secular (declive) en los niveles séricos de testosterona tanto en hombres como en mujeres desde las décadas de 1970-2000 hasta la actualidad. Un análisis de gran escala en Massachusetts confirmó una disminución significativa e independiente de la edad en los niveles de testosterona total durante las primeras dos décadas del siglo XXI. 

Factores explicativos del declive en testosterona se asocian con aumento de la obesidad y cambios metabólicos (resistencia a la insulina), exposición a disruptores endocrinos ambientales (plásticos, pesticidas) son cuadros relacionados con ese declive que se agravan por un estilo de vida sedentario y mala alimentación, acelerando la disfunción hormonal y metabólica. Por otro lado, se ha encontrado aumento de testosterona en anormalidades como Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) que afecta al 10-13% de las mujeres en edad reproductiva a nivel nacional, muchas veces asociado a mujeres que sufrieron desnutrición en la infancia que tienen un mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y SOP en la edad adulta

En resumen: no existe base científica para vincular cambios biológicos con comportamientos criminales complejos como la extorsión. La participación femenina creciente en delitos de extorsión en Guatemala se explica por factores socio estructurales (reclutamiento forzado, pobreza, dinámicas de pandillas que utilizan a mujeres para evadir controles policiales), no por cambios biológicos.

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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