RELIEVES

Nuevo mensaje de la Pontificia Academia para la Vida

Grecia Aguilera

Periodista, escritora, filósofa y musicóloga. Excelsa poeta laureada. Orden Ixmukané, Orden de la Estrella de Italia, Homenaje del Programa Cívico Permanente de Banco Industrial, Embajadora y Mensajera de la Paz.

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Grecia Aguilera

La Pontificia Academia para la Vida que hace más de veinte años fue instituida por el Papa Juan Pablo II con el propósito de “estudiar e informar sobre los principales problemas de biomedicina y derecho, relativos a la promoción y a la defensa de la vida, sobre todo en la relación directa que estos tienen con la moral cristiana”, ha manifestado nuevamente su preocupación ante la pandemia que ha nivel mundial estamos viviendo los seres humanos, y el pasado 22 de julio ha publicado un nuevo mensaje titulado: “Humana Comunitas (La Comunidad Humana): En la era de la pandemia: Consideraciones intempestivas sobre el renacimiento de la vida”, inspirada en la carta que el Santo Padre Francisco envió a la Pontificia Academia para la Vida en ocasión del 25 aniversario de la institución en el 2019, en las primeras líneas de la carta se lee: “La comunidad humana ha sido el sueño de Dios desde antes de la creación del mundo. El Hijo eterno engendrado por Dios tomó en ella carne y sangre, corazón y afectos. La gran familia de la humanidad se reconoce a sí misma en el misterio de la generación. De hecho, entre las criaturas humanas la iniciación familiar en la fraternidad puede ser considerada como un verdadero tesoro escondido, con vistas a la reorganización comunitaria de las políticas sociales y a los derechos humanos, tan necesarios hoy en día. Para que esto pueda darse, necesitamos ser cada vez más conscientes de nuestro común origen en la creación y el amor de Dios.” Y el nuevo mensaje de la Academia Pontificia para la Vida expresa: “El Covid-19 ha traído tanta desolación al mundo. Lo hemos vivido durante mucho tiempo, todavía estamos en ello, y aún no ha terminado. Puede que se acabe ya pronto. ¿Qué hacer con ello? Seguramente, estamos llamados a tener valor para resistir. La búsqueda de una vacuna y de una explicación científica completa de lo que desencadenó la catástrofe habla de ello. ¿También estamos llamados a una mayor conciencia? Si es así, ¿cómo ésta evitará que caigamos en la inercia de la complacencia, o peor aún, en la connivencia de la resignación? ¿Existe un paso atrás reflexivo que no sea la inacción, un pensamiento que pueda mutarse en agradecimiento por la vida recibida, por lo tanto, un pasaje para el renacimiento de la vida? Covid-19 es el nombre de una crisis global (pan-démica) con diferentes facetas y manifestaciones, por supuesto, pero con una realidad común. Nos hemos dado cuenta, como nunca antes, de que esta extraña situación, pronosticada desde hace tiempo, pero nunca abordada en serio, nos ha unido a todos. Como tantos procesos en nuestro mundo contemporáneo, el Covid-19 es la manifestación más reciente de la globalización. Desde una perspectiva puramente empírica, la globalización ha aportado muchos beneficios a la humanidad: ha difundido los conocimientos científicos, las tecnologías médicas y las prácticas sanitarias, todos ellos potencialmente disponibles en beneficio de todos. Al mismo tiempo con el Covid-19 nos hemos vinculado de manera diferente, compartiendo una experiencia común de contingencia (cum-tangere), como nadie se ha podido librar de la pandemia, esta nos ha hecho a todos igualmente vulnerables, todos igualmente expuestos… ¿Qué lecciones hemos aprendido? Más aún, ¿qué conversión de pensamiento y acción estamos dispuestos a experimentar en nuestra responsabilidad común por la familia humana?” Y como resultado se derivan las siguientes reflexiones: “La dura realidad de las lecciones aprendidas” que vamos “Hacia una nueva visión: El renacimiento de la vida y el llamado a la conversión” con un “equilibrio ético centrado en el principio de solidaridad.” Dios nos escucha, continuemos orando por Guatemala y el mundo entero.