No hay excusas para no actuar en salud infantil

Salud infantil en Guatemala. Foto la hora: Ap.

Alfonso Mata

Decíase en los sesenta: Mientras los campesinos permanezcan en la más abyecta ignorancia, mientras vivan encerrados en su universo primitivo lleno de fantasía y supersticiones, mientras estén al margen del mundo moderno real, el poder del agro y de quienes lo detectan no se verá afectado. Y en las áreas urbanas donde vive ya más de la mitad de nuestra población ¿sucede lo mismo?. Podemos decir que: así como la vivencia del sistema rural implica el mantenimiento de las técnicas más atrasadas en la producción agrícola, incluso a veces más que las empleadas por sus ancestros mayas al comienzo de la historia. Estas técnicas atrasadas, basadas en el derroche de energías humanas y en la asombrosa monotonía de las tareas, transforma a los niños de todos los ámbitos nacionales, en criaturas donde las cualidades biológicas instintivas superan a las del ser humano y donde la educación es inútil.

HS: Cuáles son los problemas a atacar
AM: Debemos partir de que: desde hace mucho tiempo, existen disparidades significativas en muchos aspectos de la vida de muchos guatemaltecos que afectan su salud: educación, ingresos, raza, etnia, geografía, género, vecindario, estado de discapacidad y estado de ciudadanía. Estas disparidades ponen a los niños en el camino de los malos resultados de salud a lo largo de su vida desde antes de su nacimiento.

El impacto de esas disparidades en la salud de los niños, se hace evidente en las tasas de desnutrición, mortalidad y morbilidad infantil y materna, bajo peso al nacer y enfermedades crónicas de la infancia (como diabetes, asma, obesidad, depresión y ansiedad).

La atención clínica es necesaria pero no suficiente para abordar las inequidades en salud. Para promover la equidad en salud, es necesario abordar las causas fundamentales de la mala salud y la adversidad crónica: los determinantes sociales, económicos, ambientales y culturales de la salud.

Nuestros políticos deberían tener muy claro que la evidencia muestra que: la prevención y la intervención temprana en niños, usando y actuando sobre las trayectorias de riesgo funcionan, y generalmente es más efectiva y menos costosa que intervenir más adelante en la vida.

Y todos deberíamos concientizar que: Las exposiciones negativas y positivas, se acumulan durante el curso de la vida ejerciendo un efecto sumativo y acumulativo sobre la salud; que las exposiciones, experiencias, resiliencia y elecciones individuales, ayudan a establecer y ajustar las probabilidades con el tiempo de una buena o mala salud.

HS: Y el sistema de salud ante esto, ¿qué debe hacer?
AM: dos cosas debe atacar: cantidad y calidad. Respecto a lo primero por ejemplo, muchas familias no reciben atención médica ni sanitaria, cuando la necesitan, la reciben demasiado tarde y / o experimentan problemas de calidad. Respecto a lo segundo, eso significa la implementación de varias acciones sociales culturales simultáneas, pues los caminos hacia una mejor salud no dependen únicamente de la atención médica. Por ejemplo, los niños de hogares y comunidades relativamente prósperas, que aparentemente tienen fácil acceso a los mejores servicios de salud, también muestran una angustia fisiológica (asmáticos, problemas de salud mental) elevada al igual que sus contrapartes de nivel socioeconómico bajo, pero debido a un conjunto diferente de factores estresantes de la vida. Los factores que, en última instancia, contribuyen a la buena salud (como la nutrición, el control de todo tipo de estrés, la exposición a tóxicos ambientales) se encuentran en múltiples vías causales interrelacionadas a lo largo de la vida de cada persona.

Durante décadas, hemos estado cometiendo el error de asociar la combinación de “salud” y “atención médica”, donde la salud de un individuo se considera solo a través de una lente biomédica: disponibilidad acceso y consumo de atención médica y terapias medicamentosas, sin tener en cuenta los múltiples determinantes sociales y del desarrollo que impulsa la salud. El resultado ha sido un enfoque político limitado en las intervenciones de atención de la salud para mejorar la salud.

HS: Y ¿cómo combatir esto?
AM: Partiendo de un hecho: las inequidades sociales de todo tipo no son más que una muestra de asignación desigual de poder y disponibilidad y acceso a recursos, incluidos bienes, servicios y atención social, que se manifiesta en condiciones sociales, económicas y ambientales desiguales, también denominadas “determinantes de la salud”

Pero el nivel de acción de los mecanismos de desigualdad, deben verse en varios sectores: intrapersonales, interpersonales, institucionales y sistémicos (también conocidos como “inequidades estructurales”) que organizan la distribución del poder y el acceso a recursos críticos, de manera diferencial a través de líneas de raza, género, clase social, orientación sexual, expresión de género y otras dimensiones de la identidad individual y grupal; eso a nivel nacional e internacional, del hogar o individual.

Deberíamos ver la inequidad social y de salud no solo desde su costo. Más allá de los costos significativos en los gastos directos de atención médica. La inequidad en salud tiene consecuencias para la economía y la sociedad en todos sus campos y en la viabilidad comercial y finanzas públicas. Solo piense en su impacto en la mala salud y la discapacidad, en la capacidad de uno para participar en la fuerza laboral o dentro de la sociedad física, mental y emocionalmente. Abordar las inequidades en salud es una necesidad crítica que requiere que este tema esté entre las principales prioridades de nuestra nación.

HS: usted qué sugiere
AM: Dados estos hallazgos, es fundamental abordar las disparidades de salud (diferencias en los resultados de salud) con un enfoque integral, tratando todos los factores que afectan la salud individual como: educación, empleo, sistemas y servicios de salud, familia, comunidad, vivienda, ingresos y riqueza, entornos físicos y sociales, seguridad pública y transporte, además del racismo, la discriminación, la segregación y la pobreza. Para lograr resultados de salud equitativos desde el período prenatal hasta los períodos de la primera infancia y a lo largo de la vida, es necesario abordar todos estos contextos.

En el campo de la salud del niño, las inequidades son desafíos sistémicos y las adversidades crónicas de la niñez, tienen implicaciones biológicas y afectan el desarrollo infantil, con impactos de por vida en la salud y el bienestar. Cuando la exposición a experiencias clave (tanto positivas como negativas) difiere para grupos específicos (por ejemplo, hombre mujer, indígena ladino, pobre rico), sus probabilidades de tener una buena salud divergen sistemáticamente con el tiempo, lo que produce disparidades en los resultados.

Debido a que las probabilidades de estas exposiciones se ven afectadas por los sistemas, los funcionarios públicos deberían entender que la única forma de promover la equidad en salud requerirá más que intervenciones a nivel individual. Requerirá que los sistemas cambien de manera que mejoren las probabilidades de buenas experiencias y reduzcan las probabilidades de exposiciones adversas para poblaciones específicas.

Creo que no existe excusa alguna ni política ni social, para no lanzarnos al cambio. Los tremendos avances en la ciencia teórica y empírica en los últimos 50 años, posicionan a los profesionales y los formuladores de políticas, para tomar acciones informadas encaminadas a mejorar los resultados de salud infantil.