Las manifestaciones ciudadanas deben continuar para exigir cambios profundos. Foto La Hora/AP

Si conocemos a nuestros políticos y hemos visto que Alejandro Giammattei es uno de ellos, debemos analizar juiciosamente el anuncio que hizo ayer al dejar de ser terco quitándole su lugar al Vicepresidente y el cierre del Centro de Gobierno que, casualmente, había olvidado mencionar. Ni siquiera el Ministro de Gobernación se va porque, según dijeron, esperan un “informe” del Ministerio Público, entidad que es el meollo del problema de la corrupción y la impunidad que los enviados de la OEA detectaron en un abrir y cerrar de ojos.

Por supuesto que el anuncio NO BASTA para poner fin a los reclamos de la población porque es otra maniobra que aparenta cambio pero que en el fondo persigue que nada cambie. ¿Romperá Giammattei con el Pacto de Corruptos desarmando la alianza oficialista integrada por la bazofia de la clase política? ¿Promoverá este acuerdo bipartito entre Giammattei y Castillo, la reforma del sistema político con cambios a fondo de la Ley Electoral y de Partidos Políticos forzando al Congreso a impulsarlos de manera seria y transparente? ¿Promoverán la elección de magistrados probos y desistirán del empeño por controlar no sólo a la actual CC sino a la que se instalará el año próximo? ¿Cambiarán los procedimientos de compras y contrataciones y promoverán una nueva Ley de Servicio Civil que no esté hecha al gusto de Joviel? ¿Romperán la alianza con los grupos más retrógrados que fueron los que cooptaron el Estado mediante el financiamiento electoral? ¿Removerán por inútiles y corruptos a la Fiscal General y al Contralor?

Y podríamos seguir casi Ad Eternum citando los motivos que llevaron a la gente a La Plaza y que son los mismos que percibió la misión de la OEA cuando, llamada tontamente por Giammattei, vino dispuesta a servirle pero se dieron cuenta que los reclamos ciudadanos son absolutamente legítimos.

Giammattei y Castillo vuelven a ser amigos, sí, pero honestamente eso no resuelve los problemas. Reyes no se va, ni los ministros a los que se les pide la renuncia solo para cumplir con una tradición. En el Congreso la mafia sigue con sus planes como si nada, y los acuerdos para premiar a los que aprobaron el espurio presupuesto serán cumplidos.

Quienes ya oyeron o vieron videos de Giammattei ofreciendo el oro y el moro y lo vieron actuar luego mandando al chorizo sus propias promesas no pueden caer de papos. La protesta ciudadana, que no es una amenaza de golpe de Estado, tiene que seguir hasta que se den verdaderos cambios que no vendrán de la podrida alianza en la Novena Avenida.

Editorial

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