Ni silencio ni olvido, sólo justicia: Sepur Zarco

Juan José Narciso Chúa

El silencio es el argumento de los cómplices, constituye un delito de ocultación, que pretende acallar un hecho que es incuestionable, doloroso y lacerante para aquellas 20 mujeres que con sus testimonios llenos de llanto y tristeza, recordaron hasta dónde puede llegar la barbarie, nos enseñan hasta donde alcanzan los niveles demenciales de la maldad, nos hacen retrotraernos a un lejano lugar en donde una comunidad fue diezmada, sus vidas fueron destruidas, su tejido social fue aplastado.

El olvido es el recurso de los perversos, representa una actitud falsa, que busca voltear la espalda a un grupo de mujeres que valientemente hoy retoman un pasado ominoso que les quebró el espíritu, que les dañó el alma. Aquellos que pretenden el olvido sin más, son los mismos que contribuyen a mantener un sistema, así como rieron socarronamente ante los excesos del ejército en aquellos años, hoy también quisieran que la impunidad se mantuviera impoluta, sin arrugas, sin manchas, sin esos “odiosos” derechos humanos.

Aquellos que buscan el silencio y el olvido, son los que persisten en mantener la lucha fría viva, son los mismos que apoyaron velada o explícitamente al ejército, son aquellos jóvenes que en sus mentes de aquellos años se solidarizaban con las fuerzas armadas, desde su suave y cómodo espacio de tranquilidad económica y consideraban a todos los que cuestionaban al sistema como comunistas, sin ni siquiera entender el término.

No, el silencio y el olvido, no es el expediente para fortalecer el Estado de derecho, representaría una argucia para reproducir aquella impunidad de la cual gozaron y controlaron sin problemas por muchos años, cuando se pagaba a jueces y punto, la sentencia era “a la carta” de sus intereses. El silencio y el olvido deben únicamente ser factores para reivindicar la vida como el bien más preciado de las personas, la vida debe privilegiarse por sobre cualquier grupo, interés o condición. La vida es el despertar de una sociedad como nos muestran hoy las mujeres de Sapur Zarco.

Hoy es el turno de la Justicia, de la Corte de Constitucionalidad, en donde se debe reafirmar la vida y desechar la muerte como forma de resolver conflictos, el tribunal constitucional debe erigirse como un espacio que a través del Derecho conduce a la justicia y a partir de ahí la sociedad reconocerá el perdón, de otra forma, mantendrá viva una enorme llaga que resulta imposible de cerrar.

Nuestra sociedad debe tener el derecho a la vida como primordial, sin que ello implique diferir los otros derechos, pero en este caso, el hacer justicia ante un hecho descomunal y hasta demencial merece una sentencia para profundizar al derecho y a la justicia como elementos que apuntan a recrear una sociedad distinta.

Las mujeres de Sapur Zarco demostraron una enorme valentía para enfrentarse ante un sistema judicial que en el pasado les negó esa justicia tan largamente buscada, que no quiere revanchas, que son resentimientos, ni tampoco venganza, que constituyen sentimientos que postergan el perdón y aún más la justicia.

Es necesario reivindicar la vida, mucho más cuando las mujeres de Sapur Zarco mostraron cómo se les esclavizó sexualmente, cómo encima de la desaparición de sus maridos y sus hijos, terminaron en medio de una espiral dolorosa que las quebró para siempre. Como bien señalaba el Informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico y la Reconstrucción de la Memoria Histórica: Nunca más.

Sí a la vida, si a la justicia. No al silencio y al olvido.