Los datos del censo 2018 presentan una dura realidad para el país y las condiciones de vida de los guatemaltecos. Foto La Hora

Por Eder Juárez
ejuarez@lahora.com.gt

Los resultados del censo 2018 presentan indicadores sobre la realidad en la que viven millones de guatemaltecos, como la educación, la vivienda y la falta de acceso a servicios básicos.

De acuerdo con los resultados del censo, entre la población de 7 años y más, el 85% de hombres son alfabetos, mientras que el 78.3% de mujeres son alfabetas, es decir que el 21.7 de mujeres todavía no tiene acceso a la educación y por ende es analfabeta.

Asimismo se indica que de 3 millones 275 mil 931 hogares censados 24.3% está a cargo de una mujer, y el 75.7% de un hombre. El departamento de Guatemala es el que presenta mayor número de hogares en el que la jefa es una mujer.

ACCESO A SERVICIOS

Según los indicadores, el 58.9% de las viviendas tienen acceso a agua para el consumo teniendo tubería dentro de la vivienda, el 12.12% tiene acceso a pozos perforados públicos o privados. El 14.8% de las viviendas están conectadas a una red de tubería fuera de su vivienda, mientras que el 10.9% de las viviendas dependen de río, lago, manantial, camión o tonel para tener acceso al vital líquido.

El 88.1% de los hogares guatemaltecos tiene acceso a la electricidad, el 6.9% utiliza candela y el 5.0% gas corriente, panel solar y otros. El 55.6% tiene acceso a un inodoro, mientras el 32.2% de hogares utiliza letrina o pozo ciego, el 7.4% excusado lavable y el 4.8% de hogares no cuenta con algún tipo de servicio sanitario.

De acuerdo con los datos arrojados, la fuente de energía para cocinar en los hogares continúa siendo la leña con un 54.4%, el 43.7% utiliza gas propano, el 1.1% electricidad y 0.8% gas corriente, carbón y otros.

Según lo recopilado, el 42.8% de los hogares guatemaltecos quema la basura, el 41.9% paga un servicio municipal o privado para la extracción de basura, el 4.3% la tira en cualquier lugar, el 3.5% la entierra y el 7.5% utiliza otra forma para eliminar la basura.

El 68.1% de las viviendas cuentan con un techo de lámina metálica, el 23.0% el techo es de concreto, el 5.5% de teja, el 1.7% asbesto, cemento y otros y 1.7% paja, palma o similares. Mientras que el 64.7% de los hogares cuentan con paredes de ladrillo, block o concreto, el 15.3% de los hogares son de adobe, el 12.1% son de madera, 4.1 % de lámina metálica y el 3.8% de lepa, bajareque, palo o caña.

Asimismo el 39.7% de los hogares tienen torta de cemento como piso, el 1.7% ladrillo de barro, parqué, madera y otros, 26.5% piso de tierra, 22.6% ladrillo cerámico, 11.3% ladrillo de cemento.

GUATEMALTECOS VIVEN EN VULNERABILIDAD SOCIAL

Según el economista independiente, Carlos Martínez, hay un gran alto porcentaje de la población guatemalteca que vive en condiciones de “vulnerabilidad social” en situaciones de carencias.

“Un alto porcentaje de la población no tienen acceso a servicios básicos elementales, como por ejemplo que viven en viviendas con alto déficit de condiciones, un porcentaje significativo no tiene acceso a la electricidad, entonces la conclusión es que el estado de cosas de pobreza no se ha modificado respecto a lo que se diagnosticó con las encuestas hace cinco años”, dijo.

Martínez indicó que lo que demuestra, primero, es que un alto porcentaje de familias guatemaltecas viven en condiciones de vulnerabilidad social, carencia social. El otro punto aunque no se tengan cifras porcentuales es la acentuación de la desigualdad económica y social que ha prevalecido en el país.

“Lo que nosotros veíamos o percibíamos de ver la situación empíricamente, ahora estamos viendo con datos comprobados del Instituto Nacional de Estadística (INE) que la pobreza y la desigualdad se han acentuado en Guatemala”, manifestó el economista.

Estas condiciones hacen un llamado de atención para que se implementen y diseñen políticas públicas, porque los gobiernos que se han tenido en Guatemala en la era democrática, han funcionado sin políticas públicas reales, sino mediante programas de Gobierno transitorios que se renuevan y se vuelven a empezar cada cuatro años, pero políticas consistentes no han existido como tal.

“Es un llamado de atención para que se diseñen e implementen políticas públicas que trasciendan períodos de Gobierno y que sean consistentes con las necesidades de la población, que se asignen los recursos y diseñen acciones que tengan impacto en la reducción de esas condiciones de vulnerabilidad social”, señaló Martínez.

DATO MIGRATORIO PUDO INFLUIR

Respecto a los resultados del censo presentados esta semana, de los cuales surgieron dudas, Carlos Mendoza, de la organización Diálogos, explicó que el dato de la población censada es la población contabilizada durante el censo.

A ese número hay que sumarle la población no censada, ese dato que aún no se tiene, porque aún hay que hacer una serie de estimaciones para ver cuántas personas quedaron fuera del censo, indicó.

“Ellos estiman lo que se denomina ‘data de omisión censal’, cuando ellos ya tengan esa cifra, se le suma a la población censada y eso va a ser el dato oficial de población total, oficial y definitiva. Y con eso ya se podrán hacer proyecciones hacia el futuro”, señaló.

Mendoza señaló que es importante entender por qué la población censada sale tan diferente de lo esperado, pero considera que tiene que ver con las proyecciones de población que se hicieron a partir del censo del 2002. “Yo cuestiono más las proyecciones que el censo, porque cuando uno revisa los documentos del INE, donde se hicieron las proyecciones, ellos hicieron una serie de hipótesis y la más cuestionable fue la de migración”, indicó.

Según dijo, ellos tiene un escenario, que llaman “dato migratorio neto”, que significa que al número de personas extranjeras que vienen a vivir a Guatemala, le restan el número de guatemaltecos que se van a vivir al extranjero, y ese saldo es negativo, porque Guatemala es un país expulsor.

No obstante, la hipótesis con la que hicieron las proyecciones de población era que ese saldo negativo se iba reduciendo, al punto que se esperaba que al año que viene, el saldo fuera cero.

“Eso significa que se proyectaba que migrarían muy pocos guatemaltecos de tal forma que los extranjeros, los que se vienen a vivir acá, es igual al número de guatemaltecos que se van a vivir afuera. Es un supuesto irreal, indicó.

Mendoza señaló que por eso las proyecciones, entre otras razones, arrojaban que éramos arriba de 17 millones en 2018. El dato migratorio en vez de reducirse, aumentó, indicó.

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