POR JOSÉ OROZCO
lahora@lahora.com.gt
Como si un ser gigante las hubiera pateado, la estructura de algunas paradas de Transurbano está tan deformada que apenas permanece en pie. Muchas ya no tienen el techo ni la parte frontal, mientras que en otras, para llegar, los pasajeros tienen que sortear un terreno poco amigable. Las condiciones de limpieza y seguridad también dejan mucho que desear.
El estado de dichas estaciones de buses refuerza la idea de que el servicio que prestan las empresas del Transurbano, que han recibido millones de quetzales en concepto de subsidios estatales, es muy diferente al ideal de atención digna para los ciudadanos con que se vendió la idea del Sistema Integrado Guatemalteco de Autobuses (SIGA).














