Así despidió «Tobías» a su amigo y amo tras su fallecimiento en iglesia

Sergio Osegueda

El pasado sábado 10 de enero, una situación inusual se registró en el atrio del templo de Santa Teresa, cuando un hombre falleció en una de las puertas principales.

El fallecido, era conocido como Jorge Mario, un hombre que era acompañado fielmente de su perro, «Tobias», con quien todas las tardes recorría el Centro Histórico y áreas aledañas, pero principalmente le acompañaba en cada templo al que Jorge Mario entraba, principalmente al de San Francisco en la Sexta Avenida.

Cada sábado al finalizar la tarde, Jorge Mario y Tobías eran vistos en el templo. «Yo no me puedo olvidar de Dios, no sé cómo hay gente que se olvida de él», solía mencionar cada vez que este llegaba a escuchar misa.

Mientras Jorge Mario se sentaba en las bancas para prestar atención al sermón, Tobías se acostaba a su costado en el piso, atento a cualquier movimiento de su dueño, cuando este se ponía de pie, su fiel amigo también se levantaba junto con él, cuando este se volvía a sentar, Tobías volvía el pecho al piso, esperando fielmente a que el servicio religioso concluyera.

Fallece hombre en atrio de la Rectoría Santa Teresa

Acto seguido, ambos salían al atrio del templo donde siempre, feligreses y curiosos que pasaban por la Sexta Avenida, admiraban a aquel perro que con pelota en hocico siempre jugaba con niños, pero jamás se alejaba de su dueño.

No necesitó nunca una correa, pues su amor a Jorge Mario era más grande.

Sin embargo, la pasada tarde, la historia cambio drásticamente, Jorge Mario se sintió mal y según vecinos, aquel hombre decidió sentarse frente a una de las puertas del templo de Santa Teresa hasta que se recostó, pensando que aquel hombre se había quedado dormido, sin embargo, este ya no despertó.

Bomberos Municipales que fueron llamados ante la situación, pudieron constatar que Jorge Mario sufrió un paro cardiaco que terminó con su vida a los pies de aquel templo, mientras Tobías, esperando que su dueño despertara, fielmente se quedó «echadito» en la puerta principal del templo como esperando ayuda para su eterno amigo.

El rector de Santa Teresa, Antonio Zuleta, resguardó a Tobías ante aquel desenlace fatal, mientras tanto dio la extrema unción, a aquel hombre que iba al encuentro de aquel Dios al que le profesó tanta fe durante su vida.

Al llegar los familiares de Jorge Mario, Tobías les fue entregado, pero antes de retirarse de aquel lugar, su fiel amigo de cuatro patas, volvió al punto donde yacía el cuerpo de su amigo y como un último despido, este acerco su pequeña nariz, giró como siempre lo solía hacer en su compañía y se retiró, dando así el último adiós a su dueño, su amigo, el hombre que supo comprenderlo y darle todo su amor en esta vida.

Acto seguido, Tobias regreso al seno familiar de su querido amigo.