Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

Vistas las actitudes del presidente Morales en los últimos tiempos, exacerbadas en los días más recientes, no se puede pensar que haya hecho la designación de Fiscal General sin enmarcarla en su abierta y consistente lucha en contra de la CICIG y de los esfuerzos por combatir la corrupción y la impunidad. En ese contexto, es absolutamente lógico entender que el nombramiento de María Consuelo Porras para dirigir el Ministerio Público forma parte de la visión que Jimmy Morales ha venido trasladando desde las diversas tribunas que ha utilizado en las semanas previas para fijar su postura de abierto y total rechazo a los esfuerzos realizados por las instituciones que dirigen Iván Velásquez y Thelma Aldana.

Pese a esa contundente realidad, la opinión pública ha recibido el nombramiento de buena manera y se confía en que mediante la vigilancia de los ciudadanos, la futura jefa del Ministerio Público pueda cumplir los compromisos que ayer mismo asumió durante su primera conferencia de prensa. Pareciera que entre la gente prevalece la idea de que no vale la pena arrancar con dudas y cuestionamientos para esperar que en el curso del trabajo la abogada Porras se muestre como una fiscal en verdad independiente.

Personalmente creo que si bien fue electa por Morales para que le ayude en sus denodados esfuerzos para cambiar el rumbo de los cambios operados desde el 2015, terminará entendiendo que el actual presidente Jimmy Morales es un ave de paso cuya función terminará mucho antes de que finalice la de ella y su responsabilidad es, sobre todo, con la ciudadanía y con la historia. Está claro que para llegar tuvo que tener algún nivel de acuerdo con el mandatario, pero la misma debilidad política del gobernante tiene que ser un factor que la figura de la Fiscal General tome en cuenta porque una vez instalada en el cargo deberá entender que su único compromiso es con la Constitución en cuanto al cumplimiento de los deberes que la misma atribuye a quien dirige el Ministerio Público.

La disyuntiva real de la abogada Consuelo Porras está entre ser la Fiscal General al servicio de Jimmy Morales y sus aliados en la defensa de la Dictadura de la Corrupción, o ser la Fiscal General de todos los guatemaltecos en estricto apego al cumplimiento de sus deberes. Obviamente tendrá muchas presiones para sepultar los casos que se vienen diligenciando en diversos tribunales y para impedir nuevos en los que se vincule al mismo gobernante y sus allegados, pero también sentirá la presión de la ciudadanía que es permanente mientras que la de Morales tiene fecha de vencimiento.

Pienso que tendrá que hacer una decisión que para ella será fundamental y que tendrá enormes consecuencias para el país porque asumo que la ciudadanía no cederá en su lucha por construir un sistema que rompa con la tradicional corrupción y que todos los que hacen esfuerzos por contener esa avalancha de cambio tendrán que pagar un alto precio. Consuelo Porras tendrá finalmente que tomar partido y serán sus acciones y no sus palabras lo que defina su verdadero futuro.

Diario La Hora
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