Por Grecia Ortíz

gortiz@lahora.com.gt

Mileydi decidió hace 13 años que quería cambiar su futuro y el de su hijo que estaba pequeño, empezando su camino como migrante rumbo a Estados Unidos, lugar en el que se estableció junto a su hermana. Ahora ambas trabajan en un restaurante y dedican sus tiempos libres a cocinar recetas tradicionales guatemaltecas.

Es domingo y es uno de los pocos momentos libres de la guatemalteca, conversó con La Hora Voz del Migrante para contar cómo llegó a ese país y se convirtió en uno de los millones de connacionales, que, luchando por un sueño, trabaja duro para sacar adelante a los suyos.

Mileydi, relata en compañía de su hermana, lo difícil que ha sido adaptarse en otro lugar lejos de casa.

Su familia es originaria de Huehuetenango y también de Retalhuleu, pero ahora su mamá vive en Quetzaltenango.

La guatemalteca tiene 13 años de vivir en el extranjero, pero recuerda que las dificultades que encontró para superarse en Guatemala, la llevó a dejar a su hijo pequeño y al resto de su familia.

“Un vecino de mi mamá que yo no conocía, le llamó un día a mi abuelo y estando ahí mi mamá le dijo: mi hija se quiere ir a Estados Unidos, pero no tiene quien la ayude, pero él dijo que me ayudaba”, recordó.

Junto a su hermana recuerda cómo juntas han salido adelante en Estados Unidos. Foto La Hora

SIN EMPLEO

Cuando llegó a Florida, Estados Unidos, ella no encontraba un empleo, no conocía a nadie y la mayor parte del tiempo se mantenía encerrada.

Después se encontró con una ahijada de su mamá y un día le ayudó a conseguir un trabajo en una compañía.

“Un día estaba en una compañía y luego en otra compañía en donde le daban trabajo por día… no había mucha estabilidad… trabajábamos por día hasta hace como unos 9 años”, recordó.

EMPACANDO VERDURAS O TRABAJANDO EN UN RESTAURANTE

Había ocasiones en que Mileydi empacaba verduras y otras trabajaba en un restaurante.

Pero la guatemalteca tiene mucho talento para preparar variedad de recetas, de hecho, junto a su hermana Alicia en Florida, elaboran platillos típicos guatemaltecos que van desde el fiambre, e incluso pan de yemas, caldo de gallina criolla, de res y otros.

“Aquí normalmente los campos son grandes y no hay sombra y hay que pasar en ese lugar todo el día, a veces no hay donde refrescarse. Como los cultivos tienen como plástico eso es demasiado caliente, la primera vez que llevé a mi hermana yo lloré porque es difícil”, refirió.

En el campo, recogían maíz, pepino, calabazas, sandía, chile jalapeño y rojo, también rememora que había una temporada en que esperaban a que las frutas estuvieran listas para sacarles las semillas.

Con el tiempo encontró un empleo fijo, en un restaurante, en donde se ha mantenido desde entonces.

SE REUNIÓ CON SU HIJO

Desde que migró, la connacional apoya a sus hermanos y a su mamá que se quedó en el país, además, hace algunos años su hijo, a quien había dejado en Guatemala, se reunió con ella y finalmente después de mucho tiempo separados, pudieron compartir de nuevo.

“Yo lo esperaba, me sentía desesperada por esperarlo, es algo muy duro esto que pasé, pero nos reunimos”, indicó con mucha emoción.

Mileydi tenía la idea de quedarse solo unos años en Estados Unidos, pero eso se convirtió en mucho tiempo y finalmente esa estadía se alargó.

En Guatemala trabajó en una tienda, pero asegura que el salario que recibía era muy poco y para nada suficiente a las necesidades del hogar.

SU PASIÓN ES COCINAR

Además de su empleo fijo, la guatemalteca, dedica su tiempo libre a cocinar muchos platillos.

“No sabía cocinar, pero yo nada más veía como lo hacían, cuando vine aquí se me antojaron unos tamales, no había quién los hiciera como yo quería. Yo me puse a cocinar, hice 100 tamales y yo ofrecí, a todo mundo le gustaron y fue la primera que hacía, y ya después me dijeron que cuando hacía de nuevo y lo hice”, resaltó.

En el último año, para la familia, fue complicado porque se sentían inseguros de lo que ocurriría, incluso se redujeron las horas laborales, pero eso no los detuvo y todos han trabajado, destacó la guatemalteca.

Por ello, el dinero que obtienen de las ventas de comida, lo reúnen y luego lo envían como un donativo a Guatemala.

Ella es parte de los miles de connacionales que mantuvieron con sus empleos a sus familias en Guatemala en 2020 y que no pudo trabajar en casa, pero mucho esfuerzo salió a sus labores para generar los ingresos que se necesitaban.

Orgullosamente destaca sus panes dulces, los cuales elabora para la comunidad migrante. Foto La Hora

SUEÑA CON LLEVAR A SU MAMÁ A EE. UU.

En la actualidad su mamá vive en Quetzaltenango, por ello, Mileydi y Alicia sueñan en que un día ella pueda llegar a visitarlos a Estados Unidos, también espera que eso ocurra con su hermano a quien dejó de ver hace mucho tiempo.

“Quiero que mi hijo pueda seguir la universidad, y por supuesto que sigamos vendiendo nuestra comida, por la meta es poner un restaurante, eso siempre ha estado, queremos que mi mamá nos ayude a cocinar”, dijo.

Lo que le gustaría ofrecer ahora, son los antojitos guatemaltecos, porque son platillos que a veces no se pueden encontrar en EE. UU.

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