Microorganismos y el cáncer

Las bacterias son muy tolerantes a que se juegue con su genoma: se les puede proporcionar uno, dos o incluso varios genes de algún otro organismo, y la célula bacteriana no solo sobrevivirá, sino que también permitirá que los nuevos genes trabajen dentro de ella. Foto la hora: AP.

Alfonso Mata

¿LAS BACTERIAS ANTICANCEROSAS?

No es algo tan nuevo, se hablaba de ello hace 200 años y hacia 1890 William Coley presentó el primer estudio al respecto. Ese hombre hizo ver que infecciones de bacterias transferidas a pacientes con cáncer, mejoraba su condición, las bacterias estaban vivas y en ese entonces los pacientes murieron de la infección. Él transfería las bacterias llamadas estreptocócicas. Luego a otro médico llamado Kohl se le ocurrió debilitarlas, calentándolas antes de inocularlas y logró un poco de éxito con algunos de sus pacientes que se encontraban en las últimas etapas de la enfermedad; estos se recuperaron y vivieron durante algunos años más. Kohl inoculaba la infección tanto en el tumor como en la sangre.

¿PUEDE TENER LO ANTERIOR UN POCO DE LÓGICA?

Veamos. Es un hecho que las bacterias, vivas o muertas, dentro de un organismo, atraen la atención del sistema inmune.  Por otro lado, la inmunidad “caza” no solo las infecciones, sino que también es su tarea controlar las células malignas.  Obviamente, en el caso de la “vacuna” anticancerígena de William Coley, el sistema inmune, infestado de microbios posiblemente también destruye el tumor o al menos lo altera. Por ahí puede andar la razón del éxito terapéutico. Con el tiempo y con el aparecimiento de la radio y quimioterapia, se olvidó el método bacteriano a lo que se sumaron los cirujanos que aprendieron a eliminar los tumores con más cuidado.  Pero a fines del siglo XX, los trabajos de aquellos pioneros fueron recordados nuevamente y resultó que la efectividad de su “vacuna” digamos, era casi la misma que la de muchos regímenes modernos de tratamiento contra el cáncer.  La investigación se ha reanudado desde entonces.

En la actualidad, no todas las bacterias han demostrado ser adecuadas para el tratamiento del cáncer.  Cuando los pacientes recibieron Salmonella, casi no se vieron efectos sobre el tumor. Pero cuando se usó la bacteria Clostridium, hubo esperanza de éxito. Explicaciones parciales al respecto señalan, que los clostridios son anaerobios, es decir, prefieren vivir donde no hay oxígeno o muy poco.  Eso las hace buscar el tumor, después de todo, el nivel de oxígeno en un tumor canceroso es muy bajo  y la forma de trabajar de esos clostridios, quizá sea matando el tumor con sus enzimas y luego usan los restos de las células como fuente de nutrientes y por supuesto activan al sistema inmune. Los experimentos de investigadores de la Universidad Johns Hopkins en dieciséis perros experimentales con un tumor, muestran que en cinco dejó de crecer, en seis disminuyó o desapareció por completo.

CÓMO PUEDEN SER BENIGNAS LAS BACTERIAS

Las bacterias son muy tolerantes a que se juegue con su genoma: se les puede proporcionar uno, dos o incluso varios genes de algún otro organismo, y la célula bacteriana no solo sobrevivirá, sino que también permitirá que los nuevos genes trabajen dentro de ella. En la actualidad de eso se aprovecha ya la ciencia médica: por ejemplo, desde hace décadas, los diabéticos han estado usando insulina sintetizada por E. coli a partir de un gen humano.  Hace algún tiempo, algunos estudiosos de Inglaterra modificaron genéticamente la bacteria Clostridium sporogenes proporcionándole una enzima a su sistema genético que activa un medicamento antitumoral que se administró al canceroso. Los clostridios anaeróbicos, acumulados en el tumor, secretaron una enzima que convirtió la molécula, el precursor del medicamento, en el medicamento mismo. De hecho, esta es una forma de quimioterapia que se limita solo al tumor en sí: fuera del medicamento, el medicamento permanece inactivo (ya que no hay bacterias) y no daña los tejidos sanos.

Pero los estudios con las bacterias han ido más lejos. Investigadores en EE. UU., modificaron la Salmonella entérica, habitante regular de nuestro organismo, de tres maneras diferentes: a un grupo de bacterias se les preparó para sintetizar una toxina llamada hemolisina E, que hace agujeros en las membranas de las células cancerosas.  Otro grupo lleva una proteína especial que activa el sistema inmune.  Finalmente, la tercera especie de Salmonella produjo una molécula especial que lanza un programa de autodestrucción a las células cancerosas.  La síntesis de los tres tipos de “armas” fue activada por una molécula de señal, que nuevamente fue creada por las propias bacterias.  La molécula de señal, además, podría salir de las células bacterianas al exterior y transmitir señales a otras bacterias. De esta manera fue posible lograr el funcionamiento sincronizado de toda la colonia aunque controlar que estas se formen es otro problema, destruir las bacterias logrando que solo un puñado de sobrevivientes permanezca, en lugar de una gran colonia de células bacterianas en esto se trabaja ya, se requería la muerte periódica de las bacterias ya que si se les permite que los microbios crezcan por encima de cierto nivel, dañarían las células sanas.

Los tres tipos de salmonella modificada, funcionaron bien en el cultivo de células de cáncer de cuello uterino, pero cuando comenzaron los experimentos con animales, las bacterias tuvieron el mejor efecto cuando se usaron con el agente quimioterapéutico habitual, 5-fluorouracilo, que inhibe la división de las células cancerosas.  Los ratones con un tumor de colon y metástasis hepáticas vivieron más tiempo cuando recibieron bacterias anticancerígenas junto con 5-fluorouracilo que si se les administraran por separado bacterias o medicamentos.  Los autores del trabajo enfatizan que el tumor no desapareció por completo, pero esto solo significa que no todas las posibilidades de este enfoque se realizan hasta el final. Si tenemos en cuenta que la salmonella fue sometida a modificaciones bastante simples, entonces el método definitivamente tiene mucho para crecer.

Hay otra opción de trabajo con las bacterias: confiar en su relación con el sistema inmunitario.  Esto es exactamente lo que hicieron los investigadores del Colegio de Medicina Albert Einstein (EE. UU.).  Usaron la bacteria Listeria monocytogenes poniéndola en forma radioactiva y dirigida a combatir el cáncer de páncreas.  Los isótopos de renio fijados en la superficie de las células bacterianas sirvieron como arma de lucha. La listeria en sí misma es bastante peligrosa, pero, una vez en el cuerpo de un animal enfermo, se acumula solo en el tumor. El hecho es que en el área de los tumores malignos, el sistema inmunitario generalmente funciona mal. La radioterapia resultó ser dirigida, y el número de metástasis en animales se redujo en un 90% (el cáncer de páncreas se considera uno de los más agresivos debido a su tendencia inusualmente alta a hacer metástasis). Por otro lado, contra el tumor primario, que, de hecho, envía metástasis, las bacterias de radio eran de alguna manera impotentes. 

¿CÓMO HACER QUE LAS BACTERIAS DETECTEN ABSOLUTAMENTE TODOS LOS FOCOS DE LA ENFERMEDAD? 

Este es otro problema que los métodos microbianos de la terapia contra el cáncer, pronto deberá resolver. 

OTROS MICROORGANISMOS

Es muy probable que pronto las bacterias puedan usarse como armas biológicas contra el cáncer y otros microorganismos también. Se ha demostrado que el tripanosoma cruzi reduce la probabilidad de desarrollar cáncer colorectal en ratas y ratones.  También se habla de su efecto potencial en tumor linfático de células T (es decir, cuando surge un tumor en el tejido linfático de las células progenitoras de los linfocitos T). Y se habla del Trichoderma asperellum de la familia Hycracrane, un hongo que no se inyecta en los ratones con el tumor, sino el fluido de cultivo en el que los hongos secretaron algunas de sus sustancias durante el crecimiento.  Los investigadores escriben que el tumor se destruye bajo la influencia del fluido de cultivo; Se cree que el principio activo es L-lisina-α-oxidasa, que es conocida por sus propiedades antitumorales y que los hongos Trichoderma sintetizan activamente.  Cabe agregar que los investigadores trabajaron con melanoma, que también se considera uno de los tipos de cáncer más agresivos, que envía metástasis de manera activa a otros órganos y tejidos.  Quizá sean también los hongos los que nos ayudarán a controlar el cáncer, a hacer que esta enfermedad sea menos mortal.

Las bacterias y los microorganismos no siempre son malos

Una infección controlada puede ayudar a atacar y matar las células cancerosas

Algunas bacterias modificadas por los científicos pueden ayudar a combatir el cáncer

Las bacterias pueden servir de vehículo para que los medicamentos combatan las células cancerosas