Mayor participación de la mujer

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

La participación de todos los sectores o grupos sociales en la política del país es absolutamente indispensable para elevar su nivel y profundizar en un modelo que aspira a ser democrático. En ese sentido comparto que cuando hay marginaciones sistémicas, como ocurre con las mujeres, los indígenas y los más pobres del país, se impone la necesidad de caer en el régimen de cuotas como una brecha necesaria para romper el esquema de discriminación que impide la efectiva participación. Obviamente no es el ideal porque se debiera privilegiar siempre el mérito y la capacidad de cada quien, pero la realidad obliga y en muchos países ese mecanismo ha servido para derrumbar viejas y arraigadas barreras que impedían a ciertos grupos el acceso a la plenitud de los derechos, no sólo políticos, sino hasta de acceso a la educación.

En ese sentido pienso que al hablar de cuotas en la Ley Electoral y de Partidos Políticos se tiene que ser más incluyente y considerar a otros sectores marginados y sin acceso a la participación.

Pero el meollo de nuestro problema no se resuelve simplemente con las cuotas que, en sí mismas, ni siquiera aseguran un pleno derecho a la mayoría de mujeres porque mientras el sistema de los partidos políticos siga sin promover la democracia interna y los partidos respondan a caciques y a financistas, seguramente que las mejores mujeres, como los mejores ciudadanos en general, no tendrán acceso a los listados porque sólo podrán inscribirse aquellas que se decidan a participar en un sistema con reglas de juego muy cargadas y que se orientan a beneficiar no al pueblo, sino a los financistas de los partidos.

Tengo un profundo respeto por las mujeres que destacan en la vida profesional y que demuestran habilidades muy superiores a las de su contraparte de género. Abundan los ejemplos de eficiencia, rectitud, altos valores éticos y una forma especial de entrega a sus vocaciones que buena falta nos haría en la arena política. Pero no podemos olvidar tampoco que especialmente en la política hay mujeres que han jugado un papel terrible y baste citar a las dos mujeres más influyentes en el país en los últimos años. Tanto la que fuera esposa de Colom y virtual presidente de facto en ese gobierno ante la notable debilidad de carácter del marido como la que fuera Vicepresidenta en el gobierno dirigido por Pérez Molina se convirtieron en figuras extremadamente polémicas, para decir lo menos, y se vieron acompañadas de varias diputadas de las últimas legislaturas, algunas de ellas profundamente cuestionadas por su falta de ética.

Y es que el problema no está en el género de los diputados y políticos, sino en el sistema que los produce. Mientras el sistema siga siendo de una pistocracia en donde hay que comprar las candidaturas y financiar costosas campañas con dinero de los contratistas y proveedores del Estado, no esperemos que el país cambie. Pero de ese asunto, del financiamiento de las campañas y de la democratización a lo interno de los partidos políticos, ni se habla, no obstante que ello es lo medular y lo impostergable.

Sin eso, el resto son puras tortas y pan pintado.