Más allá de las cárceles

Alfonso Mata

Dos mil o más jóvenes que salieron de su casa y nunca volvieron; quince mil involucrados en pandillas y el 16% en reclusión, delincuencia juvenil que prolifera y aumenta, es lo que muestra la prensa y ¿Qué falla?

Para responder la pregunta, hay que partir la reflexión, del contexto en que tiene lugar el delito: familia-escuela-sociedad un eje que algo tiene en común: marcos relacionales debilitados, que se manifiestan a través de padres ineficaces en formar valores y conductas adecuadas en sus hijos; inexpertos e incompetentes maestros, incapaces de servir de ejemplo y mucho menos entender los riesgos y desvianzas de sus alumnos y una sociedad con miles de elementos disfuncionales y permisivos a la vez que anárquicos, que crean confusión y un espacio de libertinaje que conlleva a las desviaciones y entonces la solidaridad en medio de ese mundo, anda más perdida que chucho en procesión y no cabe la menor duda, que son las periferias de las urbes llenas de ilusiones y pobres en posibilidades, en donde el espacio permite que se produzcan más fácilmente las condiciones precarias, fermento de insatisfacciones y fundamento de violencias y transgresiones.

La crisis de la familia probablemente ha llegado a su punto más álgido y demanda medidas urgentes sobre las que no tenemos la más remota idea y, en medio de ese laberinto perverso, cada día se escucha más y más, la idea de “eliminación o mutilación al delincuente y criminal” sin entender ni aceptar que el criminal no nace sino que se hace y se hace en medio de la exclusión, en ambientes pobres social y económicamente, degradados humana y moralmente, que se transforman en incubadoras de modos y estilos de vida infrahumanos y de trato con desprecio de personas, que generan una reacción de desprecio absoluto por la vida y enfrentamientos mutuos, originando un campo de batalla, en que todos somos enemigos a eliminar.

Prevención, con participación y acceso, es la única solución para romper el mecanismo que hace que los nacidos marginalmente crezcan, vivan y mueran sin haber sido. Está claro que a nadie le interesa sobrevivir sino vivir. Si al pobre se le deja únicamente como herramienta de defensa y promoción social la violencia, no cabe ni vale lamentarse de una reproducción eterna de la misma, basada en una mentalidad, costumbre y estilo de vida, contra lo que oprime.

Se ha dicho a la saciedad, que las políticas represivas, solo aumentan el número de detenidos (como se puede comprobar) pero fallan para detectar los índices de delincuencia y crimen. De tal forma que actuar, fortalecer y echar a andar políticas de inclusión social, equidad y oportunidades, es una vía inexplorada y prometedora contra la delincuencia juvenil.

Por otro lado, la corrupción nacional y estatal continua e ininterrumpida, es un nervio vital que alimenta la delincuencia y violencia y da lugar a la presencia de servicios ineficientes, costosos e inútiles. La corrupción ha dicho Cantone, no es solo un delito contra la cosa pública, sino contra la comunidad, ya que produce efectos prácticos negativos en la vida del ciudadano.

De tal forma que el trabajo contra la delincuencia es un viaje de años; que se da en momentos frágiles y decisivos de la formación de la persona y tiene lugar en medio de una sociedad injusta e inequitativa, que convierte cada caso en drama humano, en que en el día a día, se está tratando de huir del abandono y la violencia que ahoga; historias invisibles de infancias y adolescencias, que buscan caminos desconocidos que de nuevo terminan en violencia física y psicológica.

Estamos pues ante una triple fragilidad, el espacio que cruza las rutas del hogar, la sociedad y la escuela. El futuro, si no se actúa con celeridad y energía, será aún más incierto e imprevisible. Antes de intentar aumentar las cárceles, es preciso no aumentar el número de jóvenes delincuentes, ello implica una obra de renovación en esas tres estructuras, amparada por un Estado fuerte, honesto y justo; eso significa poner brújula hacia un norte, que forme un mundo distinto al actual, el cual no está hecho para fomentar lo humano en muchos jóvenes, porque ha nacido de la injusticia, la falta de solidaridad y la ignorancia, que no permite el desarrollo humano.

Diario La Hora
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