Jorge Morales Toj

Maya K’iche’, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario, con estudios de Maestría y Doctorado en Derecho Constitucional. Pacifista y Defensor de los Derechos Humanos.

post author

Jorge Morales Toj
jorgemoralestoj@gmail.com

En mi columna de la semana pasada, compartí algunos extractos del manifiesto denominado “Por Una Nueva Normalidad” propuesto por Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz (CLAIP), el cual suscribí. Dada la importancia para la actualidad de Guatemala, me permito continuar reproduciendo de manera literal algunos aspectos del contenido de dicho manifiesto:

“No mata el virus (tanto) como lo hace la perversa normalidad a la que nos afanamos por regresar. Una normalidad consistente, en el mejor de los casos, en mirar hacia otro lado mientras consumimos irresponsablemente. En el peor de los casos, consistente en alinearse con quienes saquean el erario público para terminar recogiendo migajas, o con quienes exprimen hasta la última gota de sudor ajeno para multiplicar ganancias a costa de drenar la riqueza de la tierra”.

En el manifiesto se hacen las siguientes propuestas para la nueva normalidad:

1. Una nueva normalidad que sustituya el paradigma de lo mío por el paradigma de lo nuestro, que reconozca que somos profundamente interdependientes, que no hay «otros» ni «otras», sino un compromiso y un horizonte común. Un paradigma capaz de promover el desarrollo pleno de las potencialidades humanas desde los principios de la simplicidad, equidad y corresponsabilidad en procura de una vida que renuncie al consumo innecesario. 2. Una nueva normalidad que sustituya la lógica de la representación política por la lógica de la participación deliberativa, directa y transversal. Un modelo democrático que profundice en las herramientas necesarias para asegurar la participación propositiva y vinculante del conjunto de la población, especialmente de quienes han sido sistemáticamente excluidos, en la toma de las decisiones políticas. 3. Una nueva normalidad que reconozca las diferentes formas de conocimiento y promueva su florecimiento a partir del desarrollo de una educación pública y gratuita de calidad, y no de cuotas y cantidad, basada en la corresponsabilidad de quienes integran el proceso de construcción de conocimiento y en estrategias educativas dialógicas, sentipensantes, participativas y emancipatorias. Un paradigma educativo que fomente la reflexividad crítica, los afectos y la solidaridad entre los pueblos. 4. Una nueva normalidad que rescate el valor de las memorias diversas, la intersubjetividad y la singularidad, que reconozca la diversidad como característica inherente a lo humano y elimine cualquier forma de dominación y discriminación. 5. Una nueva normalidad que permita el encuentro desde la diferencia, en la que nuestras identidades, erotismos y goces no sean penalizados: donde no se ejerza violencia alguna en razón del género o de la orientación sexual, no se trafique con personas, no haya feminicidios, y donde los sujetos decidan sobre sus cuerpos y deseos, el cuidado no recaiga sobre las mujeres, y la crianza se entienda en su potencia política y de cambio. 6. Una nueva normalidad promotora de la acción noviolenta que asuma la construcción de paz como proceso integral y participativo, y la emergencia de conflictos como oportunidad para el desarrollo de culturas de paz y modelos convivenciales de atención sinérgica de las necesidades.

Debemos repensar una nueva normalidad para Guatemala, con justicia, sin discriminación, incluyente y con oportunidades para todos los ciudadanos. Finalmente, insto a quienes quieran adherirse a este manifiesto, ingresen a la página: phttp://unanuevanormalidad.org/.

Diario La Hora
Visión: Realizar un trabajo periodístico que contribuya a la consolidación de la democracia en Guatemala, a partir del periodismo investigativo y de opinión. Misión: Ser un medio de comunicación imparcial, veraz y responsable, dirigido a líderes de opinión con incidencia en los círculos de pensamiento y en el ámbito político guatemalteco.
Artículo anteriorEl arte, los artistas y los consumidores en el libre mercado
Artículo siguienteNo es activismo seguir la jurisprudencia consistente