Los peligros de la red

Luis Fernández Molina

Don Herculano se levantó a media mañana con una desagradable urgencia por agua, pero más le fastidiaban los tambores que en su cabeza parecían retumbar con un ritmo macabro, deliberado. Con mano temblorosa, agarró un vaso de agua que pensó, le habrían de calmar algo la sed, más no creía que hiciera efecto alguno para atenuar la fuerte jaqueca. Se había excedido otra vez contrariando sus buenos propósitos de alejarse del demonio del alcohol. “Ni un trago más”, les dijo a los compañeros de la cofradía, pero uno de ellos le contestó con sorna “pero también ni un trago menos”. Bonitas bromas para empezar una jornada que se pintaba igual a todas las de los viernes. Chistes, cuentos, alaracas, análisis político: el mundo que se arreglaba. Sin embargo, la reunión de ayer tuvo un toque especial.

No estaba seguro si la jaqueca se la causaba solamente la resaca. Algo más le afectaba. ¿No serían las ideas tenebrosas de lo que comentó Arcadio? Siempre que abordaban temas esotéricos, de misterio o hechicerías Herculano se ponía nervioso; era algo masoquista, le provocaban miedo, pero se quedaba atento a escuchar. La noche anterior Arcadio había empezado a hablar del final de los tiempos y del Anticristo. Herculano no era religioso aunque sí temeroso de esos escenarios que habrían de desvelarse después de la muerte. Por eso puso mucha atención desde el principio.

Recordaba Arcadio que la bestia se identificaba con el 666. A lo largo de la historia algunos estudiosos habían identificado a la bestia con Nerón, con Napoleón, con Hitler, con Stalin, etc. tratando de encontrar ese número fatídico entre las letras de los nombres. Pero Arcadio estaba ufano por haber sido el único que acertaba a señalar el verdadero Anticristo. ¿Quién es? Le preguntaron todos a coro. Pues no se trata de una persona física como todos creen, contestó. Es algo más conceptual, dijo, y como seguía en su parloteo, los amigos le urgieron a revelar el nombre de la bestia. Es, bajó la voz, nada más ni nada menos que el internet, la red, o la web, como quieran llamarla. En cualquier caso se identifica como “WWW”, y según Arcadio la letra W antes se presentaba con una coleta inicial, una rayita, de tal manera que formaba 6 líneas, así juntas estaban los 666. Esta vez sus amigos quedaron tan sorprendidos que dejaron que continuara en sus divagaciones.

Está escrito, dijo Arcadio, que al principio el Anticristo será bienvenido y aplaudido. Todas las gentes lo recibirán con regocijo. Las masas se rendirán a sus pies. ¿Quién no está conectado o quiere conectarse? No podemos concebir el mundo sin la mentada red. Pero ese sistema nos absorbe y conforme aumente su control dependeremos de quienes manejan esa red. Puso Arcadio de ejemplo un video que días antes les había enviado, en que un cliente llama pidiendo una pizza; quien lo atiende le sugiere una variedad diferente porque las que ha pedido tienen mucho queso y su colesterol era alto y que tenía que pagar en efectivo porque sus tarjetas están vencidas. Todos estaremos monitoreados e identificados con un número que pronto nos van a implantar en el cuerpo con un chip. Nos van a sustraer nuestra humanidad, seremos masas.

Siguió hablando Arcadio de las cámaras que nos vigilan, del “big brother”, de una granja de animales (que tal vez tuvo en 1984) y de un mundo feliz. Y entonces le preguntaron ¿quién es el Anticristo? No lo sé, solo sé que la bestia es una herramienta de aquel y quien controle la red controlará a las masas. ¿Estará trastornado Arcadio?