“ÍTACA 2.0”

Los nuevos tiempos en la política

Danilo Santos

dalekos.santos@gmail.com

Politólogo a contrapelo, aprendiz de las letras, la ternura y lo imposible. Chimalteco de nacimiento, barrioporteño de crianza. Desde hace veintiocho años se dedica a las causas indígenas, campesinas, populares y de defensa de los derechos humanos. Firme creyente de que otra Guatemala es posible.

post author

Danilo Santos

El poder y la violencia mantienen aparentemente una relación estable mediada por la legitimidad que les es conferida a través de urnas, valores y creencias colectivas; la exacerbación de estos elementos ha hecho que en Guatemala vivamos bajo la sombra de un intenso sometimiento a los fines fanáticos de élites conservadoras. Sin embargo, esa “relación” que significa “el poder”, solo depende de la obediencia.

Ese conjunto de ideas y creencias que hasta ahora han servido de apoyo para hacer creer a los “obedientes” en la necesidad de someterse, está perdiendo terreno, especialmente en el campo de la política. La estabilidad que han logrado a través de los siglos aparejando creencias y legitimidades tiene los días contados.

En primer lugar el poder ya no se puede reducir solo a la política y a lo normado, también discurre en lo que el Estado no alcanza por inacción o descarada omisión, los pueblos indígenas tienen sus propias ideas, valores y creencias; aunque no estén incluidas en el “pacto social” al que llamamos Constitución Política de la República. Cuando desde los estamentos del Estado se ignora la petición de reformar dicho pacto social para incluir a los históricamente excluidos, los políticos cometen un grave error. Están a punto de perder la obediencia.

La dramaturgia de los partidos políticos y sus dueños en el establecimiento del saber político en pos del poder únicamente y no como la búsqueda de la vida buena y la virtud, la justicia y la equidad, nos está escindiendo profundamente; el simple, vulgar y llano racismo y egoísmo nos está polarizando mucho más que las propias ideologías.

Por otro lado, el ilusionismo político ha quedado muy frágil en buena medida con el fraude de “ni corrupto ni ladrón”, los próximos cuatro años, el statu quo tendrá más difícil embaucar a la población, los olvidados del campo y los indígenas han formado ya su propio vehículo de representación: ¿Qué harán los pétreos corazones de los conservadores cuando les toque vivir una mayoría multiétnica en el Congreso de la República? Acaso citar a Francisco de Vitoria y argüir que “esos bárbaros aunque, como se ha dicho, no sean del todo faltos de juicio, distan sin embargo muy poco de los amentes, por lo que parece que no son muy aptos para formar o administrar una república legítima dentro de los términos humanos y civiles”, no me extrañaría.

De momento solo hay una representación, pero se están construyendo las bases para que esta se multiplique y logre transformar lo que hoy existe y creemos que es la única forma de parlamentar, gobernar y progresar.

Va siendo hora de asumir una nueva forma de poder, quizá una enmarcada en “la capacidad humana de actuar en común, concertadamente”. No podemos seguir con políticos que no representan al grupo, que son un veneno para los intereses comunitarios, sociales, nacionales, y una cura para sus intereses personales y de las élites conservadoras. El poder no es la instrumentalización de la voluntad de otro, sino la formación de la voluntad común dirigida al logro de un acuerdo.

Diario La Hora
Visión: Realizar un trabajo periodístico que contribuya a la consolidación de la democracia en Guatemala, a partir del periodismo investigativo y de opinión.Misión: Ser un medio de comunicación imparcial, veraz y responsable, dirigido a líderes de opinión con incidencia en los círculos de pensamiento y en el ámbito político guatemalteco.
Artículo anteriorSangre y dolor en carreteras
Artículo siguienteCinco millones de sueños perdidos