Diarios

Los insensatos que, berrinchudos, presionan para que abandonemos el aislamiento

Mario Alberto Carrera

marioalbertocarrera@gmail.com

Premio Nacional de Literatura 1999. Quetzal de Oro. Subdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua. Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Profesor jubilado de la Facultad de Humanidades USAC y ex director de su Departamento de Letras. Ex director de la Casa de la Cultura de la USAC. Condecorado con la Orden de Isabel La Católica. Ex columnista de La Nación, El Gráfico, Siglo XXI y Crónica de la que fue miembro de su consejo editorial, primera época. Ex director del suplemento cultural de La Hora y de La Nación. Ex embajador de Guatemala en Italia, Grecia y Colombia. Ha publicado más de 25 libros en México, Colombia, Guatemala y Costa Rica.

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Mario Alberto Carrera
marioalbertocarrera@gmail.com

Ya en La Peste (novela del Nobel francés Albert Camus) se
establecen normas (hoy dicen para todo protocolos) y un
régimen de total aislamiento en Orán –donde se produce un
ataque espantoso de la Peste Negra o bubónica, que en la
realidad fue de tifus- cerrada, esta ciudad de Argelia, de
manera hermética, mediante la clausura -de las puertas del
entonces poblacho- a piedra y lodo. Y, así, “encarcelando”
en confinamiento -sin relación alguna con el exterior- a toda la
población. Un periodista que se encontraba allí en un
reportaje, trata de escapar a Francia, pero no lo logra pese a
los sobornos que intenta. Sólo pueden burlar la vigilancia
militar los que son traficantes del crimen organizado.
Criminales que compran a otros criminales como siempre.
Historia recurrente de la humanidad.

Los insensatos -con berrinche- se integran en dos o más
vertientes irresponsables, inconscientes y disparatadas e
irreflexivas en Guatemala, en el Brasil, EE.UU, Rusia y China
para hablar sólo de los que arrojan mayor estulticia:

1, la de los ávidos empresarios (¿del Cacif?) que se niegan a
aceptar la realidad mediante la proposición y mecanismo de
la negación, ante el virus devastador que nos corroe, como lo
hizo con la peste de langostas (que tapo el sol) el autócrata
Estrada Cabrera. Hecho que conocemos por la Historia y no
sólo por la novela de Asturias. Estrada representó los
intereses de los cafetaleros, bananeros y azucareros que le
heredó la liberal revolución del 71. Es crimen imperdonable
pretender que la gente acuda a trabajar sólo porque don XX
ya no podrá cosechar tanto dinero como esperaba, en su
mansión de la carretera a El Salvador donde llega en
helicóptero.

2, la de los hedonistas guatemaltecos (cuya corriente
filosófica, que ellos desconocen) arranca de la Antigüedad
grecorromana y llega a nuestros días nutrida por la sociedad
opulenta-capitalista, que busca el placer y huye del dolor
aunque, colosal paradoja, les cueste la vida. Rompiendo y
fracturando las normas establecidas internacionalmente (de
las que Guatemala va a la zaga por tres meses). Ellos no
pueden pasársela (sin “el pasarlo bien”, frase tópica y gilipolla
oriunda de la Península Madre) si no ven por la TV o en el
estadio, los juegos aberrantes de los peloteros que
subestimaba Ortega y Gasset; las corridas de toros y, en fin,
espectáculos de masas guiadas por el mesmerismo, es
decir, por la pérdida de la identidad y la individualidad, para
integrarse a la “rebelión de las masas”. Y, luego, por las redes
sociales que imbecilizan y congelan la inteligencia (y/o en el
bar, en la parranda o el juego de golf) comentar
entusiasmados el panem et circenses que les brinda el
equipo al que adoran. Pan y circo casi siempre auspiciado
–de cerca o de lejos- por los gobiernos y la oligarquía para
que la gente no piense y, lo que es peor, aquí en Guatemala
para que la gente en efecto no piense -manteniéndola en la
ignorancia, el analfabetismo y la miseria- que se fomenta
desde la Colonia para bien del reyno y de los que salen en la
foto, firmando el Acta de la Independencia, dudoso
documento que afirma y consolida la discriminación y el
racismo excluyente.

Forman parte –acaso de una tercer vertiente- la de los que no
pueden pasársela sin acudir a la iglesia (cristiana o católica)
donde por más que se cultive el distanciamiento social,
siempre se producirá una atmósfera contaminada, que
respirarán pese a la mascarilla, porque hasta ahora no
conocemos a fondo la conducta del coronavirus 19.

Todo lo anterior se remarca en Guatemala donde las medidas
sanitarias van dos meses con retraso (o no hay insumos
como siempre) porque mientras en Francia o en España
funciona las comisión multisectorial desde hace ocho
semanas, aquí, quien la va a dirigir, aún están en Denver…
Aliviados estamos.