LO QUE TODO NIÑO DEBE APRENDER.

Cartas del Lector

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Lic. Raúl Hernández Chacón.

Director Instituto Emiliani Somascos. Guatemala

1. INTRODUCCION En estos días en los que se puede hacer un espacio para leer, encontré esta revista Selecciones, que siempre tiene algunos temas interesantes. Por ello lo comparto para que puedan eventualmente, ayudarnos, como padres de familia y educadores, en esta difícil, pero maravillosa aventura de educar, como apunta Fernando Sabatier, el filósofo español. Hoy que existe mucho pesimismo, desaliento e incertidumbre, en la hora crítica que vivimos a nivel mundial por la pantemia del coronavirus, los que educamos tenemos la oportunidad de motivar desde estas pequeñas y grandes reflexiones para cumplir mejor nuestra tarea. Los niños y jóvenes necesitan ser orientados desde los valores, en una sociedad mundial que parece olvidarlos, marginarlos. Ello conduce a una actitud poco alentadora de aparte de la juventud y de los adultos. Cómo responder a la indiferencia de nuestros hijos, alumnos y sociedad en general. Estoy seguro que aquí hay ciertos criterios que vale la pena considerar.

2. CONTENIDO: Escrito por Ardis Whitman en la revista Selecciones en octubre de 1981, hace 39 años, me parece sorprendente para la coyuntura actual en la que Guatemala vive una de las experiencias más dolorosas de su historia reciente. El autor hace un breve análisis de cómo todo cambia, pero que hay valores que aprendimos de nuestros padres y debemos y tenemos que transmitir a nuestros hijos. Señala cinco valores y los resumo, para luego agregar un comentario personal. “PRIMERO: Alegría: Le enseñaría a un niño a ser feliz. Las experiencias felices ayudan a crear personalidades generosas y progresistas; nos dejan buenos recuerdos que dan calor a la historia de nuestras vidas. SEGUNDO: El amor: trataría de enseñarle de que el amor es como una tormenta temporal: viene, sopla salvajemente y se va. Un niño debería aprender no sólo a amar sino a ser una persona amante, a hacer del amor su actitud hacia el mundo. Así como dice “mamá te amo”, al momento dice “te odio”. Cómo se canalizan los signos de amor en cierne para lograr que sean expresiones maduras y permanentes de una persona amante? Asegurarse que su hijo esté en contacto diario con un adulto que ama…usted mismo. TERCERO: Honestidad: Yo le enseñaría a un niño que la integridad es importante, nada cambiará la necesidad de eso; es imposible imaginar cualquier sociedad de ella. La integridad es la virtud que tiene alguien capaz de ser confiable. Significa que no nos mentimos unos a otros, que cuando decimos que vamos hacer lo cumpliremos; que el afecto que profesamos es auténtico y que nuestro elogio es honesto. Tal vez el niño aprende mejor la cualidad de ser digno de fiar cuando tiene tareas que hacer y se le exige que las haga. Esa lección no es muy agradable. La integridad significa asimismo que aun niño se les enseñe a aceptar la culpa cuando eso sea lo que debe hacer. CUARTO: Ser valiente. Lo necesita si va a vivir con integridad. Tiene que ser valiente para soportar las penurias y fracasos de la vida sin tener que verse arrastrado por ellos La vida te ve venir, escribió el novelista Alan Paton. Está al acecho esperándote, en un poema. Si pudiéramos de alguna manera alejar el dolor de la puerta, lo que estaríamos alejando sería la vida misma. QUINTO: Fe. Daría a mi hijo algo en qué creer. Las cosas que importan profundamente son de muchos tipos y tamaños, van desde el sueño de un pequeño que desea convertirse en piloto, a la visión de Martín Luther King, de liberar a su pueblo. Debemos ser capaces de escuchar con amor y respeto los planes de un niño y sus esperanzas y, no importa cuán inocentes sean, siempre que sea posible tenemos que apoyarlos e impulsarlos para que se hagan realidad.”

3. COMENTARIO Llama atención que inicia con el valor de LA ALEGRIA. Ello puede interpretarse como una actitud que muchas veces se limita por la seriedad que tomamos de la vida, cuando la vida es sólo un instante y así como pasa el agua por el río, así es la vida, un caminar, una búsqueda del sumo bien: la felicidad. La alegría es una vía que, son complicaciones hace de nuestra existencia un paraíso. Quien nos rodea, a quien amamos, el trabajo, las obligaciones se vuelven otra cosa menos triste y más optimista. La alegría es el valor que el autor prioriza sobre los otros cuatro que comenta. Luego bien el amor, ese sentimiento tan emotivo, tan profundo, tan auténtico. No hay en la vida otra cosa más que supere el amor, el verdadero amor en todas sus dimensiones: a la madre, al padre, a los hermanos, a los hijos, a los abuelos, a la patria, a la amada, al objeto de ese sentimiento natural entre el hombre y la mujer. A la vida misma. Llama a atención el espacio que dedica a la honestidad, que es un valor de los más significativos, que es el centro de las buenas relaciones humanas, es el reconocimiento, objetivo, hasta donde es posible, del otro, del compañero, del amigo, del amante. Porque en ello se resume la confianza. Le sigue la valentía. Es un valor que muchos viven y muchos callan. Ser valiente para defenderse y más aún, defender a los otros, a los que muchas veces no pueden, no tienen el carácter o simplemente no quieren. Y por último la fe, un valor para creer en algo, en la persona, en el amigo, en los ideales, en las posibilidades, en los dones recibidos para compartirlos. La es muchas veces lo que sostiene lo insostenible, las incomprensiones, las injusticias, la mentira, la calumnia. Sólo la fe superara estas debilidades humanas y hace de la vida una experiencia única e irrepetible.

4. CONCLUSION Que las ideas en torno a este artículo con cinco valores, nos motive para recuperar fuerzas y emprender de nuevo el camino de la vida con esperanza e ilusión. Si podemos inyectar a nuestra familia, alumnos y compañeros de trabajo, la posibilidad de experimentar o fortalecer su práctica valorativa, contribuimos en la construcción de un mundo diferente, más humano, más centrado en la persona. Y las hermosas palabras del Papa Francisco en su homilía Urbi et Orbi del 27 de marzo 2020 iluminen nuestra fe: “Porqué teneis miedo? Aún no teneis fe? El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes. Solos nos hundimos. Necesitamos al Señor, como lo antiguos marinos a las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos experimentaremos que, con el abordo, no se naufragua. Porque ésta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. El trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.